PROMOCIÓN FRENTE A ASISTENCIALISMO
Asistencialismo (que no "asistencia").
Tanto la promoción como la asistencia son los grandes objetivos a conseguir en el terreno del transeuntismo. Hay que distinguir esta última (en línea con lo promocional) de lo que tradicionalmente ha sido su tergiversación: el "asistencialismo".
Las características más significativas de una orientación asistencialista serían las siguientes:
. Se trabaja "para" la persona.
. Predominio de la orientación benéfico-paternalista.
. Descoordinación y poca planificación.
. Ausencia de orientación preventiva y de apoyo a la autonomía personal.
. Desvinculación de la vida comunitaria.
. Metodología voluntarista de la acción social.
. No conecta con los problemas en profundidad, con sus causas y el contexto global.
. Atiende especialmente demandas manifiestas: alimentación, alojamiento, vestido, billetes innecesarios, etc.
. No estimula al transeúnte a abrir nuevos horizontes.
Y, además, refuerza el transeuntismo retroalimentando la marginalidad y provocando un círculo vicioso, y desaprovecha recursos.
Asistencia-Promoción.
Las características, en cambio, del modelo de asistencia-promoción serían éstas:
. Se trabaja "con" la persona.
. Establece un servicio de información y acogida.
. Atención personalizada.
. Profundiza en los problemas planteados.
. Trabaja también sobre las causas.
. Motiva al transeúnte para la salida de sus problemas.
. Desbloquea sus relaciones sociales.
. Busca su autonomía socio-laboral.
. Efectúa seguimiento de cada caso, utilizando, entre otros medios, un adecuado registro de datos.
. Se coordina con otros centros, por lo que deriva, por ejemplo, hacia centros especializados.
. Procura la prevención.
. Promueve la sensibilización social ante el problema y la implicación de la comunidad.
Es un modelo que racionaliza los recursos a su disposición, facilitando el asentamiento y la inserción social. Se orienta a la reinserción de la persona, es decir, a superar las razones profundas que le llevaron al "carril", para que vuelva a tener confianza en las posibilidades y capacidad para vivir por sí misma (J. Sánchez Miranda y J.R. Solanillas Vila: "Hacia una acción integral con transeúntes en el Mundo Rural", p. 32 y 63).
No se trata de seguir un modelo "ingenuo" que conciba la acción social como un esfuerzo por encajar al transeúnte en la sociedad limando las aristas de aquél (trabajando sobre el marginado y no sobre la sociedad), sino un modelo "contextual" que vaya abriendo huecos para que el transeúnte se vaya insertando (E. Linares, Dossier 32, p. 71).
Cuando hablamos de promoción o de inserción no estamos defendiendo que el transeúnte deba "someterse" o "adaptarse" a la misma sociedad que lo ha expulsado. Eso sería colaborar en el mantenimiento de un orden social que consideramos injusto. Estamos hablando del esfuerzo común, entre transeúntes y animadores, de promocionar a las personas para que puedan organizar su vida de manera autónoma y con capacidad de reacción ante una sociedad en la que deben poder ejercer plenamente sus derechos como todos los ciudadanos y cuyos obstáculos que a ello se oponen habremos de ir modificando.