DIMENSIONES DE LA PASTORAL JUVENIL
Y A QUÉ JÓVENES DIRIGIRNOS EN CADA UNA DE ELLAS
En nuestra PJ deben estar siempre presentes estas tres dimensiones o grandes acciones: la misionera, la catecumenal y la llamada "pastoral", o de vivencia madura de la fe en grupo:
a) Misionera: dirigida a los no relacionados con la parroquia o que pasan del tema.
b) Catecumenal: dirigida a los que se han ido enrollando con nosotros, pero a los que o bien les falta mucho que recorrer y discernir, o bien necesitan ampliar su formación.
c) Pastoral: dirigida a los que llevan procesos de grupos creyentes.
Normalmente suelen desarrollarse la segunda y la tercera, mientras que la primera, la misionera, queda para mejor ocasión. Pero las tres son imprescindibles y si falla una de ellas nuestra PJ queda seriamente limitada. La dimensión catecumenal, por otra parte, no puede reducirse a la etapa de la preparación a la Confirmación.
Éstas son las tres dimensiones que nos señalan los Obispos españoles en sus Orientaciones sobre la Pastoral de Juventud. A ellas hay autores que añaden una cuarta: la dimensión "vocacional", que, si bien es verdad que ha de estar enraizada en la "espiritualidad" y, por consiguiente, en la dimensión pastoral, tiene identidad propia. Dicen los entendidos que la PJ o contempla la vocación de los jóvenes o no es PJ. Nosotros dejamos aquí constancia de ello y remitimos al Apéndice 7 referente a la vocación, que no por ser un anexo hay que contemplarlo como un mero añadido o como algo de importancia menor.
A) LA DIMENSIÓN MISIONERA
Además de los jóvenes insertos en nuestra parroquia, hay muchos otros, la inmensa mayoría, con los que no tenemos relación y a los que, por supuesto, también somos enviados. Son chicos y chicas que no se van a acercar a nuestros grupos ya constituidos por más que los llamemos a gritos desde nuestros recintos; son personas sin fe o con una fe incierta; son compañeros de los chicos y chicas de nuestros grupos, o, en el caso de una minoría, chicos al margen de muchas cosas de las que otros disfrutan.
Toda la realidad juvenil debe ser interesante y atractiva para nosotros, y no únicamente la de los chicos de nuestro pequeño grupo. Si no hacemos una pastoral misionera nos quedamos con la "oveja" de "nuestro" redil y abandonamos a las 99 restantes, seguramente por comodidad.
Siempre está, por desgracia presente la tentación de encerrarnos en los locales parroquiales y mirarnos al ombligo. Desde el inicio nuestra PJ y cada uno de los grupos debemos mirar hacia fuera, en plan de pastoral misionera, con una pastoral que potencie la acción transformadora y evangelizadora en medio de los jóvenes.
Esto hemos de sentirlo como una llamada de Dios que nos envía donde están los jóvenes: para encontrarnos con Él allí, para encarnarnos en su realidad, asumir su situación, solidarizarnos con ellos. Porque sólo se evangeliza: desde dentro, partiendo de las situaciones más comunes, y desde la solidaridad, asumiendo y compartiendo su situación.
Una pastoral misionera no es un salir a: conquistar el mundo; recuperar terreno "perdido", o influencia en el mundo; ir a por los "alejados"; hacer propaganda y proselitismo intentando conseguir adeptos; ni tampoco poner carteles convocando a jóvenes... desde la puerta de la iglesia, como a veces se hace. Sino: seguir la lógica y estilo de la "encarnación" de Jesús;
anunciar el Evangelio a toda criatura; descubrir el Reino de Dios que "está en medio de vosotros"; anunciar la Buena Noticia para los jóvenes; ser fermento transformador; ocupar nuestro lugar "natural" que es el mundo, no los recintos sagrados (locales, templos, comunidades...); invitar a seguir a Jesús.
