¿Persecución religiosa en España?

José Manuel Vidal, Religión Digital 17.12.10

Benedicto XVI denunció ayer que «los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe». Estas persecuciones incluyen violencia mortal en África, Asia y Oriente Medio, mientras que en algunos países occidentales consisten en «formas más sofisticadas de hostilidad» centradas en «renegar de la historia y de los símbolos religiosos» siguiendo estrategias «que fomentan a menudo el odio y el prejuicio», traicionando «el pluralismo y la laicidad de las instituciones». ¿Hay realmente persecución religiosa en Europa y en España?

¿Dónde está la persecución (así, como suena, de contundente) religiosa en España? A lo sumo, podría hablarse de cierta hostilidad de algunos sectores político-sociales contra el catolicismo. O, mejor dicho, contra la jerarquía (alguna jerarquía) de la Iglesia católica. Contra esa jerarquía o cúpula jerárquica que ha conseguido que la imagen de la Iglesia pasase, en menos de dos décadas, de ser una de las instituciones más valoradas en tiempos de Tarancón a ser la peor valorada, al mismo nivel que los políticos, en estos momentos.

Ése es el capital simbólico que Rouco y Compañía se dejaron en el camino. Un capital que siguen empeñados en dilapidar, porque continúan transmitiendo la imagen de una Iglesia hosca, dura, sin entrañas, que dice a todo que no, que no le importan los desfavorecidos y que trata de imponer su moral a toda la sociedad. Y eso es lo que la gente rechaza.

Y, por supuesto, nada de persecución ni siquiera de hostilidad en la gente. Lo que hay en España hacia la Iglesia es un sentimiento mayoritario de cierta pena por lo que ha sido y lo que es y por su insensibilidad social. Y sobre todo, mucha indiferencia. La gente pasa ampliamente de Rouco y compañía, aunque sigue valorando a curas, frailes, monjas, voluntarios y catequistas que trabajan a pie de obra.

Este es el gran "pecado" o el gran reto de la Iglesia española: la indiferencia masiva de la gente ante sus mensajes y, lo que es peor, ante el del Evangelio, vehiculado por una institución sin crédito social.

¿Persecución, hostilidad? No las veo por ninguna parte. Aunque ya sé que otros (los de la cruzada y la fortaleza asediada) las ven por doquier. Ya saben, todo depende del color con se que mire... Pero a algunos habría que pedirles cuentas por este evidente descalabro de la imagen social y de la autoridad moral de la Iglesia española. No tardaran en hacerlo.

José Manuel Vidal