Publicado el 04. Jun,
2009 por Artepick en Globalización, Política
Discurso del PresidenteSOBRE EL NUEVO COMIENZO
Universidad de El
Cairo, Egipto1:10 p.m. (Local)
OBAMA PRESIDENTE:
Muchas gracias. Buenas tardes. Me siento honrado de
estar en la eterna ciudad de El Cairo [...]. Estoy muy agradecido por su hospitalidad
y la hospitalidad del pueblo de Egipto. Y yo también estoy orgulloso de llevar
conmigo la buena voluntad del pueblo estadounidense, y un saludo de la paz de
las comunidades musulmanas en mi país: Assalaamu alaykum. (Aplausos.)
Nos reunimos en un momento
de gran tensión entre los Estados Unidos y los musulmanes de todo el mundo -la
tensión arraigada en fuerzas históricas que van más allá de cualquier debate
político actual-. La relación entre el Islam y Occidente incluye siglos de
coexistencia y cooperación, pero también conflictos y guerras religiosas. Más
recientemente, la tensión ha sido alimentada por el colonialismo que niega
derechos y oportunidades a muchos musulmanes, y una guerra fría en la que los
países de mayoría musulmana son demasiado a menudo maltratados sin tener en
cuenta sus propias aspiraciones. Por otra parte, los cambios radicales que por
la modernidad y la globalización llevó a muchos musulmanes ver a Occidente como
hostiles a las tradiciones del Islam.
Los extremistas
violentos que se han aprovechado de estas tensiones son una pequeña pero
poderosa minoría de los musulmanes. Los atentados del 11 de septiembre de 2001
y la continuación de las actividades de estos extremistas a participar en la
violencia contra los civiles ha llevado a algunos en
mi país a ver el islam como una fuerza inevitablemente hostil, no sólo con
América y los países occidentales, sino también con los derechos humanos. Todo
esto ha criado más miedo y más desconfianza.
Siempre y cuando
nuestra relación está definida por nuestras diferencias, vamos a potenciar a
aquellos que siembran el odio en lugar de la paz, a aquellos que promueven los
conflictos en lugar de la cooperación que puede ayudar a todos nuestros pueblos
lograr la justicia y la prosperidad. Pues bien, este ciclo de sospecha debe
acabar: debemos poner fin a la discordia.
He venido a El Cairo
para buscar un nuevo comienzo entre los Estados Unidos y los musulmanes de todo
el mundo, un nuevo comienzo basado en el interés mutuo y el respeto mutuo, y en
la verdad de que América y el Islam no son realidades excluyentes, y en la
verdad de que no es necesario que compitamos. Al contrario, las nuestras son
dos realidades que se superponen, y debemos compartir los principios que nos
son comunes -los principios de la justicia y el progreso, la tolerancia y la
dignidad de todos los seres humanos-. 
Obama saluda al auditorio
Lo hago reconociendo que el cambio no puede producirse de un día para otro.
Sé que ha habido mucha publicidad acerca de este discurso, pero ningún discurso
puede erradicar años de desconfianza, ni puedo responder en el tiempo que tengo
esta tarde a todas las complejas cuestiones que nos llevaron a este punto. Pero
estoy convencido de que para poder avanzar, debemos decirnos abiertamente el
uno al otro las cosas que tenemos en nuestros corazones y que con demasiada
frecuencia se dice sólo a puerta cerrada. Debe haber un esfuerzo sostenido para
escucharnos y aprender unos de otros, respetándonos mutuamente, y buscando un
terreno común.
En el Sagrado Corán se
nos dice, “ser consciente de Dios y hablar siempre la verdad“. (Aplausos). Eso
es lo que voy a intentar hacer hoy: decir la verdad lo mejor que pueda,
humillado por la tarea que tenemos ante nosotros, y firme en mi convicción de
que los intereses que compartimos como seres humanos son mucho más potentes que
la fuerzas que impulsaron nuestras diferencias.
Parte de esta
convicción se basa en mi propia experiencia. Soy un cristiano, pero mi padre
vino de una familia de Kenya, que incluye generaciones y generaciones de
musulmanes. En mi infancia, pasé varios años en Indonesia y pude oir la llamada de la azaan en la
madrugada y en la caída del atardecer. Cuando era un hombre joven, trabajé en
las comunidades de Chicago, donde muchos encuentran la dignidad y la paz en su
fe musulmana.
