OPTAMOS POR UNA PEDAGOGÍA
ACTIVA Y LIBERADORA
A la hora de trabajar pastoralmente con jóvenes no podemos hacerlo de cualquier manera: la pedagogía debe estar en función de nuestras opciones de Pastoral Juvenil.
LO QUE NO DEBE SER
Tenemos la tendencia a dedicarnos a reuniones y más reuniones. Se habla de "reunionitis", oímos constantemente la expresión "¿otra reunión más?", y rellenamos nuestras agendas tan sólo con ellas.
Nos estamos convirtiendo en pequeños monstruos con enormes cabezas a causa de tanto darle al coco, de tanto formarlas y transformarlas, de tanto reflexionar y dedicarnos a "formarnos". Y castigamos al personal a clases y clases puramente intelectuales siguiendo unos temas y sacando (si lo hacemos) unas conclusiones muy poco operativas en la mayoría de los casos y muy poco transformadoras de la realidad.
Si algún osado nos dice que no le damos a la movida accionaria, entonces contestamos que en las reuniones nos movemos mucho con tanta dinámica de grupo como hacemos, o contamos la cantidad de actividades que llevamos a cabo, una detrás de otra, omitiendo decir que estamos mareados y sin rumbo tras dar tantos pasos hacia ninguna parte.
LO QUE SÍ PUEDE SER
Como su propio nombre indica, se trata de "formar por la acción y para la acción". O dicho de otra forma: "partir de la vida de los jóvenes, analizarla en profundidad, especialmente con una mirada y juicio evangélicos, e intentar transformarla, según el modelo del Reino de Dios, para liberarla de todas sus esclavitudes".
Tenemos, por tanto, que partir de la vida de los jóvenes, lo cual no es especialmente difícil si estamos "encarnados", metidos en ella. El problema es que no siempre es así, que estamos más desencarnados que otra cosa, por lo cual nos convertimos en eso: en "fantasmas".
Para ayudar a comprender mejor las opciones pedagógicas que proponemos, bueno será tener en cuenta la actitud pedagógica de Jesús tal y como aparece en los Evangelios. Por ello hemos seleccionado una serie de textos que os presentamos a continuación:
Jn 10,3-5.11-16 (ovejas): conocimiento del otro y mutuo.
Mt 14,28-31 (camina sobre las aguas): parte de los centros de interés (protagonismo); se pegan el tortazo y echa una mano.
Jn 6,1-15 (multiplicación de los panes): parte de lo que hay, y ayuda a superar y compartir.
Mt 13,3-8.26-29 (sembrador): distinto ritmo, ambigüedad (bien y mal juntos).
Lc 13,6-9 (higuera): paciencia, maduración lenta.
Jn 7,3-6 ("Ve a hacer milagros"): no estrella, no resultados inmediatos.
Mc 3,20 ("No podían ni comer"): estar siempre disponible.
Jn 14,18-20;16,33 ("No os dejaré huérfanos"): estar con ellos incluso en momentos de crisis.
Mt 20,21-28: servicio.
Jn 17,24-26 ("Les dí a conocer tu nombre"): dar a conocer a Dios.
Mt 4,5-7 (tentación): no tratar de deslumbrar.
Mc 9,38-40 ("no es de los nuestros"): no competencia con otros.
Mt 11,28-30 ("mi yugo es suave"): no quiere poner cargas, alivia, libera.
Mt 16,16-24 ("Tú eres el Mesías"): anima y corrige.
Mt 14,15-16 ("Dadles vosotros de comer"): invita a la acción.
Jn 10,25-26 ("Las obras que yo hago"): él actúa, enseña por la acción, juzgar a partir de hechos.
Mt 10,5-15 ("los envía con recomendaciones"): planifica lo que hay que hacer.
Lc 14,28-33 ("Si uno quiere edificar una torre"): realizar acciones según las posibilidades.
Lc 9,10 (le cuentan y se retiran a un lugar apartado): revisión tras la acción.
Jn 17,20-21 ("Que todos sean uno"): unidad, espíritu de equipo y de comunidad.
Mt 19,25-26 ("Para Dios todo es posible"): superar las limitaciones con la ayuda de Dios.
Lc 12,29-31 ("No andéis preocupados"): confianza en Dios que conoce nuestras necesidades.
Jn 17,6-11 (oración al Padre): reza por sus discípulos.
Mc 9,14-29 (epiléptico): oración.
Lc 11,5-13 (amigo inoportuno): actitud de petición a Dios.
Mt 7,21 ("Señor, Señor"): unir oración y acción.
Hemos de aprender a ver la vida en profundidad, a tener un conocimiento crítico de la realidad, a ir a la raíz. Y también a centrarnos en hechos concretos, en vivencias juveniles de la vida normal, superando nuestra tentación a divagar.
