OBISPOS EN CAMPAÑA
Es
legítimo incorporar motivaciones religiosas al debate político para apoyar decisiones
o alentar cambios. Lo hicieron el pastor evangélico Luther
King y el obispo Desmond
Tutú contra la discriminación racial; también los cristianos de la resistencia
al nazismo y los curas que Franco encarcelaba en Zamora; o el cardenal Tarancón, para defender la libertad y reclamar al Rey que
lo fuera de todos los españoles sin exclusiones. La inspiración religiosa puede
ayudar a promover valores y a defender la dignidad y la igualdad de las
personas. Ellos lo hicieron de cara, arriesgando la libertad, incluso la vida.
Pero
los obispos españoles han irrumpido en la campaña electoral con fines
partidistas. El documento de
Es
una síntesis difícilmente mejorable de la enconada oposición del PP en la
legislatura. Según el CIS, sólo el 14,6% de los votantes socialistas se declara
no creyente, el 78,7% católico y un 33% practicante. Y los obispos conminan a
esos cristianos a votar contra el PSOE, igual que en otro tiempo los
excomulgarían.
Es lícito
y positivo que los obispos condenen el terrorismo. Tienen derecho a
pronunciarse sobre el aborto y las cuestiones de bioética, así como a dar su
opinión contra los preservativos, la fecundación in vitro o el divorcio, por anacrónicas que
sean y estériles que resulten. Pero no a erigirse en instancia superior para
juzgar las leyes y dirimir entre opciones políticas que respetan el marco constitucional.
Deben acatar que las decisiones que afectan a todos las toma el poder
legitimado por la soberanía popular, no por la autoridad religiosa como en el
Medioevo y el nacionalcatolicismo.
No citan
el Evangelio. No mencionan a Jesús, el Cristo. No invocan las virtudes
teologales, fe, esperanza y caridad. No hacen la más mínima alusión a los
pobres, los excluidos de la sociedad opulenta, las viudas o los pensionistas. No
emplean las palabras igualdad, ni discriminación. Y la única vez que hablan
de amor y solidaridad se refieren a la unidad de España. No parece escrito
por hombres de fe, sino por políticos aposentados y reaccionarios. Produce escándalo
que no hablen como cristianos e irrita que se arroguen autoridad para dictar
‘la verdad moral objetiva’ y exigírsela al legislador, sin tener ninguna
legitimidad democrática.
Quizá
han calculado mal y se han saltado el límite. ¿O están jugando en dos tableros
a la vez? Hubo obispos que votaron en contra y asombra que critiquen el diálogo
para terminar con ETA, aunque alguno de ellos ha mediado en negociaciones
anteriores con los terroristas y aunque gran parte del clero y de los obispos vascos
—no solo Setién— encontraban explicaciones políticas a esa violencia, cuando los
asesinatos eran mucho más numerosos. Hay una doble moral. Además, los
impulsores del documento callan ahora otros contenidos de la instrucción Valoración moral del terrorismo y sus causas,
que aprobaron cuando gobernaba Aznar.
Los obispos están en una doble campaña electoral:
para echar del Gobierno al PSOE y para echar a Blázquez de la presidencia de
Bernardo
Bayona
4.2.8
autor del libro Religión y poder