¿QUÉ ESTÁ PASANDO

CON EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA?



¿SE CONFIESA EL PERSONAL?

Por lo general, la gente se confiesa muy poco. Lo hacen más las personas mayores que son, por otra parte, las más apegadas a las prácticas de otros tiempos. Los jóvenes, en cambio, se confiesan muy poco o nunca. Los niños no se suelen confesar, a no ser que se lo pongan en bandeja (p.e. en los colegios). Las mujeres se acercan a este sacramento más que los hombres, pero las diferencias entre los sexos tienden a desaparecer, sobre todo en las edades más jóvenes. La gente, a pesar de no confesarse, pasa a comulgar ahora con más frecuencia que antes.



¿DÓNDE SE CONFIESAN?

Allí donde hay curas que se colocan en los confesonarios. Va especialmente a los sitios tradicionales. Un lugar clásico de toda la vida ha sido el Pilar en donde antes te encontrabas con colas y ahora sus confesonarios están vacíos hasta de curas.



¿POR QUÉ OCURRE ESTO?

Por varios motivos:

- Hay un problema de "facilidades".

Existe el inconveniente de que no encuentres curas en los confesonarios. A la gente le resulta incómodo ante esa situación dirigirse a la sacristía, p.e., y pedirle al cura que le confiese.

Los templos, que antes solían estar casi todo el día abiertos, ahora están cerrados en muchos momentos, y no puedes aprovechar para entrar y confesarte.



- Otro problema es el de los "confesores".

Los curas no insisten mucho en este sacramento, pero pueden influir mucho. Te encuentras de todo: el que te anima y te comprende, o el que trata de todo lo peor. También puede existir el miedo ante la penitencia que te pueda imponer el cura, si bien antes eran más tajantes poniendo fuertes penitencias.



- Se ha cuestionado la manera de hacerlo antes.

No nos gustaba la forma ni la frecuencia del sacramento: ahora pensamos que a menudo lo hacíamos por rutina, obligados, etc. No profundizábamos en el sentido del pecado, y al quedarse en algo superficial ha sido fácil su desaparición.



- Pero también ha habido desconexión entre el sacramento y la vida.

Por ello la solución ha consistido en no confesarse.

Hay un sentimiento de que tras confesarte no cambias: los pecados de que te confiesas son siempre los mismos.



- Hay dificultad actualmente en comprender el sacramento de la Penitencia.

Hay quienes opinan que por qué deben contarle sus pecados a otra persona (el cura) tan pecadora como ellos. Hay gente que prefiere hacer "apaños" entre uno mismo y Dios, perdiéndose, por consiguiente, el aspecto comunitario del sacramento. Finalmente, la gente no quiere ser "controlada" ni sometida.



- Ha cambiado la conciencia de pecado.

La palabra "pecado" no nos gusta: se ha asociado con mentalidad de miedo, cosa mal hecha, etc. Se ha abusado de ella. Sólo parece existir el error humano, los fallos humanos.

Antes nos machacaban con que si tal cosa era pecado, tal otra también, etc., y así casi todo era pecado. Se generaron muchos sentimientos de culpabilidad en las personas. Ahora nos hemos ido al otro extremo.

La moral de situación se ha ido imponiendo: todo depende de las circunstancias (incluido el pecado).

En algunas cuestiones se ha modificado la manera de pensar de mucha gente, p.e. en puntos relacionados con el sexto mandamiento; o también en la observancia de leyes y normas eclesiásticas (misa del domingo, no comer carne los viernes de Cuaresma...).

Aunque cada uno normalmente sabemos cuando algo está bien o está mal, la rutina puede hacer que desaparezca la conciencia de pecado. Un pecado muy de moda es el de "omisión".

Muchas veces se relaciona el sacramento con la culpa en lugar de hacerlo con la misericordia de Dios.



- El ambiente secularizado y de indiferencia religiosa.

La Iglesia hoy en día ha perdido influencia y ya no "marca" la vida de la gente.

El actual cristianismo "a la carta": cojo de la religión lo que me interesa (normalmente lo menos exigente). Y nos formamos una moral a nuestro gusto.

La autosuficiencia del hombre de hoy.

La influencia de los medios de comunicación: proponen otros modelos, p.e. la búsqueda del placer ante todo.



- Últimamente a algunos se les plantea el problema de que, según el Arzobispo, ya no "vale" la confesión comunitaria. Entonces, ¿qué hago, ya que me había agarrado a esa fórmula como más cercana a mi mentalidad y estilo?



HABLEMOS DEL PECADO Y DE LA SALVACIÓN

¿SIGUE HABIENDO PECADOS?



Sí. Aunque hemos abusado de esta palabra y de lo que significa. Señalemos algunos defectos que han existido en la presentación teológica del pecado:



¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE EL PECADO?

- El pecado en el Antiguo Testamento:

S. Juan dice: "Si afirmamos no tener pecado, nosotros mismos nos extraviamos y, además, no llevamos dentro la verdad" (1 Jn 1, 8).

. En el Nuevo Testamento se habla de tres casos:

1º) pecados que no son escandalosos ni contra el prójimo: se perdonan por el solo hecho de que el que lo ha cometido los reconozca; 2º) pecados contra el prójimo: se perdonan mediante la reconciliación con el prójimo ofendido; 3º) pecados especialmente graves y escandalosos: se perdonan mediante la reconciliación comunitaria, caso en el que solía intervenir el dirigente de la comunidad (obispo).



¿QUÉ PODEMOS ENTENDER, PUES, HOY POR "PECADO"?

Dicho lo anterior, es difícil que un pecado aislado sea "grave". Sólo lo es si uno rompe en serio con Dios a causa de su actitud.



VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD QUE FAVORECE EL PECADO

Y EL PECADO PRODUCE UNAS CONSECUENCIAS

A PESAR DEL PECADO, DIOS QUIERE SALVARNOS

DIOS NOS HACE UNA LLAMADA PARA QUE NOS CONVIRTAMOS

HISTORIA DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

Ha ido variando el nombre del sacramento: en los primeros siglos se habla de "penitencia", a partir de la Edad Media de "confesión" y tras el Concilio Vaticano II de "sacramento de la penitencia o de la reconciliación penitencial".

La celebración del Sacramento de la Penitencia también ha experimentado gran cantidad de cambios a lo largo de la Historia de la Iglesia.

1) El Miércoles de Ceniza el Obispo en una ceremonia pública escuchaba la confesión de los pecados y expulsaba (excomunión) al pecador de la comunidad.

2) El pecador, vestido de penitente, tenía que pasarse un lago período de tiempo (a veces años, y en algún caso toda la vida) haciendo sacrificios muy fuertes (ayunos, oraciones especiales, privarse de diversiones y de vida matrimonial...).

3) El Jueves Santo por la mañana: el Obispo recibía al penitente y realizaba la reconciliación pública con la comunidad celebrándose una fiesta.

La penitencia era un acto comunitario y ponía de manifiesto la reconciliación con la Iglesia (comunidad) y mediante ésta la reconciliación con Dios.

El rigor de las penas penitenciales y la imposibilidad de repetir el sacramento trajo como consecuencia que éste se retrasara hasta la vejez.

. Primitivamente sólo se usaba una sede para el confesor: cerca de un altar, en una capilla lateral; era una sede abierta (un sillón sin más, sin rejas ni nada).

. En el rito bizantino (en Oriente) se hacía sin sillón: penitente y confesor se colocaban de pie los dos ante un icono (destacando así el que Dios era el importante y que el confesor también participaba de la condición de pecador como el penitente).

. Fue S. Carlos Borromeo (siglo XVI) el que va poniendo la costumbre de sedes cerradas a los lados (no por delante) y con rejas. El Ritual de Pablo V (1614) contribuye a propagar esta costumbre.

. El uso de los actuales confesonarios es muy reciente: en algunos lugares sólo se impone en el siglo XX.

. El Ritual actual habla de que sea un lugar discreto, iluminado, que haga posible la lectura bíblica y la imposición de manos.

. El problema de la "reja" lo solventa el Nuevo Código de Derecho Canónico diciendo que siempre debe haber una pero de uso libre.





LA CELEBRACIÓN DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

- Existen actualmente tres formas determinadas por la Iglesia:

1) La individual: el penitente acude a un sacerdote, confiesa sus pecados y recibe la absolución. Es la forma tradicional de este siglo.

2) La comunitaria con absolución individual: se reúne una comunidad de cristianos presidida por los sacerdotes celebrándose comunitariamente el sacramento mediante una reflexión en común, lecturas, examen en común, para luego pasar cada uno al sacerdote, confesar sus pecados y recibir la absolución individualmente. Es la que hacemos en la parroquia en los tiempos de Adviento y Cuaresma principalmente.

3) La comunitaria con absolución colectiva: se distingue de la anterior en que no hay confesión individual y en que la absolución es colectiva. Es una forma extraordinaria para ocasiones muy especiales y hay que pedir permiso al Obispo para hacerla. Permanece la obligación de que tras ella cada uno cuando pueda realice la confesión individual (fórmula 1).

Con sus características distintivas, las tres formas son buenas y complementarias.



- La Celebración del Sacramento está plagada de "gestos" significativos. Los fundamentales son la confesión de los pecados, la fórmula de arrepentimiento (contrición) y las palabras de la absolución. Y, además, según el Ritual son partes imprescindibles la aceptación de la penitencia y la despedida.



- Aunque no siempre los curas siguen todo esto, el nuevo Ritual establece unos pasos en la celebración que la hacen más rica y llena de significado. Veamos, por ejemplo, los propuestos para la celebración individual:

a) El rito de acogida: tiene que haber un gesto amable de acogida por parte del sacerdote; la señal de la cruz (no hay que empezar con el tradicional "Ave María purísima"); y unas palabras del cura invitando a que el penitente ponga su confianza en Dios (auténtico protagonista del sacramento).

b) Lectura de la Palabra de Dios: puede leerse a continuación algún texto, si bien sería incluso mejor que el penitente lo leyera cuando está preparando su confesión. El acudir al sacramento es, lógicamente, una respuesta de la persona a la llamada que Dios le hace a través de su Palabra.

c) Confesión de los pecados: el Ritual dice que mejor si se hace arrodillado.

d) Exhortación del cura: no tiene que ser un sermón ni una charla piadosa o psicológica, sino una invitación (como una monición) al arrepentimiento.

e) Satisfacción o penitencia: se impone una penitencia adaptada a los pecados confesados y que incluso puede ser propuesta por el mismo penitente.

g) Imposición de manos: una vez terminado lo anterior, con el sacerdote puesto en pie; signo de que Jesús lo acoge, santifica y comunica el Espíritu Santo.

h) Palabras de absolución: a la vez que le impone las manos pronuncia estas palabras en que se relaciona la absolución con Dios Padre, Hijo y Espíritu así como con la Iglesia.

i) Conclusión: mediante una acción de gracias o una oración conclusiva.





PROPUESTAS PARA UNA RENOVACIÓN

Habría que educar en las siguientes actitudes:

Habría que propiciar cambios como éstos:

Hacer celebraciones sectoriales: con jóvenes, con adultos, con abuelos, etc.



PARROQUIA MADRE DE DIOS DE BEGOÑA

Equipo de Liturgia

Zaragoza, octubre de 1994