En los hechos debemos analizar a los diversos personajes que en ellos intervienen, sus motivaciones, actitudes, etc., incluidas, por supuesto, las nuestras. Debemos compararlos con otros hechos parecidos, y detectar las causas y consecuencias de los mismos. Y siempre preguntarnos: en el fondo ¿qué está sucediendo ahí?
Pero no basta con "ver" desde nosotros: hay que ver "desde Jesús". Comparar la realidad con el Reino de Dios manifestado en la vida y palabras de Jesús. Adecuar nuestra visión a la suya. Dejarnos interpelar por él. Imaginar la misma realidad según el Plan de Dios. Atrevernos a imaginarnos distintos también nosotros, asumiendo la necesidad de convertirnos.
Y atrevernos a elaborar proyectos transformadores: de nosotros mismos, de la realidad juvenil y de las estructuras que nos condicionan.
Para todo ello tenemos un estilo y un método muy adecuado: la Revisión de Vida, o sea, lo del ver, juzgar y actuar, incluyendo el celebrar y revisar.
¿Y LA FORMACIÓN? ¿Y LOS CONTENIDOS?
Que no nos olvidamos de ello, tranquilos. Y no sólo no nos olvidamos sino que vamos más allá: vamos hacia la trans-formación.
Como hemos mencionado antes al hablar de la "dimensión catecumenal", no caigamos en la trampa de coger un libro de temas e irlos siguiendo sin más uno detrás de otro. Y tampoco en la de prescindir de alguno de los pasos que indicaremos luego a propósito de la Revisión de Vida: ver-juzgar-actuar-celebrar-revisar (ver Apéndice 7).
. Hay quienes tras constatar algo (ver) quieren pasar directamente a la acción sin dejarse empapar por la visión de Dios: son los "activistas".
. Los hay que jamás actúan porque se limitan a contemplar y a formarse más y más.
. Hay quienes sin apenas ver la realidad se sienten iluminados directamente por Dios para pasar a la acción: son los que quieren hacer prosélitos y convertir a otros, menos a sí mismos, conquistando el mundo "para Dios" (?).
. Y los hay que no celebran o que no revisan: son los que poco a poco van perdiendo de vista a ese Espíritu de Dios imprescindible para la transformación, y acaban derrotados por sus mismos errores no corregidos.
UNA APROPIADA "PEDAGOGÍA DE LA FE"
No podemos dedicarnos a una mera transmisión de "verdades eternas", cual si fueran unos contenidos muertos, tochos y aburridos, lejanos de la vida de los jóvenes.
Dios no es un doctor de la ley, ni un inmenso código repleto de cánones jurídicos, ni un examinador de frases aprendidas de memoria. Dios es nuestro Padre que está entre los jóvenes y que nos invita a descubrirle allí, y que nos juzgará no por lo que hayamos aprendido en los libros sino por lo que hayamos hecho en la vida con sus hijos más necesitados (= con su Hijo mismo).
Por eso necesitamos una pedagogía de los signos: partimos de que en la vida pasan muchas cosas, que está llena de significados y de sentidos, y que hay que detectar los signos que nos remiten a Dios y los que nos apartan de El.
Y necesitamos fundamentalmente una pedagogía que nos lleve a hacer experiencias de vida cristiana. ¡Qué pena sería que nos pasáramos la vida trabajando con jóvenes y luego resultara que no les habíamos ayudado a tener la experiencia de Dios en su vida! Seguramente sería porque nosotros tampoco la habíamos tenido por no buscarla.
SE TRATA DE UN PROCESO:
Qué entendemos por "proceso".
Hablar de "proceso" (palabra que viene del latín y significa "ir hacia adelante", "progresar") significa, utilizando expresiones de Lola Arrieta (Revista Documentación Social nº 81, p. 100), hablar "de 'fases secuenciadas' que se suceden en el tiempo, transformaciones que se enlazan unas con otras a partir de un conjunto de influencias. Siempre suponen 'cambio'. Trabajar con jóvenes supone implicarnos en Procesos de Grupos con una metodología acorde con nuestros objetivos".
Un Proceso transformador y educador de personas.
Tanto de los jóvenes como de los animadores: ambos están implicados en el mismo proceso de una manera dinámica y relacional. Su relación es recíproca: lo que les pasa a los jóvenes también les ocurre a los animadores, al menos en algún momento del trayecto. Ambas partes van a hacer sus aportaciones desde su particular y distinta situación. Y si la relación es profunda y el juego va en serio, ambos van a quedar modificados en el itinerario, ambos van a descubrir y descubrirse, a educarse mutuamente.
Que parte no de las "carencias" sino de las "posibilidades".
Si nos centramos fundamentalmente en las carencias que detectamos en los jóvenes nos situaremos frente a ellos desde una postura de superioridad, tal vez considerándonos a nosotros mismos como personas "completas". Desde esta postura tenderemos más a "darles" que a compartir con ellos, más a rellenar sus vacíos que a vivir con ellos una experiencia apasionante, y tenderemos a desanimar a los que consideramos "carentes". Es importante que estemos convencidos de que el joven, por muchos y difíciles que sean sus problemas y por desasosegante que aparezca el itinerario que ha llevado, siempre encierra en sí posibilidades susceptibles de desarrollar y de motivar.