Como estudiante de
historia, también sé de la deuda que la civilización contrajo con el Islam. Es
el Islam -en lugares como Al-Azhar- el que lleva la
luz de aprendizaje a través de tantos siglos, allanando el camino para que
También sé que el
Islam ha sido siempre una parte de la historia de América. La primera nación en
reconocer mi país es Marruecos. En la firma del Tratado de Trípoli en 1796,
nuestro segundo presidente, John Adams, escribió: “Los Estados Unidos no tiene en sí el carácter de
enemistad contra las leyes, la religión o la tranquilidad de los musulmanes”.
Y desde nuestra fundación, los musulmanes americanos han enriquecido los
Estados Unidos. Que han luchado en nuestras guerras, que han servido en nuestro
gobierno, que han defendido los derechos civiles, han fundado empresas, que han
enseñado en nuestras universidades, que han sobresalido en nuestros campos de
deportes, que han ganado Premios Nobel, construido nuestro edificio más alto, y
encendió
Así he conocido el
Islam en tres continentes antes de llegar a la región en la que se reveló por
primera vez. Guiado por la experiencia que tengo, llego a la convicción de que
la asociación entre Estados Unidos y el Islam debe basarse en lo que el Islam
es, no lo que no es. Y considero que es parte de mi responsabilidad como
Presidente de los Estados Unidos el luchar contra los estereotipos negativos
del Islam, dondequiera que aparezcan (aplausos).
Pero ese mismo
principio debe aplicarse a los musulmanes en la percepción de América
(aplausos). Al igual que los musulmanes no se ajustan a un estereotipo crudo,
América no es el crudo estereotipo del interés propio de un imperio. Los
Estados Unidos ha sido una de las mayores fuentes de progreso que el mundo
jamás ha conocido. Nacimos de una revolución contra el imperio. Se nos educa en
el ideal de que todos son creados iguales, y hemos luchado y derramado sangre
durante siglos para dar sentido a esas palabras -dentro de nuestras fronteras,
y en todo el mundo-. Estamos conformado por todas las culturas, procedentes de
todos los confines de
En nuestro tiempo, significa mucho que un afroamericano con el nombre de Barack Hussein Obama pudiera ser
elegido Presidente (aplausos). Pero mi historia personal no es tan excepcional
o única. [...].
Por otra parte, la
libertad de América es indivisible de la libertad de practicar su religión. Por
esta razón, [...] hay más de 1.200 mezquitas dentro de nuestras fronteras. Es
por eso que el gobierno de Estados Unidos ha ido a los tribunales para proteger
el derecho de las mujeres y las niñas a llevar el hijab,
castigando a quien lo impida (aplausos).
Así que no quepa la
menor duda: el Islam es una parte de América. Y creo que América tiene dentro
de ella la verdad de que, independientemente de su raza, religión, o la
estación en la vida, todos compartimos aspiraciones comunes -de vivir en paz y
seguridad, para obtener una educación y un trabajo con dignidad, de amar a
nuestros familias, nuestras comunidades y nuestro Dios-. Estas son cosas que
compartimos. Esta es la esperanza de toda la humanidad.
Por supuesto, el
reconocimiento de nuestra humanidad común es sólo el comienzo de nuestra tarea.
Las palabras por sí solas no pueden satisfacer las necesidades de nuestro
pueblo. Estas necesidades se cubrirán solamente si actuamos con valentía en los
próximos años, y si entendemos que los retos que enfrentamos son comunes, y
nuestra incapacidad de cumplir con ellos supondrá una herida para todos
nosotros.
Porque hemos aprendido
de la experiencia reciente que cuando un sistema financiero en un país se
debilita, la prosperidad de todo el mundo está herida. Cuando una nueva gripe
infecta a un ser humano, todos están en peligro. Cuando una nación persigue un
arma nuclear, el riesgo de un ataque nuclear se eleva a todas las naciones.
Cuando los extremistas violentos operan en un tramo de montaña, hay personas
que pueden morir a un océano de distancia. Cuando inocentes en Bosnia y Darfur son sacrificados, tenemos una herida que mancha
nuestra conciencia colectiva (aplausos.) Eso es lo que significa compartir este
mundo en el siglo XXI. Esa es la responsabilidad que tenemos los unos a los
otros como seres humanos.
