ENCUENTRO CON DIOS
La oración es un encuentro y una relación profunda que no puede ser forzada ni en nosotros ni en Dios. Un encuentro cara a cara con Dios que siempre nos sitúa ante un dilema.
Ponte en actitud de encuentro, prepárate para ello.
La oración empieza cuando, en lugar de pensar en un Dios lejano, establecemos una relación de persona a persona, e incluso llegamos a darle un nombre a ese Dios con el que nos relacionamos.
Piensa en darle un nombre a Dios, el que quieras.
Hay que tener un claro sentido de la presencia de Dios, el cual incluso hace posible que recemos cuando hacemos otras cosas.
Canto: 136 (Junto a Ti al caer de la tarde).
No intentemos dar una forma a Dios o aprisionarlo en conceptos e imágenes: podemos adorar a un ídolo y no a Dios. Hemos de estar completamente abiertos ante lo desconocido y así podrá lo desconocido revelarse por sí mismo.
Piensa en Dios como una nube que te envuelve.
Si somos auténticos, si somos verdaderamente nosotros, Dios puede estar presente y hacer algo con nosotros. Pero si adoptamos poses ficticias, Dios no se nos puede aproximar.
Ponte en actitud relajada y natural, como te sientas normalmente.
Si no podemos encontrar el Reino de Dios en lo más profundo de nosotros, nuestras posibilidades de encontrarle fuera son muy remotas.
Dirige tu pensamiento y sensaciones hacia tu interior y considéralo como un misterio en el que Dios habita.
No puedes internarte en tí si estás totalmente volcado hacia el exterior. Lo primero que debes aprender es a sentarte en tu sola compañía, enfrentarte con el aburrimiento y sacar todas las conclusiones posibles.
Encuéntrate contigo mismo y saca conclusiones.
Escuchamos su Palabra: Mc 12,13-17 (Dar a Dios lo que es de Dios).
Hazlo.
Expresa en voz alta tu oración. Habla tú, en primera persona, y dirígete a Dios que está aquí presente.
Rezamos juntos el Padre nuestro.
Revisamos nuestra oración: ¿Para qué te sirvió? ¿Cómo te has sentido? ¿Qué sentimientos has vivido? ¿Qué dificultades surgieron? ¿Hubo sinceridad, espontaneidad?
Canto final: 400 (El Espíritu del Señor).