Un Proceso "programado".
Con todo lo que supone una programación: un análisis de la realidad, con unos objetivos, unos medios (subordinados a los anteriores y no al revés), una cronología y una evaluación. Fruto de lo cual es un programa de actuación con la suficiente flexibilidad para admitir las oportunas correcciones incluso en el transcurso de su realización; y que tenga en cuenta, lógicamente, a los jóvenes destinatarios, así como otras programaciones que traten de intervenir o intervengan sobre este colectivo.
Que comienza con un "análisis de la realidad".
Se parte de hechos concretos para analizarlos en profundidad: descripción amplia, análisis de las personas que intervienen, comparación con otras situaciones parecidas, análisis de las causas y de las consecuencias, etc. Este análisis de la realidad intenta descubrir necesidades, motivaciones, capacidades de los jóvenes y de los animadores, disposiciones para salir adelante, etc.
Proceso que exige una actuación integral.
No podemos limitarnos a uno o unos pocos de los aspectos de la realidad en que se encuentra el joven. Es precisa, por tanto, una actuación integral que tenga en cuenta las diferentes perspectivas desde las que se puede enfocar su situación. Por ello habrá que atender aspectos tales como las relaciones internas y externas del grupo, el significado que los propios jóvenes dan a su vida y a sus acciones, sus razones profundas, el análisis del proceso anterior, del "pasado" de los jóvenes, las contradicciones internas y externas que los mediatizan, etc.
Y que se apoya en la elección de un Modelo de Grupo.
Nosotros optamos por el trabajo de grupo en la animación con jóvenes. Y lo hacemos por el siguiente modelo en nuestro estilo de trabajo con los grupos:
. No un "Modelo Individual de Grupo": grupo como agregado de personas, como un todo común y unitario perfectamente ordenado por la jerarquía. Modelo centrado en la autoridad del "padre", en el que los jóvenes son gente a la que hay que enseñar a cambiar porque no saben o no pueden. Los animadores son los "agentes" frente a los "pacientes" que deben someterse a los planes diseñados por los primeros.
. No un "Modelo Grupal" en el que el pequeño grupo aparece como un campo de fuerzas que organiza y estructura al grupo en cada momento, creando su propia estructura, normas y papeles, pero en el que el grupo se convierte en refugio, se difumina la individualidad y se potencia lo común, la acogida, los sentimientos, evitando la confrontación.
. Sí a partir de un "Modelo Psico-Social de Grupo": el grupo como un sistema abierto en interacción constante con el sistema total y lugar de referencia desde donde llevar a cabo cambios. Asume los conflictos, se organiza en democracia horizontal y sus miembros se definen en función de una realidad (y no de la autoridad ni del grupo) ante la que tienen que organizarse para conseguir determinadas metas. Se fomenta la participación y la creatividad.
. Hacia un "Modelo integral comunitario" que parta de la situación de los jóvenes y que los ubique en su contexto, que deduzca necesidades y esboce el plan de acción organizando las estructuras de apoyo; y que lleve a cabo el plan elaborado. En definitiva, que no trate de adaptarse a lo que hay socialmente sino que se esfuerce por contribuir a establecer un nuevo orden social. (Lola Arrieta: "Los procesos de reinserción de grupos marginados", en Revista Documentación Social nº 81, pp. 99-129).
Un Proceso de resolución de problemas, teniendo en cuenta su génesis (tratamiento de las causas).
Muchos suelen ser los problemas que aquejan a los jóvenes, si bien en cada uno toman matices distintos como corresponde a personas que han seguido su propio itinerario.
Ante los mismos, los que los padecen pueden adoptar posturas diversas, según sea su psicología personal y su tendencia al optimismo o al pesimismo.
En este proceso es imprescindible que el interesado quiera resolver su situación y que, a la vez, se deje ayudar en el análisis de su realidad y en la búsqueda y adopción de soluciones.
Que lleva a trabajar de lo externo a lo interno, y de lo sencillo a lo complicado.
Empezando por cosas muy sencillas cuya no complicada y buena ejecución provoque rápidamente gratificaciones y estímulos para seguir adelante en búsqueda de logros más complicados. Yendo de lo externo hacia lo interno, es decir, de los comportamientos hacia las actitudes profundas que revelan estos comportamientos exteriores.
Con un seguimiento de los casos.
Seguimiento del que acompaña de una manera consciente y organizada en función del plan que nos hemos marcado. Seguimiento que analiza los éxitos y fracasos del itinerario en sus diversos aspectos (personal, relacional, formativo, social, etc.), y que exige la participación en el mismo tanto del propio joven como del equipo de animadores.