POSIBLES CARACTERÍSTICAS DE UNA COMUNIDAD CRISTIANA

 

            El pasado fin de semana nos reunimos un grupo numeroso de la parroquia para realizar un retiro o convivencia en donde reflexionar, meditar y rezar tomando como punto de partida el tema de la comunidad. A lo largo de dos días contrastamos nuestras opiniones y vivencias dirigidos por nuestro amigo José Antonio Montull quien, desde hace años, nos aporta esta colaboración.

 

            Mis condiciones físicas no me permitieron participar en las reuniones de grupo pero al final quise aportar mi visión de la jugada, que es la siguiente:

 

            En mi opinión, siete notas la caracterizan. Una comunidad cristiana:

 

1) Se reúne en nombre de Jesús, es decir, Él es referencia fundamental en nuestra vida, forma de pensar, de actuar, de comprometernos, etc. Una referencia trinitaria ya que no podemos desligarlo de su relación con el Padre en el Espíritu. Y una referencia que no es posible sin un trato frecuente, cotidiano, amistoso, que se concreta en la oración común e individual realizada desde la vida en que estamos inmersos.

 

2) Es una comunidad anunciadora, que no se guarda esta experiencia para sí sola, que trata de compartirla con otros. Por eso estamos en presencia de una comunidad misionera.

 

3) Es una comunidad acogedora, por tanto, abierta, receptiva sobre todo de los que son diferentes. Lo cual tiene como consecuencia que no intenta engullirlos y hacer que cambien o que se acomoden a ella sino que es ella misma la que intenta cambiar para ser más universal, para acoger diferentes ideas, sensibilidades y maneras de pensar y actuar.

 

4) Tiene una vivencia comunitaria que se plasma en una comunicación en las dos direcciones, es decir, hablar y escuchar; que se reúne para comer juntos de vez en cuando, siguiendo el estilo de Jesús que a través de las comidas hacía realidad la igualdad y solidaridad entre sus miembros; y que se reúne igualmente en plan festivo, para celebrar fiesta.

 

5) Una comunidad, siguiendo lo anterior, celebradora, empezando por su vivencia de la Eucaristía pero no reduciéndolo a ella, ya que da gracias constantemente a Dios por los muchos dones y regalos que recibe de Él en su vida cotidiana.

 

6) Una comunidad comprometida, sobre todo con aquellas personas que experimentan marginación, dolor, abandono y cuantas situaciones les hacen sufrir. Con un compromiso que la pone incluso en la tesitura de afrontar riesgos y que los afronta sin tener miedo al fracaso.

 

7) Finalmente, una comunidad profundizadora, que no se queda en la superficie, que trata de sumergirse tanto en lo humano como en lo divino (ambas realidades íntimamente conexionadas); que trata de formarse permanentemente, no para adquirir una mayor erudición sino para conocer mejor y con ello querer mejor.

 

            Una comunidad así es un regalo para cualquiera que participa en ella, al tiempo que le supone una interpelación de cara a su vida.

 

Pepe Nerín

13.3.2011