Y ésta es una
responsabilidad difícil de asumir. La historia de la humanidad ha sido a menudo
un registro de las naciones y tribus - y, sí, las religiones - intentando
someter uno al otro en la búsqueda de sus propios intereses. Sin embargo, en
esta nueva era, esas actitudes son autodestructivas. Habida cuenta de nuestra
interdependencia, ningún orden mundial, que eleva una nación o grupo de
personas sobre otro triunfará. Así que [...] nuestros problemas deben tratarse mediante
la asociación; nuestro progreso debe ser compartido (aplausos).
Ahora, eso no
significa que debamos ignorar las fuentes de tensión. De hecho, sugiere lo
contrario: hay que enfrentar estas tensiones de lleno. Y entonces, en ese
espíritu, quisiera hablar con la mayor claridad acerca de algunas cuestiones
concretas que creo que debemos enfrentar juntos.
La primera cuestión
que tenemos que enfrentar es el extremismo violento en todas sus formas.
En Ankara, he dejado claro que Estados Unidos no está -y nunca estará- en
guerra con el Islam (aplausos). Sin embargo, no daremos tregua a los
extremistas violentos que suponen una grave amenaza para nuestra seguridad
-porque rechazamos la misma cosa que la gente de todos los credos rechazan: la
matanza de inocentes, hombres, mujeres y niños-. Y es mi primer deber como
Presidente proteger al pueblo estadounidense. La situación en Afganistán
demuestra los objetivos de América y nuestra necesidad de trabajar juntos. Hace
más de siete años que los Estados Unidos luchamos contra Al Qaeda y los
talibanes con un amplio apoyo internacional. No fuimos allí por elección;
fuimos a causa de necesidad. Soy consciente de que aún hay algunos que tratan
incluso de justificar los eventos del 11S. Pero seamos claros: Al Qaeda mató a
casi 3.000 personas ese día. Las víctimas son inocentes, hombres, mujeres y
niños de América y muchas otras naciones que no han hecho nada para dañar a
nadie. Al Qaeda, sin embargo, optó por el asesinato sin piedad de estas
personas, reivindicó el ataque, e incluso ahora afirma su determinación de
matar a escala masiva. Tienen filiales en muchos países y están tratando de
ampliar su alcance. Estas no son las opiniones que se debaten, son simplemente
hechos a afrontar.
Ahora, no nos
confundamos: nosotros no queremos mantener nuestras tropas en Afganistán. No
queremos tener bases militares allí. Es angustioso para los Estados Unidos ver
morir a nuestros jóvenes hombres y mujeres. Es costoso y políticamente difícil
seguir en este conflicto. Nos gustaría que todas y cada una de nuestras tropas
volvieran a casa, si podemos estar seguros de que no hay extremistas violentos
en el Afganistán y Pakistán decididos a matar a muchos estadounidenses en la
medida que sea posible. Pero todavía no es el caso.
Y es por eso que
estamos asociados con una coalición de 46 países. Y a pesar de los costos
involucrados, los Estados Unidos tienen el compromiso de no debilitar los
esfuerzos. De hecho, ninguno de nosotros debería tolerar a estos extremistas
que han causado la muerte en muchos países. Ellos han matado a personas de
diferentes religiones, pero más que nada, han causado la muerte de musulmanes.
Sus acciones son incompatibles con los derechos de los seres humanos, el
progreso de las naciones, y con el Islam. El Sagrado Corán enseña que quien
mata a un inocente, ¿cómo es?, es como si él hubiera matado a toda la humanidad
(aplausos). Y el Corán también dice que quien salva una persona, es como si se
hubiera salvaguardado a toda la humanidad (aplausos). La persistente fe de más
de mil millones de personas es mucho mayor que el estrecho odio de unos pocos.
El Islam no es parte del problema en la lucha contra el extremismo violento: es
una parte importante de la promoción de la paz.
Ahora, también sabemos
que el poder militar por sí solo no va a resolver los problemas en Afganistán y
Pakistán. Esa es la razón por la que planea invertir $ 1.5 mil millones cada
año durante los próximos cinco años para colaborar con los paquistaníes para
construir escuelas y hospitales, carreteras y negocios, y cientos de millones
para ayudar a aquéllos que han sido desplazados. Es por eso que estamos
ofreciendo más de $ 2,8 millones para ayudar a los afganos desarrollar su
economía y prestar servicios que las personas que dependen.
