LOS MEDIOS DE QUE PODEMOS DISPONER
En primer lugar contamos con la ayuda que Dios presta por caminos misteriosos a los que tratan de colaborar en la construcción de su Reino. Sabemos que sin Él no podemos hacer nada: necesitamos el amor del Padre, el modelo del Hijo y el acompañamiento y ánimo de su Espíritu. Sin ellos, nuestro ser y actuar no tienen sentido y resultan totalmente ineficaces.
Pero, además, necesitamos personas que traduzcan esa ayuda de Dios para llevar adelante nuestra PJ. Los mismos jóvenes han de ser los protagonistas principales en este proceso, los evangelizadores fundamentales, tal como ha quedado expresado al hablar de las líneas de PJ. Y a ellos hay que añadir los animadores: sacerdotes, religiosos/as y seglares.
La animación de jóvenes es un ministerio de vital importancia en nuestra Iglesia y exige unos requisitos personales así como unos compromisos determinados. Más adelante os presentaremos el perfil del animador, tal como se define desde el Secretariado Diocesano de PJ y a él os remitimos. Destaquemos, no obstante, que, además de reunir unas características personales, es imprescindible su presencia y trabajo en equipo con los otros animadores, así como su participación en las plataformas y actividades que le correspondan y, especialmente, en las celebraciones y vida de fe juveniles y parroquiales.
Los animadores, que son personas que acompañan a jóvenes, necesitan a su vez ser acompañados y animados. En este terreno es importante la labor a desempeñar por aquellas personas (sacerdotes, religiosas o seglares) a las que la comunidad parroquial o los Movimientos encarguen esta actuación con los animadores. Estos últimos necesitan una formación antes de asumir su papel y una formación permanente. Para la primera podemos contar con la Escuela Diocesana de Animadores de PJ, así como con los medios de que disponen los Movimientos. La formación permanente, por su parte, debe tener sus espacios propios en las reuniones de animadores.
Mencionemos, finalmente, la ayuda importante que puede prestarnos el Secretariado Diocesano de PJ, tanto en orientaciones como en medios formativos, técnicos y materiales.
Además de los medios personales que acabamos de mencionar, a lo largo de estos años se han ido creando una serie de plataformas organizativas para traducir a la práctica el principio básico de coordinación. Mencionemos las Coordinadoras de Jóvenes (parroquial, de Vicaría y Diocesana), el Consejo Parroquial, así como las plataformas propias de los Movimientos. Conviene que todos estos organismos tengan claros sus objetivos, funcionamiento, logros y problemas a resolver.
Digamos, por último, que se utiliza la Revisión de Vida, el Estudio de Evangelio y la lectura creyente de la realidad, todos ellos medios y métodos muy adecuados para llevar adelante la PJ que intentamos potenciar. A estos medios hay que añadir la Campaña, instrumento utilizado fundamentalmente por los Movimientos de Acción Católica.
EL CAMINO A ANDAR
A) UN RECORRIDO CON JÓVENES
Como ya hemos indicado anteriormente, estamos hablando de pastoral con "jóvenes", es decir, con personas a partir de los 17 años. Más difícil es establecer el momento en que se deja de serlo, pero, si nos orientamos por los informes que se suelen utilizar, podemos situar el término final en torno a los 30 años. Antes de estas edades estamos hablando propiamente de "adolescentes": los situados entre los 13 y los 16 años aproximadamente. Conviene no confundir ambas realidades, jóvenes y adolescentes, pues su situación vital, problemas y necesidades son diversas. Se suele decir que actualmente el período de la adolescencia se está prolongando, pero, aun teniendo en cuenta esta indicación, no podemos dedicarnos nosotros con nuestra metodología a favorecer un estancamiento en la evolución vital de estas personas.