Pero: ¿dónde están los jóvenes?, ¿qué hacen, quieren, necesitan, rechazan, sufren? Para conocer todo esto y sacar consecuencias de cara a la PJ necesitamos "analizar la realidad" lo cual nos descubre la vida de los jóvenes y amplía nuestras perspectivas. Nos quita "tópicos" y ayuda a captar las diversas realidades juveniles: los jóvenes con los que topamos normalmente; los situados al margen (droga, delincuentes, minusválidos, inmigrantes, etc.); los jóvenes en situación de asociados (asociacionismo juvenil); las "tribus"; los jóvenes de diversas edades, sexo, situación socioeconómica, ambientes, etc.; las plataformas juveniles.
La realidad nos reclama una respuesta: somos "responsables". Y una respuesta siguiendo el modelo de la que dio Jesús. Ello nos está exigiendo una serie de tareas:
. Formar animadores con esta dimensión misionera.
. Preguntarse dónde están los jóvenes, especialmente los que peor lo pasan.
. Ir físicamente allí: lugares, ambientes, instituciones, etc. Mezclarse con los jóvenes en la calle y en sus ambientes. Los animadores procurarán hacerlo en la medida de sus posibilidades y atendiendo a sus circunstancias de edad y oportunidad.
. Pasar muchos ratos con ellos desde una postura solidaria y de igualdad sin paternalismos.
. Observar y recoger los mensajes que nos transmite el mundo juvenil.
. Analizarlos en profundidad: conocimiento lúcido y crítico de su vida y problemas, valores, contravalores, aspiraciones, etc. Concienciarnos de su situación e identificarnos con el Jesús vivo en medio de esta realidad.
. Descubrir los retos que su vida presenta.
. Afrontarlos de manera organizada.
. Insertarnos en su problemática. Invitarles a organizarse llegando incluso a la formación de grupos. Participar en sus luchas. Y estar presentes en las organizaciones o plataformas del mundo juvenil.
. Crear espacios y posibilidades de acogida, escucha, diálogo, encuentros, etc.
. Prestar una atención especial a los medios de comunicación y a la expresión artística.
. Ser altavoces de las ideas, actuaciones, etc., de los jóvenes.
. Preocupación especial por los marginados.
. Denuncia crítica bien fundamentada.
. Plantear alternativas desde nuestro testimonio vivo de creyentes.
. Anunciarles explícitamente a Jesucristo y su Mensaje cuando la ocasión lo requiera.
. E invitarles finalmente a optar por Jesús en su Iglesia a los que hasta ahí les haya llevado su propio proceso personal.
B) LA DIMENSIÓN CATECUMENAL
Hablar de catecumenado es referirnos a la formación, la cual puede apuntar tanto a los que se encuentran en un proceso formativo de Confirmación, como a los que por primera vez tratan de entender qué es el Cristianismo, como a aquéllos que van de reciclaje, de formación permanente. Nosotros, sin embargo, vamos hacia la trans-formación. Es decir: no quedarnos en una formación en el aire, desligada de la vida, puramente erudita y, en definitiva, comedora de coco. Sino formarnos desde la vida, provocados por ella y en respuesta a la misma. Desde la vida de los jóvenes y desde la vida de Dios presente en medio de ellos. Sin separar ambas realidades. Pero para trans-formar esa vida juvenil con la fuerza del Espíritu de Jesús que es hasta capaz de resucitar muertos.
No podemos caer en la trampa de coger un libro de temas e irlos siguiendo sin más uno detrás de otro. Pero asumamos que necesitamos ayudas (libros, revistas, fotocopias, etc.) para comprender mejor lo que pasa y para profundizar en ello. E incluso, claro está, una formación sistemática, en plan catecumenado o profundización, pero siempre con una metodología acorde con las opciones de PJ ya formuladas. Y eso sí: no intentando hacer "doctores", sino siguiendo un proceso, y sabiendo que la formación y la acción no pueden quedar muy lejos una de otra.