Permítame también
abordar la cuestión de Irak. A diferencia de Afganistán, Irak fue una
guerra de elección que provocó grandes diferencias en mi país y en todo el
mundo. Aunque creo que el pueblo iraquí está en última instancia mejor sin la
tiranía de Saddam Hussein, también creo que los acontecimientos en Irak han
recordado a América la necesidad de utilizar la diplomacia y crear un consenso
internacional para resolver nuestros problemas siempre que sea posible
(aplausos). En efecto, podemos recordar las palabras de Thomas Jefferson, quien
dijo: “Espero que nuestra sabiduría
crecerá con nuestro poder, la cual nos enseña que cuanto menos uso de nuestro
poder, éste mayor será”.
Hoy en día, Estados
Unidos tiene una doble responsabilidad: ayudar a Iraq a forjar un futuro mejor
y salir de Iraq. Y se lo he dejado claro al pueblo iraquí (aplausos). He dejado
claro al pueblo iraquí que no perseguimos las bases y no pretendemos su
territorio o sus recursos. La soberanía del Iraq es de su propio pueblo. Y es
por eso que ordené la retirada de nuestras brigadas de combate para el próximo
agosto. Esa es la razón por la que honraremos nuestro acuerdo [...] para
eliminar todas nuestras tropas de Irak en 2012 (aplausos).
Vamos a ayudar a Iraq
a formar a sus fuerzas de seguridad y desarrollar su economía. Pero vamos a
apoyar un Irak seguro y unido como socio, nunca como un patrón.
Y, por último, al
igual que América no puede tolerar la violencia de los extremistas, nunca
debemos olvidar o modificar nuestros principios. El 11S fue un enorme trauma en
nuestro país. El miedo y la ira que provocó eran comprensibles, pero en algunos
casos, nos llevó a actuar contrario a nuestras tradiciones y nuestros ideales.
Estamos tomando medidas concretas para cambiar de rumbo. He prohibido de manera
inequívoca el uso de la tortura por los Estados Unidos, y he ordenado cerrar la
prisión de
Por lo tanto, América
se defenderá a sí misma, respetando la soberanía de las naciones y el imperio
de la ley. Y lo haremos en colaboración con las comunidades musulmanas que
también están amenazadas. Cuanto antes los extremistas estén aislados y no
deseados en las comunidades musulmanas, más pronto estaremos todos más seguros.
La segunda gran fuente
de tensión que tenemos que debatir es la situación entre israelíes, palestinos
y el mundo árabe.
Los fuertes lazos de
América con Israel son bien conocidos. Este vínculo es irrompible (silencio
sepulcral). Se basa en lazos históricos y culturales, y el reconocimiento de
que la aspiración de una patria judía se basa en una trágica historia que no se
puede negar.
En todo el mundo, los
judíos fueron perseguidos durante siglos y el antisemitismo en Europa culminó
en una acción sin precedentes del Holocausto. Mañana voy a visitar Buchenwald, que fue parte de una red de campamentos de Judíos que fueron esclavizados, torturados, gaseados y
disparados a muerte por el Tercer Reich. Seis
millones de Judíos fueron asesinados -más que toda la
población judía de Israel hoy. Negar este hecho carece de fundamento, es
ignorante, y es odioso. Amenazar a Israel con la destrucción -o con la
repetición de estereotipos sobre el vil judío- es un profundo error, y sólo
sirve para evocar en la mente de los israelíes sus recuerdos más dolorosos.
Por otro lado, también es innegable que el pueblo palestino -los musulmanes y
los cristianos- ha sufrido en la búsqueda de una patria. Por más de 60 años han
padecido el dolor de esa luxación. Muchos esperan en campamentos de refugiados
en
Durante décadas se ha
producido un estancamiento: dos pueblos con aspiraciones legítimas, cada una
con una dolorosa historia que hace difícil de alcanzar el compromiso de paz. Es
fácil señalar con el dedo y apuntar a los culpables del desplazamiento sufrido
por los palestinos provocado por la fundación de Israel, y también es fácil
apuntar con el dedo a los culpables de que los israelíes se vean sometidos a la
constante hostilidad y a los ataques a lo largo de su historia desde dentro de
sus fronteras, así como fuera de ellas. Pero si vemos este conflicto sólo como
un dedo apuntando de un lado a otro lado, entonces vamos cerrar los ojos a la
verdad: la única solución es que las aspiraciones de ambas partes deben
cumplirse a través del establecimiento de dos estados, donde cada uno de los
israelíes y los palestinos puedan vivir en paz y seguridad (aplausos).
