PARA USO DE CURAS (y 3)
Permitidme que esta tercera parte de la presente trilogía la dedique a los curas, especialmente a aquellos jóvenes, recién ordenados, que por primera vez se encuentran ante el reto de regir una o varias parroquias, como me sucedió a mí en los años 70. Pero también puede ser de alguna utilidad para quienes llegan por primera vez a su nueva parroquia a la que han sido destinados, e incluso para quienes llevan ya años en el asunto y necesitarían un cierto replanteamiento que les permitiera renovarse. Igual que en los dos primeros editoriales, repito que no es mi intención impartir enseñanzas pedantes, sino ofrecer mi pequeña experiencia y mis reflexiones por si a alguno les pudieran servir.
Y, dicho esto, entro en harina sin más preámbulos. Cuando el nuevo párroco llega a su nueva parroquia, sea ésta rural o urbana, necesita hacer una serie de cosas elementales. En primer lugar situarla en el mapa (yo no tenía ni idea de dónde quedaba Laspaúles, en el alto Pirineo, ni me sonaban los nombres de las otras parroquias). Convendría acercarse “de incógnito”, antes de la entrada oficial, para ir captando detalles, e incluso girar una visita al cura saliente para que te haga una composición de lugar de lo que te espera, informarte de la pastoral que ha llevado, enseñarte los lugares clave, los libros parroquiales, las cuentas, etc. Ojalá consigas que te prepare un dossier bien detallado, incluso con los detalles más nimios (ubicación de las llaves, utilización de la electricidad, gas, etc.) y que incluya igualmente un quién es quién (mejor con fotografías), las fiestas a lo largo del año, cartillas de ahorro (tendrás que convalidar tu firma), el lugar donde se encuentran las actas de los Consejos (si es que los hay), etc. Puedes aprovechar para solucionar el problema de la comida: si eres buen cocinero, tan sólo te interesa saber dónde están las tiendas, y si no lo eres, o aprendes rápido o te vas buscando una fonda que no te resulte cara.
Es importante conocer el estado en que se encuentra la casa parroquial, si está habitable (mínimamente suele estarlo, aunque hay de todo), si tiene muebles suficientes, calefacción o estufas, mantas, sábanas, utensilios de cocina y cuanto se necesita para vivir en ella. Se supone que dispone de teléfono, lo cual te va a facilitar tu acceso a Internet, herramienta indispensable hoy día, pero no hay que suponerlo todo. Luego tú verás si tienes que hacer arreglos, si tienes medios para ello, etc.; pero no se te ocurra lo que a algunos que se gastaron gran parte del dinero de la parroquia para montarse una vivienda a todo tren.
Y ya que ha salido este último tema, hablemos del dinero. El sueldo del cura es limitado y no da para demasiadas alegrías, pero puede dar bastante de sí puesto que el alquiler que te va a cobrar la diócesis es un chollo, y en muchas casas parroquiales los gastos (luz, teléfono, agua, etc.) los cubre la parroquia. Si es éste el caso, esmera tu sentido de la responsabilidad y no despilfarres lo que generosamente te den. En cuanto al dinero de la parroquia, lo mejor es que no lo manejes tú sino que haya una junta económica que lo gestione e incluso que controle tus propios gastos parroquiales (no es cuestión de que empieces a comprar ornamentos litúrgicos, libros, etc., alegremente como si el dinero fuera tuyo). Acostúmbrate a que el control económico lo lleve la junta y te verás libre de muchos problemas y críticas, aparte de que te resultará mucho más cómodo ya que ellos entienden de dinero más que tú.
Con respecto a la parroquia es preciso que dispongas de algún tipo de plano en el que vayas situando los puntos o enclaves más significativos. Esto forma parte del elemental análisis o descripción sociológica que conviene hacer. Saber el número de habitantes, su distribución por edades (chavales, jóvenes, adultos, ancianos), su distribución por nivel socioeconómico (con especial atención a describir la situación de los pobres, tal como indicaba en el editorial anterior), los problemas más significativos del barrio, pueblo o zona (en qué trabajan, nivel de paro, relaciones entre los vecinos, etc.), los establecimientos más significativos, la ubicación de alguna confesión religiosa no católica si es que la hubiera, etc.). Es evidente que todo esto no lo vas a poder concluir a los pocos días de incorporarte sino que es una tarea a realizar y renovar constantemente.
Toda parroquia tiene un templo, o varios (lo más raro), aunque sí puede disponer de algunas capillas o ermitas, algunas con especial importancia en la religiosidad popular debido a procesiones, romerías, etc. Recuerda que no tienes que encerrarte en el templo descuidando lo demás, pero sí tienes que analizarlo de arriba abajo, estudiar su origen, sus imágenes, el santo o santos a quienes está dedicado, el elenco de materiales litúrgicos, la necesidad de realizar obras de reparación, la acústica, etc. No toques, por favor, nada por tu cuenta sino observa atentamente y si crees que hace falta algún cambio, propónselo al Consejo para que sea debatido. Hay cambios que producen una conmoción y es mejor consensuarlos, aguantando el tiempo que haga falta hasta que no se decidan. Tienes que conocer quiénes limpian la iglesia, cómo lo hacen, periodicidad, etc., y prestarles todo tu apoyo porque es una tarea muy digna e indispensable.
