PERSONALIZAR LA FE
Introducción. ¿frase de moda?
En los últimos tiempos aparecen en la Iglesia frases que se ponen de moda y que nos levantan la sospecha de que dicen tanto que no sabemos qué quieren decir en concreto. Frases como nueva evangelización, civilización del amor, pastoral misionera, etc. al final pensamos que son cosas de siempre, solamente que dichas de otra manera.
Aunque es verdad que todo lo nuevo arraiga en la ya larga tradición de la Iglesia, tenemos que estar atentos, en tiempos de tantos cambios que ya dijo el Concilio son profundos y acelerados, a descubrir la parte de novedad que llevan consigo.
Una de ellas es esta frase de personalizar la fe, que ahora nos ocupa. Como ejemplo podemos citar que en uno de los primeros encuentros de Benedicto XVI, en concreto con los sacerdotes del valle de Aosta, donde descansaba su primer verano como Papa, a la pregunta sobre el sufrimiento por la falta de vocaciones, contestó: "Hemos de profundizar en la certeza de una relación personal y profunda con el Señor. Porque la certeza puede crecer también con consideraciones racionales (...) pero llega a ser personal, fuerte y exigente en virtud de una amistad con Cristo vivida personalmente cada día. Por consiguiente, la certeza exige esta personalización de nuestra fe, de nuestra amistad con el Señor; así surgen también nuevas vocaciones…"
La mayoría de los que en este momento estamos pensando sobre estas cuestiones en nuestras parroquias, seguro que somos ya de cierta edad y damos gracias a Dios por la certeza de la fe vivida a nuestra manera. Nada de lo que aquí vamos a decir nos va a parecer absolutamente nuevo, pero pensemos en que aquí está en juego la transmisión de la misma fe a las generaciones jóvenes y está en juego la renovación de nuestras comunidades.
La cristiandad que ya no existe
Todos decimos que las cosas han cambiado mucho. También las referidas a la fe. Nos puede ayudar reconocer por dónde han ido los cambios, por ejemplo respecto a cómo nosotros hemos crecido en un ambiente llamado "de cristiandad". Es llamado así porque tenía las siguientes características:
- Era una fe heredada, que pasaba de padres a hijos y aunque cada generación cambiaba algo sus formas, no se ponía en duda sus fundamentos, como hacen ahora ya hasta los niños. Era en esta edad donde casi exclusivamente se daba la educación religiosa en el ámbito de la familia, de la escuela y hasta es relativamente reciente la introducción de la catequesis en la parroquia.
- Era una fe sacralizadora, es decir, que daba un aire sagrado a todo no solo con las múltiples manifestaciones religiosas, sino incluso con la presencia confesional de la Iglesia en las realidades temporales y civiles.
- Y era una fe sociológica, apoyada en las prácticas sacramentales generalmente aceptadas (bautizados, comulgados, casados y enterrados por la Iglesia), pero a menudo practicadas al margen de la vida.
- Así la Iglesia, sobre todo a través de las parroquias, se convirtió y es todavía más una institución dispensadora de servicios religiosos que, en palabras del Vaticano II, Congregación de creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación y principio de la unidad y de la paz.
- Y finalmente una Iglesia que como institución permanece apoyada en los sacerdotes como exclusivos ministros o servidores, y eso hace que permanezca la minoría de edad de los laicos sin capacidad de decisión, sin motivación para formarse, con escasas oportunidades de participación.
* ¿Reconocemos que estamos en otra situación?. Poner ejemplos de cómo en nuestras parroquias subsisten prácticas de pastoral de cristiandad.
La experiencia de la fe en un mundo secular
No parece que tenga futuro la situación antes descrita. Nos planteamos cómo ser cristianos en un mundo en el que creer ya no es evidente, donde la fe ya no es transmitida mayoritariamente en la familia ni en la escuela, rodeados por un ambiente materialista que no pone nada fácil vivirla y expresarla.
El gran don del Concilio Vaticano II y los esfuerzos de renovación que produjo han modelado las grandes líneas de un nuevo modo de vivir la fe y de un nuevo modelo de parroquia a la altura de nuestro tiempo. Lo que se echa en falta es que, como dijo Juan Pablo II al definir la nueva evangelización, se ponga en práctica con nuevo ardor, nuevas expresiones y nuevos métodos.
Para ayudarnos a nosotros mismos, contando con la primera y principal ayuda del Espíritu, a poner en práctica aquellas orientaciones, comencemos aquí solamente citando dos grandes líneas que es esencial que orienten siempre nuestros proyectos parroquiales.
1. Una Iglesia compuesta por comunidades vivas, hombres y mujeres con iniciativa y responsabilidad. Lo cual significa que la parroquia pase a ser "comunidad de creyentes" más que "centro de servicios religiosos".