En muchas parroquias el trabajo o pastoral con adolescentes coincide con el período y proceso de preparación para la Confirmación. Es una etapa eminentemente "catecumenal" en la que se intenta conseguir que el adolescente se plantee quién es él y los que le rodean, que se sitúe en el nuevo contexto y situación vital (nuevos estudios y centros escolares, nuevas amistades, nueva relación consigo mismo y con los demás en un momento de crecimiento corporal y desarrollo sexual) y que se plantee de una manera más profunda su relación con Jesucristo y su Mensaje para intentar llegar a una opción ya de primera madurez, la cual se va a reflejar en la recepción del sacramento.
A partir de entonces comienza propiamente nuestra PJ. La dimensión catecumenal deja de ser predominante y adquieren relevancia las dimensiones pastoral y misionera, sin abandonar aquélla como ya se ha ido comentando anteriormente. Es el momento en que los nuevos grupos parroquiales de jóvenes empiezan a dar pasos junto a otros que ya llevan tiempo en funcionamiento; es el momento de introducirlos en las coordinadoras, organización y actividades varias, y el de iniciar un proceso que cuenta con bastantes años por delante.
Puede ser igualmente un momento privilegiado para darnos cuenta de que la realidad juvenil no se acaba en aquellos nuevos grupos que se integran en nuestra PJ. El hecho de que bastantes, tras confirmarse, no continúen el proceso nos recuerda que la inmensa mayoría de jóvenes van a circular por otros caminos y que nosotros no podemos dedicarnos a separarnos de ellos, a olvidarlos, ni a alejar a los jóvenes que se integran en grupos parroquiales de sus compañeros que no lo hacen. Empieza un trabajo con pequeños grupos, indispensable, pero que quedaría en gran medida estéril si no lo relacionáramos con otra tarea, igualmente indispensable, en medio de la gran masa de jóvenes: la pastoral misionera. Es fundamental, por tanto, que nuestros grupos estén siempre abiertos y con esa dimensión misionera. Y es igualmente básico que nuestros mayores esfuerzos en esta última dimensión se dirijan a estar presentes en medio de la realidad de aquellos jóvenes que peor lo pasan, siguiendo la línea de opción por los pobres. Tan elemental es esto último que nuestra acción pastoral se desnaturalizaría completamente si los jóvenes marginados y empobrecidos estuvieran ausentes en nuestra PJ.
Como ya hemos dado pistas para llevar adelante la Pastoral Misionera entre los jóvenes, remitimos a ellas. Ahora vamos a centrarnos en el proceso a seguir con los chicos y chicas integrados en los grupos parroquiales.
B) EL PROCESO DE LOS GRUPOS PARROQUIALES DE JÓVENES
Los diferentes grupos de la parroquia van a seguir procesos similares, unos integrados en Movimientos y otros no. No va a haber, por tanto, diferencias sustanciales. Todos estamos implicados en una PJ y es mucho más lo que nos asemeja que lo que nos diferencia. Y todos somos llamados a ser evangelizadores, especialmente de otros jóvenes. Pero, si bien los de Movimientos cuentan desde hace mucho tiempo con un proceso claro y unos materiales adecuados, no ha venido ocurriendo lo mismo con el resto de los grupos. Por eso vamos a centrarnos ahora en aportar elementos que suplan las actuales carencias.
Cuando un grupo de jóvenes empieza a dar sus primeros pasos es importante tratar de conseguir un objetivo fundamental: afianzar el grupo. Para ello es importante que el animador pase revista con su grupo al proceso seguido por el mismo y por cada uno de sus miembros, que analicen juntos lo que significa formar un grupo y también un grupo creyente, que elaboren su Proyecto de Grupo y el Proyecto Personal de cada uno de sus miembros, y que se organicen en sus diferentes aspectos (posible nombre del grupo, periodicidad y horario de las reuniones, reparto de responsabilidades, etc.). Más adelante os aportaremos "Ideas para empezar". Conviene dedicar a esta cuestión el tiempo que haga falta, que nunca será inferior a un trimestre. Pero tampoco conviene prolongarlo mucho más, sobre todo si el grupo experimenta la tendencia a mirarse demasiado al ombligo.