Un aspecto fundamental es el trato con la gente. Conviene que desde el primer momento vayas entrando en contacto con todos los que puedas. En los pueblos es más fácil, y más cuanto más pequeños son; en la ciudad es más complicado, pero debes ir ampliando contactos, sin limitarte a los de siempre que, naturalmente, serán los primeros en acogerte. Sé amable con todos, alegre y divertido, y estimula al personal, reconociendo todo lo positivo que hacen. Algunos curas hacen lo contrario: siempre con cara de mala leche y protestando de todo. Que ya vale, hombre. No seas un muermo ni un hurón. Acepta invitaciones a comer, aunque sin ser gorrón, porque son momentos privilegiados para conocer mejor al personal, su vivienda, su manera de ser. Visita especialmente a los enfermos y con un ritmo bastante frecuente, y si en la parroquia hay un equipo para ello, trátalo con mimo, acompáñalo, ayúdale a dar nuevos pasos, a formarse sobre cómo debe ser el trato a los enfermos, a informar a la comunidad parroquial sobre la situación de estas personas. Si hay religiosos o religiosas en tu parroquia, intensifica tus buenas relaciones con ellos ya que dispones de un auténtico regalo, aunque en ocasiones te salga alguien “rana”, como a mí me ha ocurrido.
Si eres joven, puedes tender a irte de “marcha” con otros jóvenes del lugar o de la zona. Pero no puedes limitarte a ello. Por encima de ser joven eres el párroco, el que debe desvivirse por todos, jóvenes, mayores o niños. Si no lo haces así, no te extrañe que empiecen a comentar que este cura tan marchoso poco aguantará aquí y que pronto se enamorará de alguna.
El trato con la gente también tiene lugar en las celebraciones litúrgicas. Habla al personal en lo posible en plan coloquial, dirigiéndote a ellos directamente, utilizando palabras comprensibles, mezclándote con ellos sin guardar distancias. Sí, también en misa. Y no se te ocurra confundir tus ideas políticas con el Evangelio, que es lo que me comentó una parroquiana a propósito de las homilías de cierta parroquia: no hablan más que de política. Tienes derecho a ser conservador o progresista, de izquierdas o de derechas, pero, sobre todo ello, debes ser evangélico. Haz la vida más fácil al personal: no pongas pegas sino simplifica al máximo, no crees problemas sino aporta soluciones. Sobre todo, no te dediques a hablar sólo de ti, de tus males, de tus enfermedades, porque saldrán corriendo, sino interésate por el otro, por su vida, problemas e ilusiones y alegrías. Y no seas ingenuo sino avispado, ya que habrá alguna persona que intente aprovecharse de tu buena voluntad o acapararte en su exclusivo beneficio, no te digo nada si hay bandos en el pueblo o parroquia.
En tu papel de coordinador parroquial, estimula siempre el trabajo colectivo, el formar grupos, equipos. No eres el dueño de la parroquia sino uno de sus administradores, no lo olvides. Y con el tiempo no tendrá por qué coincidir el papel de párroco/a con el de cura. Esfuérzate para que no sean grupos cerrados sino abiertos, relacionados entre sí, con un mutuo cariño. Informa de todo, de modo que la transparencia sea tu divisa, y no el ocultamiento o el oscurantismo. Crea el Consejo Parroquial, si todavía no existe, e intenta que su modo de proceder sea perfectamente democrático, sin ser tú el que siempre tenga que decir la última palabra sino asumiendo agradecido sus resoluciones por consenso. Distribuye tareas y no intentes acaparar lo que pueden hacer otros. Delega todo lo posible y alégrate de que sepan hacer las cosas sin ti. No se te ocurra tener celos de nadie (lo digo porque puede suceder).
Como desarrollé en el editorial anterior, necesitas tener un plan y no esperes que desde fuera te lo den hecho. Por desgracia muchas veces te nombran párroco y allá te las compongas. No lo hacen con mala intención sino porque seguramente ni el obispo ni los vicarios saben muy bien qué hacer, y en demasiadas ocasiones te han enviado allí para cubrir un hueco que les había quedado vacante. Ojalá que la parroquia disponga ya de un plan pastoral, en cuyo caso tú te incorporas al mismo y lo haces tuyo, aunque con el tiempo puedas ir proponiendo nuevas metas. Pero no puedes cargarte la historia de la parroquia de sus últimos años, tratando de empezar desde cero como si esa parroquia hubiera comenzado con tu llegada. Hay quienes, por desgracia, llegan, y sin encomendarse a Dios ni al diablo, hacen tabla rasa de todo lo anterior e imponen (normalmente en plan autoritario) sus propios esquemas. Inmenso error que te va a acarrear muchos problemas, enfrentamientos y malos rollos. No tienes derecho a imponerte por encima de los demás y de su propia historia; lo que debes hacer es actuar con muchísimo respeto.