2. Una Iglesia que sea fermento en el mundo secularizado, que respete las instituciones humanas y se haga presente con el testimonio y la oferta del estilo de vida según el Evangelio. Esto significa comunidades parroquiales misioneras, que se hacen presentes, dan testimonio y evangelizan su entorno por su servicio gratuito y cercano a las personas.
Pero no son estas grandes líneas precisamente fáciles de llevar a la práctica. Porque significan un cambio profundo de nuestro ser, demandan el cambio de una fe heredada y sociológica a una fe personalizada.
* Antes de describirla podemos indicar qué señales vemos de que en nuestra comunidad parroquial vamos caminando en esta dirección.
Personalizar la fe
Siempre se dijo que uno no nace, sino que "se hace" cristiano. El Concilio no considera la fe como una simple herencia sociológica, sino como respuesta libre a una llamada personal: "Donde quiera que Dios abre la puerta de la palabra para anunciar el misterio de Cristo (...) hay que anunciar al Dios vivo y a Jesucristo, enviado por El para salvar a todos, a fin de que los no cristianos, creyendo se conviertan libremente al Señor y se unan a El con sinceridad, quien, por ser camino, verdad y vida, llena todas sus esperanzas..." (AG 13).
Uno se hace creyente al acoger el amor de Dios que llega de mil modos y responder con toda su persona a ese don. Precisamente recordándonos esta verdad de fe, comienza la primera encíclica del Papa Benedicto: "Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (Deus est charitas. Introducción).
El Papa nos dice claramente que lo primero no es cumplir unas normas morales o conocer unos grandes principios doctrinales, sino vivir la experiencia del encuentro personal con Dios. Este es el fundamento de nuestra vida cristiana y tendría que ser la referencia fundamental del ser y quehacer de toda comunidad cristiana.
Por eso hoy se habla de pasar de un modelo de asimilación a otro de personalización de la fe. Pongamos un ejemplo que ya se está poniendo en marcha entre nosotros en la catequesis familiar: se trata igual que antes de transmitir los contenidos de la fe cristiana a los niños para que los asimilen, pero desde una perspectiva bien diferente. No solamente se trata de que se haga esa educación de la fe en la parroquia con la participación activa de los padres, sino que se haga desde la referencia de una comunidad viva de adultos en la que se integren los propios padres, comunidad que cultiva y transmite su propia experiencia de Dios a los niños.
En el mundo que tenemos solamente así los niños, adolescente y jóvenes acompañados en un proceso, a la vez que crecen en edad, en libertad, crecerán en una fe madura y comunitaria y si no, pronto la dejarán, como así nos sucede.
Y esto que decimos de los demás tenemos que decir de nosotros mismos. Es toda la comunidad la que tiene que estar en camino de permanente conversión a que sea la experiencia de Dios, en el seguimiento de Jesús, lo que conforme nuestras vidas.
Así podemos concluir con algunas claves concretas del cambio que significa que en las parroquias nos pongamos en camino de personalizar la fe:
1. Para los que ya formamos parte de la comunidad, apliquémonos lo dicho en el tema anterior sobre la formación permanente como discípulos del Señor.
2. A quienes lleguemos con nuestra tarea evangelizadora tenemos que ofrecer procesos de iniciación a la experiencia de Dios. Además de los ya citados para niños, también para jóvenes y para adultos. Si el punto de partida tiene que ser la opción libre, en autenticidad, para que se de un verdadero proceso de transformación de la persona, tenemos que tener paciencia en el acompañamiento de esas personas. Lo que significa que esta tarea de formar cristianos debe ser prioritaria a los servicios parroquiales. El ser precede al hacer.
3. Tomar conciencia de que la Comunidad es el sujeto primero de la transmisión de la fe. En la comunidad cristiana se dan los cauces de acompañamiento constituyendo grupos de catequesis de adultos, grupos de formación, grupos donde ser revise la vida a la luz del evangelio... Esto exige que la parroquia tenga como prioritario la preparación de catequistas en el sentido de personas capaces de acompañar esos procesos.
4. Tiene una especial importancia para entrar en la experiencia personalizada de la fe, el cultivo de la vida de oración personal, a lo que a su vez alimenta especialmente la oración litúrgica propia de la comunidad.
5. En síntesis, que el mejor modo de acompañar a quienes cerca de nosotros quieren ser cristianos es que seamos testigos vivos de una comunidad solidaria, fraterna y orante: En esto conocerán que sois discípulos míos (Jn 13, 34-35).
* Según estas explicaciones, y referido al cultivo en la Parroquia de nuestra vida de fe, qué sugerencias harías:
- o de cambios o mejora de lo que ya hacemos,
- o qué habría que añadir o tener en cuenta.
Santi Alonso