Éste es el interés de
Israel, de Palestina, de América, y el interés del mundo. Y es por eso que
tengo la intención de perseguir este resultado personalmente con toda la
paciencia y dedicación que la tarea requiere (aplausos). Las obligaciones que
las partes han acordado en la hoja de ruta son claras. Para llegar a la paz,
ellos -y todos nosotros- debemos estar a la altura de nuestras
responsabilidades.
Los palestinos deben
abandonar la violencia. Resistir a través de la violencia y el asesinato está
mal y que no lleva al éxito. Durante siglos, la gente negra de América sufrió
el azote del látigo como esclavos y la humillación de la segregación. Pero no
fue la violencia la que les hizo ganar la plena igualdad de derechos. Se consiguieron
con una pacífica y decidida insistencia en los ideales esenciales de los
fundadores de América. Esta misma historia puede ser contada por gente desde
Sudáfrica al sur de Asia, de Europa oriental a Indonesia. Es una historia con
una simple verdad: que la violencia es un callejón sin salida. No es un signo
de valor, ni tampoco el disparar cohetes a los niños dormidos o hacer volar a
las mujeres de la tercera edad en un autobús. Eso no da autoridad moral para
exigir lo que se reivindica, ni hace justicia con aquéllos que adquirieron
dicha autoridad moral para reivindicar lo que en realidad les pertenece.
Ahora es el momento en
el que los palestinos deben concentrarse en lo que pueden construir.
Al mismo tiempo, los
israelíes deben reconocer que, al igual que el derecho de Israel a existir no
se puede negar, no puede negarse el de Palestina. Los Estados Unidos no aceptan
la legitimidad de los asentamientos israelíes (aplausos). Esta construcción
viola los acuerdos anteriores y socava los esfuerzos para lograr la paz. Es
hora de detener estos asentamientos (aplausos).
E Israel también debe
estar a la altura de sus obligaciones para garantizar que los palestinos puedan
vivir y trabajar y desarrollar su sociedad. Al igual que devastar familias
palestinas, la falta de oportunidades en
Y, por último, los
Estados árabes deben reconocer que
América alineará sus
políticas con los que buscan la paz y vamos a decir en público lo que decimos
en privado a los israelíes y los palestinos y los árabes (aplausos). Nosotros
no podemos imponer la paz. Es curioso que en privado muchos musulmanes reconocen que Israel tiene derecho a su Estado. Asimismo,
muchos israelíes reconocen la necesidad de un Estado palestino. Es hora de que
actuemos en todo el mundo tal y como hablamos en privado.
Demasiadas lágrimas se
han derramado. Demasiada sangre se ha derramado. Todos nosotros tenemos la
responsabilidad de trabajar para el día en que las madres de los israelíes y
los palestinos pueden ver a sus hijos crecer sin miedo, cuando
La tercera fuente de
tensión es nuestro interés común en los derechos y las responsabilidades de las
naciones sobre las armas nucleares.
Esta
cuestión ha sido una fuente de tensión entre Estados Unidos y
Reconozco que será
difícil superar décadas de desconfianza, pero vamos a continuar con coraje, con
rectitud, para resolver el problema. Habrá muchos temas donde discutir entre
nuestros dos países y estamos dispuestos a avanzar sin condiciones previas
sobre la base del respeto mutuo. Pero esté claro a todos los interesados en lo
que se refiere a las armas nucleares que hemos llegado a un punto decisivo.
Esto no es simplemente de interés para América. Se trata de prevenir una
carrera de armas nucleares en el Oriente Medio que podría llevar esta región y
el mundo por un camino muy peligroso.
Entiendo a los que
protestan porque algunos países tienen armas y otros no. Ninguna nación tiene
derecho a elegir qué naciones pueden poseer armas nucleares. Y es por eso que
reafirmo el compromiso de América a buscar un mundo en el que ninguna nación
tenga armas nucleares (aplausos). Y todas las naciones -incluyendo a Irán-
deberían tener el derecho de acceso a la energía nuclear con fines pacíficos si
cumplen con sus responsabilidades en virtud del Tratado de No Proliferación
Nuclear. Ese compromiso se encuentra en el núcleo del tratado y debe mantenerse
por todos los que se atengan plenamente a él. Y estoy esperanzado en que todos
los países de la región puedan participar en este objetivo.
La cuarta cuestión que
voy a abordar es la democracia.