Lo que tampoco puedes hacer es adoptar una postura comodona de seguir sin más lo que hacía el cura anterior y no profundar seriamente acerca de si eso es lo más conveniente en la situación actual. Necesitas reflexionar mucho sobre la realidad de tu nueva parroquia y de sus gentes, una reflexión basada en el mucho amor (y no es una frase cursi) que debes sentir hacia todos ellos. Los que adoptan esa postura comodona, acaban por ir limitándose a cumplir con los mínimos exigibles y acaban por convertirse, como tantos presbíteros de siglos pasados, en curas “de misa y olla”.
Y es que algo a tomarse muy en serio es la ocupación de tu tiempo. Hay quienes cumplen los mínimos, y el resto se tumban a la bartola o a cosas que nada tienen que ver con su ministerio pastoral. Tienes que distribuir tu tiempo adecuadamente, y sin olvidar que un trabajo normal supone unas 8 horas diarias. Dedicar menos tiempo es no ganarte el sueldo que cobras, es convertirte en un defraudador o en un cara de mucho cuidado. Y mira que puedes convertirte en esto último, habida cuenta de que nadie te va a controlar, ni el obispo, ni el vicario, ni el arcipreste, aunque los de la parroquia no son tontos y pronto calarán si el nuevo cura es trabajador o un vago de mucho cuidado. Con todo lo que te vengo diciendo en este y en el anterior editorial, ya tienes faena. Porque, además, tienes que rezar y no cinco minutos (¿cuándo vas a hacerlo?), tienes que seguir formándote, no quedándote en lo que aprendiste en tu seminario o centro de estudios, tienes que actualizarte teológica y pastoralmente, como hacen todos los profesionales, tienes que preparar bien las homilías, la animación de grupos, los materiales para los grupos, el análisis de los problemas que se vayan presentando, tu papel coordinador y estimulador, tu disponibilidad para el diálogo personal cara a cara con quien lo necesita, tu papel reconciliador, etc. Conviene que escribas a menudo, porque ayuda mucho a aclarar las ideas y tu forma de expresión. Que tu vida sea de estilo evangélico, eso es lo que importa y lo que captará el personal, no lo dudes.
Pero también tienes derecho a relajarte, no sea que acabes por enfermar o deprimirte, cuando no caer en la bebida, algo que por desgracia sucede. Disfruta de tu día libre semanal, de tus vacaciones mensuales; viaja de vez en cuando a la ciudad (si es que estás en un pueblo), ve al cine o al teatro, visita librerías, interésate por el arte, mantén los amigos de toda la vida (no te limites a tratar sólo con curas), organiza alguna que otra excursión, escucha música, métete en Internet (si no dispone la parroquia de página web, ¿por qué no la creas, tras hablarlo con tus parroquianos?), disfruta con la comida en algún restaurante, baila si quieres. Sobre todo, no te aburras ni pierdas el sentido del humor (ríete de ti mismo de vez en cuando, además de reirte socarronamente, aunque con cariño, de los que están por encima de ti). No pierdas el sentido crítico, empezando por ti mismo, ni los deseos de ir más allá de tus estrechos límites actuales. Cuando algo te preocupe, no dudes en hablarlo con compañeros, con el vicario, con el obispo, o con gente de fiar. No te guardes tus problemas para ti sólo porque te harán daño.
No te preocupes demasiado por tu manera de vestir correctamente como presbítero. Resulta envarado y crea distancias el ir de traje oficial permanentemente. Además, te van a conocer igual, en el pueblo desde el primer momento y en la ciudad con el paso del tiempo. Procura ir normal y sin llamar la atención, como aquél que quiere encarnarse en el pueblo para servir a todos. Ni como un lechuguino a la última moda ni como un “adán” que da pena verlo: ten una estética moderna pero discreta. Pero, repito, ésta es una cuestión muy menor.
Y, por encima de todo, vive “enamorado” de Jesucristo (y tampoco esta frase tiene que ser cursi). Que te convenza de tal manera, que le quieras con todas tus fuerzas, que te identifiques de tal modo con Él, que, como dice el Apóstol, para ti vivir sea Cristo.
Así podría seguir escribiendo horas y horas. No he pretendido ser exhaustivo. Si se me ocurren más ideas ya las iré añadiendo. Perdona por el rollo (no he querido ser paternalista). Lo que he pretendido es compartir mi pobre experiencia por si a alguien le puede ayudar. Un abrazo.
Pepe Nerín
13.8.2010