NO ME DA LA GANA

 

            Que no, que no me da la gana callarme más y permanecer mudo ante un sinfín de rollos patateros por los que ya no quiero pasar.

 

            No sé si tengo que darme de baja en el registro civil, no sé si apuntarme al paro de la estulticia y de la estupidez con la que parece que los de siempre quien callarnos la boca. No y no.

 

            No quiero gritar aquello de “Parar el mundo, que me apeo” porque me considero de este mundo, me sé humano y no sé muy bien a quién hay que responsabilizar de tan grandes despropósitos.

 

            No me da la gana aplaudir a todo lo que sale en la tele dando la sensación de que me divierto un huevo con los programitas en los que el público parece pasárselo bomba, aguantando a presentadores cursis y plastas; no me creo que los únicos jóvenes que existen sean una peña fascinada por el dinero y los rollitos de primaveras amorosas. No entiendo porque un pavo puede ganar cincuenta kilos en un concurso televisivo mientras los currantes, que madrugan y sudan con dignidad, tienen apuros para llegar a fin de mes. No entiendo porque la gente sale en la tele exhibiendo su intimidad y su estulticia a cambio de una pasta gansa.

 

            No me creo de ninguna manera que la Iglesia sea una institución obsoleta y anticuada que no tiene nada que decir y que ahora sean los presentadores, los adivinos y los mercachifles de la duda los que se lleven en gato al agua.

 

            No soporto que haya concursos de mises y que a las mujeres se las puntúe y se las compre como si fueran animales. Me ofende el París Dakar donde, bajo pretextos deportivos, las multinacionales humillan al Tercer Mundo. No creo que España fuera antes bien y que ahora sea un paraíso alucinante. Ni creo lo de la Unión Europea, que se ha quedado en una pura Unión monetaria. Tampoco creo ni una palabra de los políticos que justifican la sangre y el odio cuando se tortura o se mata a cualquier ser humano. Me traen sin cuidado los nacionalismos que excluyen y que enaltecen lo propio menospreciando lo nuevo.

 

            Estoy harto de que cualquier cantamañanas guaperas vaya despotricando de las familias y de la gente que se quiere y opta por la fidelidad y el amor vividos desde la sencillez de cada día.

 

            No creo que haya que tener mucho dinero para ser feliz. Me horrorizan los que añoran leyes de extranjería y van diciendo que aquí no hay sitio para todos. Me aterran los que  hablan de que la cárcel es una institución que reeduca y a la que van sólo los malos.

 

            Estoy harto, y hasta cabreado, con los capullos que quieren arrinconar lo religioso y lo profundo y con los que lo contraponen a lo humano y a la libertad. No creo que los futbolistas sean héroes y que defiendan colores cuando lo único que defienden son sus dividendos cada vez más insultantes para los pobres.

 

            No creo que la España negra sea una lacra, cuando sé que las lacras son los sistemas económicos que crean pobreza y oscuridad.

 

            No creo que la juventud esté cada día más perdida y sé que los que así hablan hacen de los jóvenes víctimas indefensas.

 

            No me creo que la moda tenga que cambiar y que siempre haya que ir  a la última para demostrar que uno es un moderno y un tipo actual.

 

            No entiendo que haya leyes contra el tabaco y no haya ninguna contra el juego y las máquinas tragaperras. Me hiere la inteligencia el que la lotería, el bingo, las quinielas y esos rollos den suerte y alegría.

 

            No creo que los drogadictos sean malos y delincuentes. Detesto a los chorizos de guante blanco que se reparten pelotazos de miles de millones mientras asisten a festivales benéficos.

 

            No creo que el aborto sea una opción de libertad y estoy convencido de que no es más que la opción del miedo en donde las primeras víctimas son las que lo practican.

No creo que los ancianos estorben y que sobren en nuestras estructuras.

 

            Creo en el género humano, en la gente sencilla, en todos aquellos que animan a latir el corazón de un mundo llamado a ser humano y con miedo a ser humano. Creo en los pequeños y los humildes, en los pisoteados y excluidos.

 

            Y para que así conste, lo firmo, con la cabeza bien alta, con la pasión por bandera y los ojos brillantes, para los efectos a que fuera menester.

 

            A quien corresponda, tome buena nota.

 

            No me da la gana.

Josan Montull