(aplausos)
Sé… sé que ha habido controversia sobre la promoción de la democracia en los
últimos años y gran parte de esta controversia está conectada a la guerra en
Irak. Así que permítanme ser claro: ningún sistema de gobierno puede ni debe
ser impuesto por una nación a otra. Que no disminuye mi compromiso, sin
embargo, con los gobiernos que reflejan la voluntad del pueblo. Cada nación le
da vida a este principio a su propio modo, basado en las tradiciones de su
pueblo.
América no pretende
saber qué es lo mejor para todos [...]. Pero tengo una firme convicción de que
todas las personas anhelan determinadas cosas: la capacidad de pensar y tener
voz en cómo se rige su destino; la confianza en el imperio de la ley y la
igualdad de administración de justicia; que el gobierno sea transparente; y que
no se robe a la gente la libertad de elegir cómo vivir. Estas no son sólo las
ideas de América, son los derechos humanos. Y es por eso que vamos a apoyarlos
en todo el mundo (aplausos).
Ahora, no hay ninguna
línea recta para hacer realidad esta promesa. Pero hay algo que está claro: los
gobiernos que protegen estos derechos son, en última instancia, más estables,
seguros y tienen éxito [...]. Estados Unidos respeta el derecho en todo el
mundo de todos aquéllos que por medios pacíficos y respetuosos con la ley hacen
que sus voces se escuchen, incluso si no estamos de acuerdo con lo que tienen
que decir. Y daremos la bienvenida a todos los gobernantes elegidos de forma
pacífica, a condición de que gobiernen con el respeto de todos sus pueblos.
Este último punto es
importante porque hay quienes abogan por la democracia sólo cuando están fuera
del poder, pero una vez en el poder, son implacables en la represión de los
derechos de los demás (aplausos). Por lo tanto, no importa donde esté, un
gobierno del pueblo y por el pueblo debe respetar la norma que dice que los que
detentan el poder deben mantener su liderazgo a través del consentimiento del
pueblo, y no a través de la coacción, respetándose los derechos de las
minorías, y participando con un espíritu de tolerancia y compromiso, que debe
poner los intereses de su pueblo y el funcionamiento legítimo del proceso
político por encima de su condición de gobernante. Sin estos ingredientes, las
elecciones por sí solas no hacen una verdadera democracia.
(alguien
en el auditorio: “¡Barack
Obama, los queremos (esos
ingredientes)!)
(Presidente Obama:
Gracias. aplausos).
La quinta cuestión que
debemos abordar juntos es la libertad religiosa.
El
Islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia. Lo vemos en la historia de
Andalucía y Córdoba durante
Entre los musulmanes,
hay una preocupante tendencia a que la propia fe provoque el rechazo a la fe de
otro. La riqueza de la diversidad religiosa debe mantenerse -ya sea para los
maronitas en el Líbano o los coptos en Egipto- (aplausos). Y si queremos ser
honestos, hay grietas que deben cerrarse entre los musulmanes, como las
divisiones entre sunitas y chiítas, que han dado lugar a una violencia trágica,
en particular en Irak.
La libertad de
religión es fundamental para salvaguardar la capacidad de los pueblos a vivir
juntos. Siempre debemos tratar de protegerla. Por ejemplo, en los Estados
Unidos, las normas sobre las donaciones benéficas han hecho más difícil para
los musulmanes el cumplir con sus obligaciones religiosas. Es por eso que estoy
comprometido a trabajar con los musulmanes de América para que puedan cumplir
el zakat.
Asimismo, es
importante que los países occidentales no obstaculicen a los ciudadanos
musulmanes la práctica de la religión tal como lo estimen conveniente -por
ejemplo, dictando lo que una mujer musulmana puede o no puede usar como
vestuario-. No podemos disimular la hostilidad hacia cualquier religión detrás
de la pretensión del liberalismo. De hecho, la fe nos une. Y es por eso que
estamos forjando proyectos de servicio en los Estados Unidos para reunir a los
cristianos, musulmanes, y judíos. Es por eso que acogemos con beneplácito los
esfuerzos, como el del Rey Abdullah de Arabia
Saudita, sobre el diálogo interreligioso, o como el de Turquía en el liderazgo
sobre
La sexta edición - la
sexta cuestión que quiero abordar es los derechos de la mujer.
(aplausos).
