POLÍTICOS, JUECES, FUTBOLISTAS Y PILINGUIS

 

            Tres noticias recientes de acontecimientos en nuestro país me han provocado un desconcierto morrocotudo y han hecho que me sienta como un bicho raro en algunos ambientes. Veamos.

 

            Uno. El presidente de una comunidad autónoma española ha manifestado en una entrevista a un programa liviano que perdió su virginidad, como tantos otros -según él-, gracias al buen hacer de una mujer de vida alegre que, cuando éste contaba dieciocho añitos, le “hizo un hombre” en un burdel. Ante estas declaraciones, al parecer tan propias de un político llanote y del pueblo, otros han salido en defensa de las mujeres oprimidas por la prostitución y han acusado de machista al político que días después, y en otro momento de incontinencia verbal, se ha metido con un partido político acusándolo de connivencia con el terrorismo.

 

            Dos. Han nombrado a un nuevo presidente del Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo y de pronto se ha abierto contra él la caja de los truenos. En los medios han aparecido contra él soflamas de todos los tipos porque sospechan que es un integrista y un retrógrado antidemocrático. La sospecha viene fundada, no porque sea mala persona o tenga un pasado turbio, sino -casi no puedo creerlo- porque tiene convicciones religiosas. El hombre dice que es católico…y eso de católico aparece en algunos ambientes como necesariamente sospechoso de carcamal, retrógrado y facha.

 

            Tres. En un partido de fútbol de máxima rivalidad unos espectadores tiraron bengalas a los seguidores del equipo contrario. Años antes en el estadio de este equipo las bengalas mataron a un chaval de 14 años que murió en brazos de su padre durante el encuentro. Los sinvergüenzas que esta vez tiraron las bengalas obligaron a suspender el partido por espacio de 10 minutos mientras éstos se descojonaban a mandíbula batiente riendo y bailando en las gradas. Pero, y aquí viene lo más sorprendente, una vez reanudado el partido, cuando su equipo marcó el primer gol, los futbolistas corrieron por el césped en dirección a la grada donde estaban estos tipos y les exhortaron con gestos a que siguieran “animando”. Cuando el equipo metió el segundo gol, cinco futbolistas corrieron hacia donde estaban los capullos de las bengalas y les brindaron la victoria.

 

            Por eso, y espero que ustedes lo comprendan, ando yo tan despistado en medio de estas noticias. Bueno, más que despistado, cabreado. Me gustaría por tanto aprovechar la posibilidad de ejercer el pataleo desde estas líneas para decir:

 

            Uno. Me importa bien poco dónde el presidente autónomo se desvirgó. Me parece improcedente, eso sí, que un representante político electo diga esas tonterías que a nadie le importan haciendo el caldo gordo a esos “medios” del corazón, profesionales huelebraguetas, que son un insulto a la inteligencia y a la gente que trabaja. Puedo entender que un chorizo aparezca haciendo ese tipo de declaraciones, pero que lo haga un político me parece impresentable.

 

            Dos. Soy católico y, les aseguro, no soy integrista, ni retrógrado ni conservador. Antes al contrario. Mi fe me anima a apostar por los perdedores y a estar al lado de los débiles y los explotados. Me parece preocupante que una sociedad abierta como la nuestra haga que las convicciones religiosas sean motivo de sospecha. Estoy convencido de que hay sectores de la Iglesia que pueden dar esa sensación de pensamiento trasnochado, pero relacionar sin más las convicciones religiosas y la fe cristiana con el integrismo me parece de una incultura supina y de una cortedad de miras importante.

 

            Y tres. Considero que los jóvenes que están en grupos violentos vinculados con el deporte deben ser castigados y deben ser reeducados, porque son víctimas de una sociedad que endiosa a los futbolistas y perdona a los ricos. Pero creo que los futbolistas que los jalean son millonarios impresentables, irresponsables e infantiles con los que la ley debe actuar con mucha dureza. Esas conductas, en personas que son una referencia para tantos adolescentes, nos ponen palos en las ruedas para educar a los jóvenes en la tolerancia y en la paz.

 

            Comprendan mi desconcierto. No sé si vivirá ahora la honrada pilingui que años atrás se calzó a aquel chaval que luego andaría en la política. En el caso de que viva estará tan desconcertada como yo y sin duda andará diciendo “Hay que ver…cómo está el mundo…Virgen Santa”.

 

JOSAN MONTULL

29.9.8