OTRA JMJ ES POSIBLE
Hace
unos 20 años, cuando yo era Delegado Diocesano de Pastoral Juvenil en la diócesis
de Zaragoza, propuse, en las reuniones de Delegados de toda España, un modelo
de Jornada Mundial de
En
cambio, se ha impuesto un modelo distinto y, a mi modo de ver, equivocado. No
se trata de una Jornada Mundial de
Nada de reunirse para reflexionar y hacer propuestas. Lo importante es escuchar lo que dice el Papa, tenga o no tenga que ver con los problemas y aspiraciones del mundo juvenil, aunque luego se haga caso omiso de sus palabras. También escuchar a los obispos, los cuales parecen encantados de verse rodeados al menos una vez al año por multitud de jóvenes en apariencia sumisos como si fueran sus alegres y vigorosos nietos. Todo parece apuntar hacia grandes concentraciones para dar una imagen de Iglesia llena de jóvenes, algo que choca con la ausencia de éstos en las parroquias y centros religiosos durante el resto del año. Lo importante no es que el Papa les escuche, ni se pretende eso lo más mínimo ya que no se promueven las ocasiones para ello, sino que le escuchen a él, al “vice-Cristo” como pomposamente le definía un presidente de un parlamento autonómico.
Los jóvenes siempre resultan vistosos, coloristas, alegres. Estos días se han estado paseando en grupos impermeables por distintas ciudades españolas. Pero en esta JMJ parecen ser utilizados como extras, abundantes extras, indispensables extras para crear ambiente. Unos jóvenes cuyos viajes desde lejanos países de origen no están al alcance de cualquier bolsillo, lo cual permite pensar que están subvencionados e incluso seleccionados por su ideología. No es de extrañar, por tanto, la presencia abundante de jóvenes de los nuevos movimientos (Opus Dei, Comunión y Liberación, Carismáticos, Kikos, etc.) de tendencia claramente conservadora. Ni es de extrañar que los medios conservadores estén haciendo su agosto con este evento, presentado por algunos de ellos como confirmador de sus propias ideas.
Me
ha entristecido seguir algunos programas de
En un país en que desde el 15 de mayo hay multitud de jóvenes (entre ellos muchos creyentes) en la calle y a la intemperie, sin más medios que su voz y su presencia física, proponiendo un cambio social y político en profundidad, resulta paradójica toda esta movida de JMJ tan aparentemente aséptica, tan “políticamente correcta”, tan alegre juventud, tan descomprometida en sí misma, a la que se prestan tantos jóvenes que seguramente en sus lugares de origen están comprometidos como el que más. Por eso, cuando termina la movida, ¿queda algo más que pompas de jabón?
Va a resultar que estos dirigentes eclesiales tan conservadores son incapaces de organizar las cosas de otra manera. Así nos va. Lo siento por los muchos jóvenes anónimos que calladamente han apechugado con la infraestructura para que los jóvenes visitantes se sintieran a gusto. Se merecen algo más.
Pepe Nerín
13.8.2011