Sé -lo sé - que puede decirse de esta audiencia que existe un saludable debate
acerca de este problema. Rechazo la opinión de algunos en Occidente de que una
mujer que elige cubrir su cabello es de alguna manera menos igual, pero creo
que una mujer a la que se le niega la educación se le niega la igualdad
(aplausos). Y no es casualidad que los países donde las mujeres están bien
educadas son mucho más prósperos.
Ahora, permítanme ser
claro: las cuestiones de la igualdad de la mujer no son simplemente un
problema para el Islam. En Turquía, Pakistán, Bangladesh, Indonesia, hemos
visto a países de mayoría musulmana elegir una mujer para dirigir. Mientras
tanto, la lucha por la igualdad de la mujer en muchos aspectos de la vida, y en
muchos países de todo el mundo aún no se ha alcanzado.
Estoy convencido de
que nuestras hijas pueden contribuir igualmente a la sociedad que nuestros
hijos (aplausos). Nuestra civilización será avanzada, si se permite a toda la
humanidad - los hombres y las mujeres - el alcanzar por igual su pleno
potencial. No creo que las mujeres deben tomar las mismas opciones que los
hombres con el fin de ser igual, y yo respeto a las mujeres que deciden vivir
sus vidas en los roles tradicionales. Pero debe ser su elección. Y es por eso
que los Estados Unidos colaborarán con cualquier país de mayoría musulmana que
pretenda la alfabetización de las niñas, y que pretenda ayudar a las mujeres
jóvenes a emplearse mediante micro-créditos que les permitan vivir sus sueños
(aplausos).
Por último, quiero
hablar de desarrollo económico y la oportunidad.
Sé
que para muchos, la cara de la globalización es contradictoria. Internet y la
televisión aportan conocimiento e información, pero también pornografía y
ciertos aspectos ofensivos con el hogar familiar. El comercio puede traer
nuevas riquezas y oportunidades, pero también enormes perturbaciones y cambios
en las comunidades. En todos los países -incluido Estados Unidos- este cambio
puede traer el miedo. Temor de que a causa de la modernidad se pueda perder el
control sobre nuestras opciones económicas, nuestra política, y lo más
importante, nuestra identidad -las cosas que más valoramos sobre nuestras
comunidades, nuestras familias, nuestras tradiciones y nuestra fe-.
Pero también sé que el
progreso humano no se puede parar. No hacía falta que el progreso genere
contradicciones entre el desarrollo y la tradición. En países como Japón y
Corea del Sur creció enormemente su economía, manteniendo al mismo tiempo sus
distintas culturas. Lo mismo es cierto para el progreso sorprendente de los
países de mayoría musulmana de Kuala Lumpur a Dubai. En la antigüedad y en
nuestros tiempos, las comunidades musulmanas han estado a la vanguardia de la
innovación y la educación.
Y esto es importante
porque la estrategia de desarrollo no puede basarse sólo sobre lo que sale de
la tierra, ni puede ser sostenido mientras que los jóvenes están sin trabajo.
Muchos estados del Golfo han gozado de gran riqueza como consecuencia del
petróleo, y algunos están empezando a centrarse en un desarrollo más amplio.
Pero todos nosotros debemos reconocer que la educación y la innovación será la
moneda del siglo XXI (aplausos) y en demasiadas comunidades musulmanas, sigue
habiendo un déficit en estos ámbitos. Estoy haciendo hincapié en este tipo de
inversión dentro de mi propio país. Mientras que América en el pasado ha
adquirido un compromiso con esta parte del mundo basado en el petróleo y el
gas, ahora buscamos un mayor compromiso.
En la educación, vamos a ampliar los programas de intercambio, y el aumento de
becas, como la que hizo posible que mi padre llegara a América (aplausos). Al
mismo tiempo, vamos a alentar a más estadounidenses a estudiar en las
comunidades musulmanas. Y nosotros haremos posible que los estudiantes
musulmanes puedan estudiar y realizar pasantías en los Estados Unidos, invirtiendo
en el aprendizaje en línea para profesores y niños de todo el mundo, y crear
una nueva red en línea, por lo que una persona joven en Kansas puede
comunicarse al instante con una persona joven en El Cairo.
En el desarrollo
económico, vamos a crear un nuevo cuerpo de voluntarios a los Estados con los
que hacemos negocios con contrapartes en países de mayoría musulmana. Y será en
la sede de una Cumbre sobre el espíritu empresarial donde este año
determinaremos cómo podemos profundizar en los vínculos entre los dirigentes
empresariales, fundaciones y empresarios sociales de los Estados Unidos y las
comunidades musulmanas de todo el mundo.
