- -Lo primero de todo: cambiar de clave los que todavía no lo hayan hecho. Pasar de un estilo
"asistencialista" a otro de "asistencia-promoción".
A) Modelo asistencialista: paternalista, descoordinado y a salto de mata, situándonos por
encima del transeúnte en plan benéfico, dedicándonos a parchear en plan voluntarista sin
afrontar los problemas en profundidad.
B) Modelo de asistencia-promoción: considerar al otro como persona (sin ponerle adjetivos
que lo encasillen), ayudarle a rehacer su vida para que se pueda valer por sí mismo, para que
participe socialmente como el resto de los ciudadanos, trabajando "con" ellos y no "para" ellos,
acompañando desde la solidaridad y la comprensión de que yo no soy el sano y el otro el
enfermo pues yo, aunque con menor intensidad y grado, también tengo muchos de sus
problemas.
- -Tenemos que aclararnos con la persona que tenemos delante y distinguir entre un transeúnte,
un inmigrante, un mendigo, un integrante de otros colectivos sin techo. En primer lugar: cada
persona es un mundo, lo cual nos exige un trabajo personalizado, no standard. Y en segundo
lugar: no podemos aplicar idénticas soluciones a colectivos distintos. Cada uno tiene
necesidades específicas. Por ejemplo: las soluciones que pueden valer para un inmigrante no
le solucionarán su situación a un transeúnte.
- -No montemos centros por montarlos, aunque tengamos dinero y otros recursos. No por tener
muchos centros se trabaja mejor. A veces ocurre lo contrario: al proliferar los centros
(albergues, comedores, roperos, etc.), proliferan también los usuarios y acabamos provocando
lo contrario de lo que pretendíamos: en lugar de atajar el transeuntismo lo multiplicamos.
- -Desde la base no debemos pretender montar una gran estructura sino potenciar sobre todo la
acogida partiendo del estilo expresado en el anterior Modelo B.
Se empieza por intentar ganarse la confianza del otro para que pueda expresar su situación y
necesidades. Hablar con él en serio, sin crear falsas expectativas. Captar el dolor del otro para
llegar a entenderle.
Pero, al mismo tiempo, no ser pardillos ingenuos, rechazar la picaresca y la violencia, no ser
blandos, ni cedáis a cualquier tipo de chantaje (presentarse a horas intempestivas, etc.).
Intentar analizar su situación: distinguir entre lo que pide y lo que realmente necesita, hacer
"manejable" el problema.
Ofrecerle información, soluciones inmediatas para sus necesidades básicas. Pero no se trata de
"darle" nada (especialmente dinero) sino de "ayudarle". Tratar de conectarlo con centros que
puedan afrontar sus problemas. Facilitarle los pasos.
Y si no os hace ni caso, no os angustiéis en absoluto. Otra vez será.
- -Es muy importante trabajar coordinados con otros en red. Vosotros podéis ser un primer punto
de apoyo. Lo importante es que podáis "derivarlo" a los centros oportunos. Pero, para ello, hay
que conocerlos, tener su dirección y teléfono, conectar con la persona concreta de ese centro
que él necesita, saber qué servicios prestan. Es importante disponer del listado correspondiente.
- -Es necesaria una labor de prevención. Se supone que conocéis el ámbito parroquial en que os
encontráis, incluida la situación de riesgo de algunas personas. Hay que atender a esas personas
que tienen bastantes probabilidades de caer en el transeuntismo o "sintechismo" (por falta de
medios económicos, laborales, problemas de desestructuración familiar, falta de relaciones e
incluso patologías psicológicas). Y "atenderlas" significa acercarse a ellas para tratar de
cambiar los factores de riesgo. Pero esto hay que hacerlo conjuntamente con personas de otros
recursos (Servicios Sociales de Base, agentes escolares, educadores de calle, etc.).
- -Podéis realizar una importante labor de sensibilización dirigida a la población en general con
el fin de cambiar la "imagen" que se tiene de los colectivos "sin techo" (existen muchos
prejuicios, muchos tópicos, muchos miedos incluso). Y sensibilizar también para cambiar los
modos de afrontar el problema (existen muchos paternalismos, muchas limosneros que
empeoran el problema con toda su buena voluntad, muchos autoritarios, muchos "limpiadores"
de calles).
- -Y junto a lo anterior hay que practicar de vez en cuando la denuncia dirigida a quien
corresponda. Si estas situaciones surgen por causas muy concretas, hay que señalarlas a ellas
y a las estructuras y personas que están detrás. De vez en cuando es muy bueno dar una seria
llamada de atención, sin esperar a que llegue el Día de los Sin Techo.
- -Otra labor muy interesante es la de generar voluntariado, personas dispuestas a
comprometerse en todo lo anterior. Especialmente interesante puede ser ese voluntariado que
ayuda a los transeúntes y colectivos sin techo a rehacer redes de amistades y conocidos en
medio del barrio, del pueblo o de la ciudad. Pensad que muchos de ellos no tienen amigos, no
conocen a nadie, y si están en un centro necesitan tener amigos "normalizados" para disfrutar
de la amistad, para hablar de otras cosas y cambiar su subcultura, para salir, por ejemplo, los
fines de semana y, especialmente, cuando al conseguir un puesto de trabajo se independicen
del centro. Una persona aislada lo tiene prácticamente imposible.
- -Finalmente, conviene tener criterios muy claros respecto a la mendicidad. Dar limosna degrada
al que la practica, mantiene al mendigo en su situación, genera dependencia y, por tanto,
pasividad, favorece el aumento del número de los que se dedican a pedirla, invita a ganar dinero
de manera "fácil", provoca incluso disputas entre los mismos mendigos, resta eficacia a los
programas y centros ya que los mendigos no quieren utilizarlos si tienen la confianza y
seguridad de que en la calle y sin mayor esfuerzo van a obtener lo que quieren, supone fomentar
el engaño, la estafa y la picaresca, y, en definitiva, es ineficaz. El que quiera dar dinero lo tiene
fácil: que se lo dé a las organizaciones que realizan un trabajo de promoción e inserción con
estas personas.