¿ES POSIBLE EN
En estos momentos de apoteosis de Obama con muchedumbres enfervorizadas y llenas de ilusión, uno echa en falta en nuestro país algo semejante. Pero también sería estupendo que se produjera en nuestra Iglesia y, más en concreto, en nuestra Diócesis. Por desgracia, estamos muy lejos de ello.
El arzobispo, tras su hiperactividad de sus primeros meses, parece ahora haber entrado en el juego de su posible nombramiento-ascenso a la sede de Toledo y ya se le ve más fuera que dentro con lo que ello supone de parálisis institucional, además de que su operación para implantarle un “baipás” le ha supuesto seguramente un bajón de fuerzas, como si de un puyazo se tratara. Al tiempo suenan quinielas acerca de quién puede ser su sucesor junto al Ebro y te entran ganas de rezar aquello de “Virgencica, que me quede como estoy”. El cambio de vicarios episcopales, gente maja y de buena voluntad, no ha supuesto un revulsivo ni se ha notado una renovación en el aspecto pastoral ni en el estructural ya que permanecemos donde estábamos. Y el clero y “fieles” seguimos envejeciendo con todo lo que ello supone de pérdida de vitalidad y de ganas de emprender nuevos caminos y perspectivas. Con todo, no deja de ser sorprendente que compañeros curas, que han leído el documento de Clubenitos sobre el seminario y las vocaciones, nos hayan comentado que “bien pero muy suave”, como deseando que metamos mucha más “caña” (¿sólo nosotros debemos hacerlo?). Por otra parte, es habitual que, tras una celebración eucarística maja, recibas felicitaciones por parte de personas que han participado en la misma, animándote a seguir adelante en las formas de un acercamiento de la liturgia a la realidad que el personal vive cada día, en la participación, diálogo e incluso alegría y sentido de fiesta divertida.
Pero las estructuras son las estructuras y todo tarda mucho en cambiar. Sobre todo si no se reciben impulsos de renovación pastoral desde “arriba” sino aferramiento a formas y maneras que ya no dicen nada al personal. Comentan que el arzobispo no parece tener gran interés en la pastoral y que le van más otras cosas; que los consejos pastoral y presbiteral apenas se reúnen y que, cuando lo hacen, tratan de cumplir más bien con el expediente ya que resulta muy difícil impulsar una auténtica renovación pastoral afrontando en profundidad los muchos problemas que nos aquejan. Se comentan muchas cosas, pero la atonía se va apoderando de todo, aunque cada parroquia, grupo o movimiento, trate de salir a flote como puede, buscando su propio camino con toda la mejor voluntad de llevar a Jesucristo y su Mensaje a los hombres y mujeres de hoy, lo cual ha producido iniciativas que se mantienen desconocidas para la mayoría, impidiendo de esta manera que todos nos beneficiemos de ellas.
Necesitamos revulsivos que rieguen nuestra esperanza. Necesitamos gestos que hablen claramente de otra pastoral posible. Necesitamos personas que hagan propuestas interesantes. Necesitamos estímulos y no frenos, cercanía y no lejanía, acompañamiento y no soledad. Necesitamos revisar lo que hacemos, especialmente lo que hacemos en común con otros, sobre todo en el plano arciprestal, de Vicaría o global. Necesitamos cambiar muchos de nuestros esquemas de trabajo, muchos de nuestros esquemas de tareas a realizar, muchos de nuestros esquemas de cómo vivir la fe, de cómo organizar nuestras reuniones, de cómo rendir de forma más eficaz.
A lo largo de estos 8 años que llevo publicando esta página web, he procurado diseñar planes de actuación, propuestas de actuación, ya pensadas por mí o tomadas de autores más expertos. Sigo pensando que ya al final de la primera década del siglo XXI no podemos hacer una pastoral tremendamente parecida a la de décadas anteriores. La sociedad y la misma Iglesia han cambiado, especialmente el papel de esta última, su prestigio, su composición interna. Aunque los más pobres siguen acudiendo a pedirnos ayuda, la gente común ya no parece necesitarnos porque sus necesidades las resuelven por otros medios. Sin embargo, tal vez estén buscando satisfacer necesidades que el estilo de vida actual y la influencia cultural medioambiental les han colocado en primer término, mientras quedan por satisfacer las más profundas de la persona: el deseo de amar y ser amado, de compañía, de diálogo, de encuentro personal, el ser tenido en consideración, la sed de trascendencia, de ir más allá de la realidad que nos encierra, etc.
Yo
sigo creyendo en Jesucristo como liberador de nuestras pequeñeces, como fuente
de amor y de energía (Espíritu), como Alguien que invita a vivir de otra forma
basada en el amor y las bienaventuranzas y menos centrada en uno mismo y más en
los demás, como el Camino,
Pero,
¿no se dan cuenta nuestros máximos responsables que la cosa no va, que el
futuro se presenta oscuro e incierto como el reinado de Witiza?
Hay muy buena gente metida dentro de
¿No
debería reconocerse que estamos en crisis? A Zapatero se le ha reprochado lo
mucho que ha tardado en reconocer la crisis económica. ¿Y a nuestros obispos que
no parecen querer reconocer la crisis eclesial? ¿Por qué no coger el toro por
los cuernos y afrontar con sinceridad y sin tabúes lo que pasa? Yo creo que
sería muy reconfortante que se abriera un proceso de diálogo amplio y generoso
sobre la situación eclesial en que nos encontramos, que se señalaran sin rubor
los principales problemas y que se hablara sin tapujos de cómo afrontarlos.
¿Qué luego salieran soluciones muy discutibles? Bueno, pues habría que
discutirlas más a fondo y presentar a Roma sin recortes lo que por aquí se
piensa y se propone. Aquí ofrezco una lista de problemas: el envejecimiento
general de la población cristiana en nuestra diócesis, el envejecimiento y
disminución del clero, la falta de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa,
la ausencia de jóvenes eclesialmente comprometidos, la no igualdad entre
hombres y mujeres en el seno de nuestra Iglesia, el rollo de tantas misas que
no estimulan al personal sino que le aburren, la falta de una formación bíblica
que vaya más allá de la interpretación literal de
Necesitamos
anunciar
Por favor, queridos obispos, atreveos con todo lo anterior antes de que sea demasiado tarde y rectificad lo que han sido normas que no han solucionado los problemas sino que los han agravado. Tened valor al menos como Obama, capaz de cambiar de dirección corrigiendo errores anteriores.
Pepe Nerín
27.1.2009