PAPISTAS,
PAPOCRATAS, PAPANATAS Y PAPAGAYOS
La reciente visita de Benedicto XVI a
España ha marcado profundamente los acontecimientos de los últimos días. Qué
duda cabe que dos de los más hermosos templos de nuestra geografía han sido
difundidos al mundo entero con una elegancia de medios extraordinaria. Nunca
una publicidad tan maravillosa podrían haber recibido
la catedral de Santiago y
Junto a verdades como puños que dijo
Benedicto XVI, hubo momentos desconcertantes como sus palabras en el avión
hablando de un laicismo en España semejante al de los años 30. No sé qué asesor
le diría eso pero ciertamente fue un desatino. Como desatinada fue la imagen de
las cuatro religiosas limpiando el altar en el que se había vertido el óleo
para consagrarlo. La verdad es que
aquella imagen se convertía en un icono poco feliz de una Iglesia con
manifestaciones machistas en donde con frecuencia se relega a las mujeres a tareas
de puros ayudantes de los hombres.
Como no podía ser de otra manera, toda
la fauna ibérica se movió en una u otra dirección manifestando sus pensamientos
con respecto a un acontecimiento mediático, político, social y religioso.
Aparecieron los papistas, personas que
aman al Papa, le siguen, le aplauden, le jalean y le admiran.
Aparecieron los papólatras
que ven en el Papa ven un adalid de otros tiempos, un guardián de la ortodoxia
que amenaza, desde su ancianidad, a cristianos que parecen desviados y a una
sociedad que consideran perversa.
Pero también salieron a la luz los
papanatas. Eran los del “Yo no te espero”,
los del “Yo soy ateo” los de la “besada popular”… los que entendían que
para manifestar su discrepancia había que montar numeritos antisistema
saliendo, eso sí, en todos los telediarios.
Esgrimían el tema del SIDA y el rollo
del condón para bramar contra el supuesto integrismo de
Aparecieron luego los papagayos. Estos
son los que exhiben su plumaje vistoso y su pico locuaz con todas sus artes,
cotizándose a precio de oro. Llegó un papagayo televisivo, por ejemplo, y durante
15 minutos hizo una burla zafia e irrespetuosa del papa que molestó a muchas
personas de diferentes credos. Apareció luego un filósofo que, bramando al más
puro estilo talibán, afirmó que el Vaticano era peor que un estado que
financiara el terrorismo.
Hacen falta, estoy convencido, ateos
inteligentes, anticlericales lúcidos, capaces de entablar diálogo sosegado con
personas de fe. En esto sí que nos da una lección el papa Benedicto, dialogante
con filósofos, con creyentes y no creyentes, cristianos o pertenecientes a otras
confesiones. Lo otro, lo de “Yo no te espero” en la calle, no es más que una
burla patética a aquéllos que, no esperando al Papa, buscan una sociedad
tolerante y abierta. Y es que una sociedad no confesional no quiere decir una
sociedad en la que se menosprecian los símbolos religiosos so pretexto de
defender los derechos de las minorías.
Dense una vueltecita los amigos
papanatas y papagayos por los barrios marginales, por las cárceles, los
hospitales, los infiernos de la droga, las costas de las pateras, los países
del hambre… se encontrarán con hombres y mujeres que, con la dignidad de la cruz,
asumiendo las contradicciones de su Iglesia, son capaces de compartir la vida y
la muerte de las víctimas, independientemente de sus credos, y sin preguntarles
a quién esperan.
JOSAN MONTULL
17.11.2010