Sobre la ciencia y la
tecnología se pondrá en marcha un nuevo fondo para apoyar el desarrollo
tecnológico en los países de mayoría musulmana y para facilitar la
transferencia de ideas al mercado para que puedan crear más puestos de trabajo.
Vamos a abrir centros de excelencia científica en África, el Oriente Medio y
Sudeste de Asia, y enviaremos a científicos a colaborar en programas que
desarrollen las nuevas fuentes de energía, para crear empleos verdes,
digitalizar los registros, el agua potable, y desarrollar nuevos cultivos. Hoy
estoy anunciando un nuevo esfuerzo global con
Todas estas cosas hay
que hacer en asociación. Los estadounidenses están dispuestos a unirse con los
ciudadanos y los gobiernos, las organizaciones comunitarias, líderes
religiosos, y las empresas en las comunidades musulmanas de todo el mundo para
ayudar a nuestro pueblo alcanzar una vida mejor.
Las cuestiones que he
descrito no serán fáciles de abordar. Pero tenemos la responsabilidad de
unirnos en nombre del mundo que buscamos -un mundo en el que los extremistas ya
no amenazarán a nuestro pueblo, y en el que las tropas vuelvan a casa, un mundo
en el que israelíes y palestinos vivan en su propio estado y de forma segura , y donde la energía nuclear sea utilizada con fines
pacíficos; un mundo en el que los gobiernos sirven a sus ciudadanos, y los
derechos de todos los hijos de Dios sean respetados-. Esos son los intereses
mutuos. Ese es el mundo que buscamos. Pero sólo lo podemos lograr juntos.
Sé que hay muchos -musulmanes y no musulmanes- para conseguir forjar este nuevo
comienzo. Algunos están ansiosos por avivar las llamas de la división y se
interponen en el camino del progreso. Algunos sugieren que no vale la pena el
esfuerzo -de que estamos destinados a estar en desacuerdo y las civilizaciones
están condenadas al enfrentamiento-. Muchos más son simplemente escépticos y
piensan que no puede ocurrir un cambio real. Hay tanto miedo, tanta
desconfianza que se ha construido a lo largo de los años… pero si elegimos en
ligarnos al pasado nunca vamos a avanzar. Y quiero decir esto en particular a
los jóvenes de todas las religiones, en todos los países -que, más que nadie,
tienen la capacidad de reimaginar el mundo, para
rehacer el mundo-.
Todos nosotros compartimos este mundo, pero por un breve momento en el tiempo.
La cuestión es si gastaremos ese tiempo en empujar a los demás o si nos
comprometemos a un esfuerzo -un esfuerzo sostenido- para encontrar un terreno común,
para centrarse en el futuro que queremos para nuestros hijos, y de respetar la
dignidad de todos los seres humanos.
Es más fácil seguir en guerra que finalizarlas. Es más fácil culpar a otros que
a mirar hacia adentro. Es más fácil ver lo que es diferente de alguien que
encontrar las cosas que compartimos. Sin embargo, debemos elegir el camino
correcto y no el camino fácil. Hay una regla que se encuentra en el corazón de
cada religión -hacer a los demás lo que nos gustaría que ellos lo hicieran a nosotros”
(aplausos). Hay una verdad que trasciende a las naciones y los pueblos -una
verdad que no es nueva, que no es blanca o negra o marrón, que no es cristiana
o musulmana o judía-. Se trata de la creencia de que hay un impulso desde los
comienzos de cualquier civilización y que aún late en los corazones de miles de
millones en todo el mundo: es la creencia de la fe en otras personas, y es lo
que me trajo aquí hoy.
Tenemos el poder para
hacer el mundo que queremos pero sólo si tenemos la valentía de hacer un nuevo
comienzo, teniendo en cuenta lo que se ha escrito.
El Sagrado Corán nos dice: “¡Hombres!
Hemos creado macho y una hembra, y hemos hecho de vosotros pueblos y tribus
para que ustedes puedan saber los unos de los otros”.
El Talmud nos dice: “El conjunto de
La Santa Biblia nos dice:
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”
(aplausos).
Los pueblos del mundo
puedan vivir juntos en paz. Sabemos que es la visión de Dios. Ahora debe ser
nuestro trabajo aquí en
Gracia