C) UN PROCESO A LARGO PLAZO
La continuidad de los grupos de jóvenes depende de diversos factores. Hay grupos cuya duración es bastante reducida, pero otros, por el contrario, pueden abrazar un amplio espacio de tiempo. Dada la gama de edades que abarca la juventud, podemos encontrarnos con grupos que duren más de diez años. Esto significa que debemos disponer de perspectiva y medios suficientes para mantener la vitalidad de los mismos, sin caer en la monotonía de hacer siempre lo mismo o de mantenernos en el clima y situación de cuando se tienen dieciocho años, olvidando afrontar las nuevas situaciones que se van produciendo en el grupo y en cada uno de sus componentes.
A lo largo del período de existencia de un grupo de jóvenes van a producirse todo tipo de situaciones, pero hay algunas que constituyen auténticos hitos: los compromisos que vaya adquiriendo cada uno tanto en la parroquia como fuera de ella, la finalización de los estudios, el logro de un puesto de trabajo, la situación de pareja o matrimonio, la asunción de especiales responsabilidades en alguna organización de carácter social o político, la vocación religiosa, etc. Igualmente hay que considerar el final "oficial" de la juventud y el ingreso en la edad adulta, con el consiguiente final del grupo como integrante de los grupos de Pastoral Juvenil y su posible ingreso o de sus componentes en las realidades de la Pastoral de Adultos. Todas estas situaciones, y otras de semejante importancia, habrán de ser afrontadas en profundidad por los componentes del grupo y vividas de forma solidaria.
En el apartado "Retos", que desarrollaremos más adelante, hemos expuesto todo un conjunto de realidades y problemáticas que a lo largo de estos años tienen que irse afrontando por el grupo. Labor del animador será irlas distribuyendo y proponiendo adecuadamente a medida que la misma vida del grupo y de sus componentes así lo requiera. También es labor suya afrontar el ir caminando hacia el modelo de persona que hemos propuesto al comienzo de este Plan ("Y queremos proponer una alternativa de vida") y tener en cuenta las sugerencias que hacemos en el capítulo "Los grupos en su dimensión pastoral" (especialmente en los aspectos 3) Formación y 4) Espiritualidad), así como la dimensión vocacional. En todo ello hay elementos suficientes para que el grupo y su animador los vayan desarrollando en sus planes de trabajo y de vida a lo largo de todos los años de PJ. No proponemos un "orden" de tratamiento pues en cada grupo es distinto el itinerario vital de sus componentes, y éste irá marcando prioridades. Pero es igualmente función del animador el suscitar cuestiones clave si observa que el grupo o sus miembros llevan un retraso en afrontarlas.
Y repetimos una vez más que es importante, por otra parte, no tratar lo anterior como "temas" (con toda la connotación intelectual e incluso escolar que esa palabra tiene) sino como situaciones reales, problemas o vivencias de los jóvenes concretos. Es la vida de los jóvenes la que debe ser afrontada desde una fe encarnada en su mundo. Es la fe de los jóvenes la que debe ser vivida y potenciada en el mundo y circunstancias en que se desenvuelven.
D) LO IMPORTANTE ES VIVIR LA ALTERNATIVA CRISTIANA
Todas las indicaciones anteriores no servirán para nada si no ayudamos a los jóvenes a vivir de un modo distinto y alternativo al modelo de sociedad y de convivencia que se nos ha impuesto. Si no les ayudamos a vivir en las circunstancias del comienzo del tercer milenio siguiendo el estilo de vida del mismo Jesucristo, continuado después según sus propias circunstancias por las primeras comunidades cristianas. Y si no les ayudamos a superar los obstáculos con que van a encontrarse si intentan hacerlo.