Esta formación no puede estar desligada de la situación concreta del grupo, de su actuación, así como de la realidad juvenil, social y eclesial. Ello no es obstáculo para que en determinados momentos convenga que el animador proponga al grupo determinadas cuestiones que, sin ser demandadas o descubiertas por éste, sean importantes para ayudarle a dar los pasos necesarios para su maduración. Por otra parte, habrán de tenerse en cuenta los cauces de formación conjunta que ofrece la parroquia (charlas, catecumenados, etc.).
Así, por ejemplo, conviene que el grupo profundice en lo siguiente:
. El perfil del joven que intentamos potenciar (personal, social y creyente).
. Afrontar los "retos" que presenta la realidad de los jóvenes a la PJ.
. Ayudarles a analizar críticamente la sociedad y a comprometerse.
. Ayudarles a afrontar más en concreto: los aspectos que ellos consideran claves (trabajo, familia, dinero, futuro, droga, estudios...); sus afectos; el tiempo libre; la política; los medios de comunicación; el arte.
. Y en el terreno religioso más específicamente religioso: su imagen de Dios, la Iglesia, convicciones, prácticas, sectas, etc. (más todo lo que viene en el apartado siguiente). Conviene que los componentes del grupo adquieran una formación teológica al menos básica.
C) LOS GRUPOS EN SU DIMENSIÓN PASTORAL
Los principales objetivos a conseguir son éstos:
. Ofrecer/potenciar proyectos de vida cristiana juvenil con una espiritualidad coherente con las líneas de Pastoral Juvenil.
. Que sean renovadores de la Iglesia y de la Sociedad, ofreciendo alternativas válidas y posibles vividas desde la opción por los pobres.
Cuatro son los grandes apartados en los que encuadrar el ser y el hacer de los grupos de jóvenes creyentes: la vida interna del grupo, su actuación hacia el exterior del mismo, la formación y la espiritualidad, categoría esta última que debe animar todos los apartados. Tampoco puede faltar ninguno de ellos si queremos hablar propiamente de grupos de PJ.
1) VIDA INTERNA:
El grupo ha de tener una vivencia de tal, teniendo en cuenta que se trata a la vez de un grupo creyente. Por ello conviene tener muy presentes y revisar si sus características responden a ello.
En un grupo tiene importancia: la estabilidad, la comunicación, la confianza, la participación, el protagonismo de todos, los objetivos claros y compartidos, el análisis de las situaciones o problemas, el liderazgo democrático, la animación, la toma de decisiones, el crecimiento personal y grupal, la creatividad, las relaciones con el exterior, etc.
Un grupo creyente, por su parte, se caracteriza por estos aspectos: se reúne en nombre de Jesús, opta por Él, se relaciona con Dios como Padre nuestro, se deja llevar y animar por el Espíritu, escucha la Palabra, contrasta la realidad con esta Palabra, vive como grupo seguidor de Jesús y es signo de su salvación, colabora en la construcción del Reino de Dios y transforma la realidad, opta por los pobres y marginados, reza y celebra su fe, se siente y actúa unido a otros grupos con una dimensión de Iglesia.
Todo grupo, además, tiene que elaborar su propio Proyecto de grupo: los objetivos y normas fundamentales, así como lo que pretende conseguir a lo largo del curso. En la confección de este Proyecto conviene que tenga presentes las líneas de PJ ya mencionadas, la historia y situación del grupo, así como la de todos y cada uno de sus componentes.
Conviene, igualmente, que cada miembro del grupo elabore su Proyecto personal: lo que pretende en la vida, cómo se la quiere montar, sus objetivos, etc.
2) VIDA HACIA FUERA:
El grupo no puede encerrarse en sí mismo y prescindir del exterior. Está situado junto a otros grupos de PJ, en la parroquia y en el barrio de Delicias. Forma parte, igualmente de un contexto más amplio pues está integrado dentro de la PJ Diocesana y de la Vicaría, así como en el MJAC y Movimiento Scout en el caso de éstos, y, por supuesto, se halla en medio de una ambiente social que no puede obviar. Todo grupo que se encierra en sí mismo pierde su sentido de ser, su vitalidad y acaba por agotarse y morir.
