PIPI Y JIMMY
No hace muchos días me encontraba en plena navegación en Internet
cuando me llamó poderosamente la atención cuáles eran las dos noticias más
consultadas hasta ese momento.
La primera hacía alusión a la pelea televisiva que dos
“comunicadores” de los medios habían tenido en el interior y en el exterior del
plató. Los dos púgiles en cuestión eran Pipi Estrada y Jimmy
Jiménez Arnau. La posibilidad que da Internet de ver imágenes y vídeo hizo que
sintiera curiosidad por ver qué había pasado entre las dos eminencias. Al
parecer había algo de faldas de por medio y, por ende, algo de cuernos. Ambos
tertulianos (cuya profesión y estudios ignoro) se habían enfrascado en un
debate en el que se argumentaban las razones de cada uno cruzándose adjetivos como cornudo, toxicómano
y maricón, amén de citar a sus respectivas madres con adjetivos nada
edificantes. Las voces se levantaban y también las manos amenazantes. Insultos,
descalificaciones, palabras más que gruesas y amenazas nada veladas entretenían
al respetable formado fundamentalmente por adolescentes engominados que reían
las gracias de los protagonistas.
Las siguientes imágenes son ya fuera del plató. Los dos
contertulios se enfrascan a bofetadas mientras técnicos, con un par de cascos
como Dios manda, intentan poner paz porque los puñetazos ya habían hecho acto
de presencia. La cámara va y viene de un lado a otro captando los sopapos de
los tipos y los intentos de separarles de los técnicos que, dicho sea de paso, también
reciben algún mamporro. Mientras todo esto pasa, el público (que no ha podido
ver en directo la pelea) espera paciente a ver si se reanuda el programa.
Les aseguro que no sé nada de los dos tipos televisivos. He leído
que el tal Pipi tiene una hija con una actriz porno o algo así… y de Jimmy recuerdo algo de su pasado vinculado a la familia de
Franco; hay que ver cómo cambia todo. Lo cierto es que no se puede esperar gran
cosa de dos fulanos que, peinando canas desde hace tiempo, se llaman Pipi y Jimmy… pero les aseguro que cobran una pasta gansa por dar
ese ejemplo tan edificante en la tele. También les aseguro que la productora y
la cadena de televisión que hay detrás se embolsan cantidades suculentas por
tener a dos imbéciles partiéndose los morros como dos adolescentes rabiosos y hormonados defendiendo su dignidad herida. Hasta ahí la
primera noticia.
La segunda noticia más consultada hacía referencia a las varias
violaciones de chicas menores que se han producido por grupos de chavales
también menores y que han hecho que mucha gente sintiera un escalofrío interno
por ver hasta qué punto es posible el sinsentido de la vida de muchas
criaturas. Andan ahora los técnicos diciendo que el problema es gordo, que hay
un deterioro moral importante, que la vanalización
del sexo y la violencia hace que estas conductas vayan apareciendo; que la
ausencia de límites en los ambientes educativos, familiares y sociales hace que
los chavales no tengan una clara conciencia de lo que está bien y lo que está
mal. Se habla ya de la más que seria pérdida de valores de nuestros jóvenes.
Hay quien, arrimando el ascua a su sardina, clama para que los políticos
reformen la ley del menor y haya penas que escarmienten a estos agresores.
Chavales amigos de los encausados dicen que estos habían tenido un subidón de coca que no habían sabido controlar. Unos y
otros tienen edades de
Yo no quiero sacar ninguna conclusión pero imagino que tal vez
esas dos noticias estén más relacionadas de lo que en un principio pueda
pensarse; tal vez esos chavales no sean más que el reflejo cruel de una
sociedad que exhibe sus miserias televisivamente y saca dinero por ellas; tal
vez los Pipis, Jimmys y esa pandilla de memos
televisivos estén generando un sistema de valores en donde ser un sinvergüenza
sea algo bueno y deseable. No sé si habrá que reformar la ley del menor, pero
tal vez sea más urgente reformar leyes sobre comunicación audiovisual que
permiten que esos tipos se insulten y se peleen en público mientras siguen
cobrando por ello cantidades muy grandes; tal vez la televisión no sea el mejor
lugar para que aparezcan imbéciles que se acusan mutuamente de ser unos
drogadictos y se zurran para argumentar sus razones.
Al final los más jóvenes son las víctimas de un sistema donde al canalla no se le pone ningún límite, se le dan
posibilidades y se le ríen las gracias.
Estos chavales son violadores violados, agresores agredidos, delincuentes
y víctimas. No sé qué hará la justicia con ellos pero seguro que será mucho más
dura e intransigente que con tipos que como Pipi y Jimmy
van paseándose por las pantallas dando a conocer que en estos tiempos ser un
cabrón es bastante rentable.
JOSAN MONTULL
28.7.2009