NO ME QUEDO SOLO

SINO MUY BIEN ACOMPAÑADO


El proceso de disminución de efectivos en el clero se ha acelerado. Mi coadjutor se ha ido a Angola y me dicen los de arriba que no han encontrado a nadie para sustituirle, que apenas quedan curas jóvenes, ni tampoco de los otros. Y ha llegado el momento, aunque antes de lo previsto: me quedo de cura único en una parroquia de 12.000 habitantes. Es el primer caso y me toca precisamente a mí. Hay quien supone que de este modo tendré menos tiempo para pensar y para escribir artículos críticos con el poder establecido. Pero en mi parroquia abundan las personas valiosas y maduras, tanto en lo humano como en lo religioso. A cualquiera de ellas se le podría ordenar de cura. Claro que algunas son mujeres y otros están casados, y ahí nos topamos con un tabú. ¿Hasta cuándo? Yo creo que lo importante es la fe y la entrega, que Dios ya echará una mano para suplir nuestras deficiencias, aunque este servicio no lo realicen célibes varones. Pero otros, que son los que deciden en las altas esferas eclesiásticas, no piensan así y se oponen casi dogmáticamente a cualquier solución que no sea la suya, que no es siquiera la del Evangelio en donde al menos varios de los apóstoles, empezando por el futuro "Papa" (si es que puede hablarse así, pero para entendernos vale), eran personas casadas.

Por eso me quedo como único cura con dedicación a lo largo de toda la semana y de todo el año (si bien, y a Dios y a él gracias, vendrá un salesiano del colegio los fines de semana que pueda), pero no me quedo solo sino acompañadísimo por los creyentes de la comunidad. Tengo la suerte y la gran herencia recibida de que en esta parroquia de Begoña el cura no tiene por qué estar en todo ni decidirlo todo. El despacho parroquial lo lleva de maravilla Pedro, el marido de Dori, y lo confunden con el párroco porque saca más pintas de cura que yo. Los de Cáritas tienen un recorrido de "chapeau" y tienen más oficio y más estilo solidario que cualquier eclesiástico. Los jóvenes han sabido autoorganizarse tras años de trabajo coordinado. Las religiosas lo hacen de maravilla y dan el callo como nadie. En la sacristía yo casi estorbo ante el remango y buen hacer de cuantas abren la iglesia, preparan los libros, dominan el calendario litúrgico, planchan los ornamentos, limpian, compran los materiales, etc. Los catequistas y las catequistas saben estar perfectamente ante chavales y padres, así como animarlos con soltura y ejemplo de vida. La residencia de ancianos y la guardería parroquial, así como, por supuesto el Hogar de Ancianos, funcionan perfectamente sin que el cura intervenga más que en contadas ocasiones presidiendo alguna reunión, pero lo cotidiano funciona sin eclesiásticos desde hace años. La Escuela de Padres no digamos. La economía la manejan los de la Junta Económica, con Pepe Palomar a la cabeza. Los grupos de revisión de vida tienen sus animadores o me llaman de vez en cuando para que aporte mi condición de presbítero. Hasta un grupo de ecuatorianos que me pidieron hace pocos días un espacio para reunirse y tratar de ayudar a chavales en peligro de caer en cuestiones de droga, y que no estaban bien vistos por reunirse en la calle. Y así podríamos seguir repasando los diferentes grupos.

Yo, como cura, me dedico a "presidir" (en nombre de Cristo, no por mi dignidad, que es igual a la de los demás de la comunidad) las celebraciones litúrgicas, a prepararlas y animarlas, a los sacramentos y a coordinar o dar vueltas por los distintos grupos, centrándome más en alguno de ellos que necesita más mi ayuda, así como a estar disponible siempre que las circunstancias me lo permiten. También me vuelco en las publicaciones, en el manejo de la fotocopiadora y cosas así. Y procuro pensar mucho en las personas y en la pastoral, sobre todo preocupado por una pastoral misionera que nos lleve a acercarnos a las personas y grupos del barrio y a ofrecerles lo que llevamos entre manos, sobre todo a Jesucristo.

Por eso, insisto, no me quedo solo sino muy bien acompañado, al tiempo que agradecido por poder prestar mis servicios igual que otras muchas personas que lo hacen sin nombramiento "oficial". Y espero, porque es de justicia, que en el Obispado entiendan la realidad de unas parroquias adultas formadas por gente adulta, que tienen que estar constantemente tomando decisiones y afrontar los problemas, muchas veces en solitario porque desde determinadas instancias oficiales ni se las visita, ni se las acompaña, ni se les ayuda como debiera. Ahí, en medio del barrio, es donde la Iglesia se la juega, tratando de dar algún tipo de respuestas a las necesidades religiosas, pero también humanas y sociales, de la gente del barrio, especialmente de la más necesitada. En dónde no sé qué diablos pinta es en las pugnas políticas con otras instancias de poder para conseguir ventajas y privilegios o para afianzar una influencia social no precisamente evangélica, aunque por medio haya metidos eclesiásticos de alto rango o precisamente por eso.

El domingo 30 de septiembre celebraremos Consejo Parroquial y en él, democráticamente, es decir, tomando decisiones entre todos, trataremos de marcarnos los objetivos parroquiales para este curso: unos objetivos de servicio a las necesidades y a los necesitados. Así colaboramos con el Reino de Dios en nuestro barrio de Delicias, envejecido de españoles y rejuvenecido por los emigrantes. Quien quiera colaborar en esta línea nos encontrará y tendrá las puertas abiertas.


Pepe Nerín, cristiano de Begoña y párroco un año más.

15.9.2007