El Proyecto de Grupo es un documento importante y debe servir de referencia, volver a él de vez en cuando para ver si somos fieles a lo que nos hemos comprometido, y utilizarlo como clave para la evaluación que hagamos al final de curso. No es, por tanto, algo que hay que hacer porque toca y luego desentendernos de él. Para resaltar su importancia, puede ser interesante que el grupo se vaya de convivencia a un lugar tranquilo, y que lo haga en un ambiente de oración y de acción de gracias a Dios por su ayuda. Al comenzar el nuevo curso, el grupo procederá a reformular su Proyecto, actualizando los objetivos que va a intentar alcanzar a lo largo de este nuevo período. El Proyecto Personal de cada uno de sus miembros tiene el mismo valor y utilidad, pero a nivel personal de cada uno, si bien puede resultarles beneficioso contrastar sus propios proyectos personales.
Conviene que el animador realice un serio esfuerzo, anticipándose incluso a la reflexión de su mismo grupo, para ayudar a éste a elaborar un Proyecto que tenga muy en cuenta las líneas de PJ, la evolución del grupo y de cada uno de sus miembros, las ideas procedentes de la Coordinadora de Jóvenes, del grupo de Animadores e incluso de la parroquia, así como la situación de la realidad juvenil en que se mueven nuestros jóvenes. Ha de motivar al grupo a elaborarlo y a llegar a conclusiones bien fundamentadas y que sean trabajadas y asumidas por todos los componentes del grupo.
Ya disponemos, por tanto, de las claves en las que va a moverse el grupo durante el curso. Ahora conviene que las distribuyamos adecuadamente en los 4 aspectos fundamentales (vida interna, vida hacia fuera-compromiso, formación y espiritualidad), marcándose algún objetivo respecto a cada uno de estos aspectos. El animador ha de estar atento para que no falte ninguno de los 4, pero ha de conseguir igualmente que el grupo los vaya teniendo presentes sin necesidad de írselos recordando constantemente y, más aún, ha de ayudar al grupo para que éste sepa organizarse y distribuirse su tiempo entre estos 4 aspectos. Y, además, debe hacerlo salvaguardando la oportuna flexibilidad, ya que siempre hay acontecimientos o hechos imprevistos que se superponen y que no los podemos obviar por no estar programados.
Así, por ejemplo, hay que estar atentos y disponibles para afrontar cualquier problema que se le haya presentado a un miembro del grupo y en el momento en que se produzca, o para celebrar cualquier éxito o hecho positivo que le haya ocurrido. Es fundamental que cada uno sienta que lo que le sucede es importante para los demás, que compartimos, en definitiva, los gozos y problemas, la vida en suma, que el grupo le "sirve" para su vida, le ayuda, le soluciona dificultades, y que él puede hacer lo mismo con lo que les pasa a los restantes. Pero es también necesario que el grupo, ayudado por el animador, sepa a continuación retomar el hilo de lo que hasta ese momento estaba realizando.
Conviene que, además de los compromisos personales de cada uno, el grupo como tal asuma un compromiso, una "acción" en terminología de los movimientos especializados. Esta acción común como grupo es importante, sobre todo, en los primeros años de funcionamiento porque, entre otras cosas, ayuda a consolidar el grupo como tal. En torno a este compromiso se pueden analizar los restantes aspectos: su vida personal y como grupo, la formación y su espiritualidad. Por ejemplo, si un grupo decide afrontar la situación de jóvenes con minusvalías en su barrio, ello tendrá que llevarle a analizar igualmente la vida "válida" que llevan los del grupo, formarse en el campo de las minusvalías y rezar y leer el Evangelio desde esta perspectiva.
El trabajo a desarrollar a partir del momento en que se ha elaborado el Proyecto de Grupo va a consistir fundamentalmente en llevarlo a la práctica, y no sólo de forma reflexiva y en reuniones, sino, especialmente, haciéndolo vida del grupo y de sus componentes.