ALGUNOS INTERROGANTES ANTE UN NOMBRAMIENTO EPISCOPAL
El pasado día 23 de octubre surgió la noticia del nombramiento de Jesús Sanz Montes como nuevo obispo de las Diócesis aragonesas de Huesca y Jaca. La noticia produce en primer lugar alegría ya que se acaba con la situación de provisionalidad en la que ambas se encontraban tras la muerte hace dos años de sus obispos respectivos. El nuevo obispo es franciscano, tiene 48 años y madrileño. Se comenta de él que es un buen comunicador ya que ha venido trabajando en medios de comunicación. Fue vocación "tardía", entrando en el Seminario a los 20 años tras haber trabajado en un banco. Se ordenó con 31 años.
Según aparece en la página web de la Conferencia Episcopal Española, ha sido Rector del Seminario Franciscano de Ávila entre 1986 y 1991, Guardián (superior) de la Comunidad Franciscana de San Juan de los Reyes de Toledo entre 1997 y 2000 y durante estos tres años fue también Presidente de la Confer diocesana de Toledo y consejero provincial de los Franciscanos. Ha sido Guardián de la Comunidad Franciscana de la Curia Provincial en Madrid entre 2000 y 2003. Desde el año 2000 era director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada en la CEE y desde 1998, profesor de la Facultad de Teología "San Dámaso" de Madrid. Desde ese mismo año dirige la revista "Verdad y Vida" y desde 1992 es miembro del Consejo de Redacción de la revista católica internacional "Communio". Desde 1991 colabora también en los medios de comunicación. Desde septiembre de 2000 es uno de los responsables de los "Comentarios Matinales de la Cadena Cope".
Pero la alegría no disipa unos cuantos interrogantes que esperan algún tipo de respuesta:
- ¿Por qué se ha decidido que lo mejor es unir en un mismo obispo a las diócesis de Huesca y Jaca? Todos sabemos que pequeñas poblaciones con sede episcopal sienten como una pérdida muy fuerte el quedarse sin obispo propio o sin cabecera de diócesis (recordamos el caso reciente de Ciudad Rodrigo y también hay que recordar los esfuerzos de una ciudad como Barbastro en tiempos pasados para recuperar la diócesis y al obispo). Se supone que detrás de esta unión habrá razones poderosas. ¿Por qué no se hacen públicas? Esa manera de proceder debería ser lo habitual en la Iglesia, igual que suele suceder en la sociedad civil, especialmente tratándose de una decisión de gran trascendencia eclesial, y teniendo también en cuenta que la diócesis de Jaca sigue encuadrada dentro de la provincia eclesiástica de Pamplona. ¿En dónde se va a encuadrar a partir de ahora?
- ¿Por qué el nuncio da un avance de este nombramiento en el santuario del Opus Dei en Torreciudad? Precisamente había pasado por Huesca y no les comunicó nada al respecto. ¿Por qué lo hizo en la forma y lugar en que lo hizo?
- ¿Por qué se ha optado por la persona de Jesús Sanz como nuevo obispo de Huesca y Jaca? Suponemos -y deseamos- que tiene grandes cualidades que le hacen ser la persona indicada para este cargo. ¿Por qué no se explicitan? No es que pidamos que tuviera que ser necesariamente de origen aragonés, aunque tampoco estaría mal. Pero, ¿por qué la persona elegida es un madrileño, religioso franciscano y que se ha dedicado a la enseñanza y a la dirección de seminarios? No deja de ser sorprendente que en su curriculum no aparezca relacionado con la pastoral parroquial ni con la pastoral rural, dadas las características en gran medida de sus nuevas diócesis. Lo cual no quiere decir que no lo vaya a hacer estupendamente, ¡ojo! Pero si se piensa que es la persona idónea para esta función, ¿no sería bueno que nos dijeran claramente cómo han llegado a esa conclusión? La verdad es que lo agradeceríamos.
- ¿Por qué continúa la diócesis de Teruel y Albarracín sin obispo tras varios meses en esa situación? ¿Por qué se mantiene la incertidumbre acerca de si Elías Yanes va a continuar mucho o poco tiempo al frente de la diócesis de Zaragoza?
Preguntar todo esto y más cuestiones no tiene por qué ser entendido como "ganas de enredar". Si se preguntan es porque creemos que se nos debe respetar como personas adultas a las que no hay que darles todo hecho y sin más explicaciones. Lo contrario es contribuir al escepticismo frente a la tan proclamada "corresponsabilidad" eclesial, mantener el oscurantismo en la información y alejar todavía más a los obispos a los que a veces da la impresión de que se les mueve como a simples peones sin personalidad propia. Y es lástima porque dada la situación de precariedad episcopal en que nos movemos en Aragón desde hace tiempo éstos serían buenos momentos para proceder a sentar las bases de lo que puede ser en el futuro nuestra Iglesia contando con la colaboración de todos y no buscando soluciones parciales y aparentemente descoordinadas en los nombramientos episcopales. Que la pastoral de conjunto no debe ser sólo cosa de arciprestazgos ni las soluciones globales deben ser manejadas y diseñadas desde órganos de poder eclesial muy alejados de nuestra realidad.
Con todo, esperamos conocer pronto al nuevo obispo, acogerlo con los brazos abiertos y quererlo profundamente como miembro cualificado de nuestra querida Iglesia.
Pepe Nerín