Esta realidad, no tan sólo sociológica sino también eclesial y teológica, trae como consecuencia la necesidad de acción-relación-integración en todas las anteriores realidades, así como el desarrollo de compromisos concretos en las mismas, compromisos dirigidos especialmente hacia la colaboración con los más pobres para ayudarles a la transformación de su situación que es también la nuestra. Dentro de la misma organización de PJ es imprescindible la participación de los distintos grupos en las plataformas de coordinación tanto directamente en las de la parroquia, como por medio de representantes comunes a los grupos en las coordinadoras que desbordan este marco.
3) FORMACIÓN:
Ya ha quedado expresada anteriormente la necesidad de que en todo momento esté presente en la PJ y, por tanto, en cada uno de los grupos, la dimensión "catecumenal" o formativa. Es imprescindible el crecimiento personal y grupal en los diferentes aspectos tanto religiosos como humanos y sociales. Remitimos, por tanto, a lo que acabamos de exponer en el apartado B.
4) ESPIRITUALIDAD:
La espiritualidad es el talante de vivir según el Espíritu de Dios. Tenemos que ayudar a que los jóvenes entiendan y reorganicen su vida a partir de la opción total por Jesucristo y por su causa. La espiritualidad es, por tanto, un aspecto central de la existencia cristiana, e incluye, entre otros, estos aspectos:
Vivencia de la fe: no se trata de "hacer" cosas (aunque también) o de tener muchas "reuniones". Se trata de ayudar a experimentar lo que es vivir como cristiano. Lo que no se vive no se asume ni asimila. Vivir la relación con Jesús en la vida y en momentos especiales de oración, así como tener vivencias de llevar a la práctica su mensaje y valores.
. Hay que elaborar un elenco de éstos y organizar pedagógicamente su experimentación (p.e. hacer vivencias de solidaridad, amor incluso a los opuestos, compartir, trabajo por la paz, etc., es decir, de las bienaventuranzas).
. Hay que relacionarlos con grupos o personas que intentan vivir evangélicamente, de modo que podamos ir a verlos en su terreno, compartir sus vivencias, etc.
Introducirnos en vivencias de oración y celebración, tanto individual como colectiva, tanto en nuestro ámbito de PJ como en las celebraciones parroquiales y extraparroquiales. Profundizar en el sentido y vivencia de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y de la Penitencia. Y todo ello teniendo muy presente la Liturgia y los tiempos litúrgicos, como pedagogía y tiempos pedagógicos que nos ofrece la misma Iglesia.
Sentido de Iglesia:
. Tratar de conocerla: analizarla, conocer su historia y su presente, los diferentes grupos que la forman, etc.
. Fomentar el sentimiento de pertenecer a ella: tratando a sus miembros, no sólo a los de mi grupo o Movimiento, no sólo a los jóvenes sino también a los adultos, y también a la "jerarquía". Y escucharnos todos.
. Llegar a que la Iglesia sea también querida, amada, objeto de cariño.
. Lo cual no se opone ni mucho menos a ser críticos. Los jóvenes pueden y deben ser una fuerza renovadora dentro de la Iglesia, superando elitismos y espíritu crítico sin autocrítica, pero para ello hay que crear canales eficaces que garanticen la participación de los jóvenes en la Iglesia.
. Hay que hacer propuestas de acción y de cambio, y presentarlas donde haga falta.
. Los jóvenes no deben aceptar ser miembros de segunda categoría en la Iglesia, ni meterse en una Iglesia "de" adultos.
. Ayudar a los jóvenes a descubrir su vocación dentro de la Iglesia, tarea clave dentro de la PJ y a la que dedicamos uno de los apéndices.