Lo importante es vivir, lo cual no es exactamente lo mismo que prepararse para ello, formarse, hacer planes, etc. Vivir es ser, saborear la existencia, disfrutar y potenciar la belleza y el arte, saber estar, gozar de la vida a pesar del dolor, tener paz, equilibrio, amar, convivir, sacar de nosotros mismos todas las posibilidades que Dios nos ha regalado como parte de nuestro ser, compartirlas con los demás... Respetar la vida propia y la de los otros. Sentirnos unidos a la vida que late por doquier en las personas, los animales, las plantas y en todo el universo. Asumir la vida, en definitiva, como un don de Dios, darle gracias por ello y vivir de acuerdo con ese don.
Y vivir la alternativa cristiana. Esta "alternativa" es el modelo de vida propuesto y practicado por Jesús. Consiste, de entrada, en una vida comunitaria, en grupos abiertos a los demás. Grupos que comparten lo que tienen con los que no tienen, sean o no del grupo. Con un programa de vida y acción consistente en las bienaventuranzas: no reconocer como absolutos ni al poder, ni al dinero, ni al prestigio, sino sólo a Dios; ser gente sin mala intención, sin ideas torcidas, personas incapaces de traicionar, trabajadores por la paz, personas que están al lado del que sufre, que se esfuerzan para que haya justicia. Personas con una actitud básica de servicio a los demás y no de dominio. Personas que aman, incluso a los que les hacen la vida imposible. Personas y grupos que anuncian el Reino de Dios y son testigos de Jesucristo en unión con muchos otros con los que forman la Iglesia.
Vivir la alternativa cristiana no es posible sin que Jesucristo ocupe el centro de nuestra vida y nos sirva en todo momento de referencia. Os remitimos a lo que hemos dicho sobre él al comienzo a propósito de Jesucristo y su Mensaje, y os invitamos igualmente a profundizar en la pedagogía de Jesús expuesta en el apartado "Optamos por una pedagogía activa y liberadora". Además, es fundamental que reproduzcamos las "vivencias" de Jesús y que lo hagamos en el contexto en que nos ha tocado vivir:
. vivencias de relación con Dios Padre, como las de oración individual y en grupo: Mt 14,23; 6,9-15; Lc 11,1-4;
. de retirarse para preparar la tarea: Mt 4,1-11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-13;
. de búsqueda de colaboradores: Mt 4,18-22; Mc 1,16ss; Lc 5,1ss;
. de "enseñanza" y explicación: Mt 5-7; Mc 9; Lc 6, 11, 12, 14;
. de realizar curaciones: Mt 8; Mc 1 y 2; Lc 4 y 5; Jn 4;
. de dar ánimos: Mt 9,20-22; Jn 8,2-11;
. de ir por todas partes: Mt 11,1;
. de echar "demonios": Mt 8,16; Mc 5,1-8;
. de denuncia y crítica de comportamientos farisaicos: Mt 23; Mc 12,38-40; Lc 11,37-52;
. de ayuda a solucionar problemas de otros: Jn 2,1-11;
. de pasar el tiempo con la gente: Jn 4,39-42;
. de quitar miedos y proporcionar paz: Jn 20,19-23.
Especialmente significativa fue su vivencia de compartir mesa y comida con todo el mundo en plan de iguales: Mt 9,9-13; Mc 2,13-17; Lc 5,27-32. Esta vivencia la hemos de reproducir, igualmente, cada vez que celebremos la Eucaristía.
Y que seamos capaces de reproducir su gran vivencia del paso de la muerte a la vida, de afrontar las dificultades para llegar a la meta, de resistir las tentaciones que intentan apartarnos de este camino, sobre todo la de responder con odio al que nos haga daño.
Es importante, repetimos, realizar vivencias semejantes siguiendo los pasos de Jesucristo, y hacerlo tanto individualmente como en grupo. Conviene que el animador esté muy atento para promoverlas, recordarlas y remitirlas a las vivencias de Jesús. Ellas pueden causar esa "admiración" de otros jóvenes y de la gente en general, semejante a la que sentían ante las palabras y hechos de Jesús, y llevarles a plantearse interrogantes e incluso a unirse a ellos en el seguimiento de Jesús cambiando el estilo de vida que llevaban hasta ahora. Sólo así podremos contribuir desde la PJ a la revitalización de la Iglesia y de la sociedad en que vivimos.