ALGUNAS IDEAS ACERCA DE

LA ORGANIZACIÓN DIOCESANA

 

El presente escrito constituye la tercera parte de las “Propuestas y reflexiones para ayudar a salir de la crisis eclesial” que hemos venido publicando en esta sección como editoriales. Lo forman una serie de ideas, sin ánimo exhaustivo, en las que he incluido tres aportadas por mi amigo Álvaro Franch. En esta línea, invito a todos a enviarnos nuevas propuestas que nos comprometemos a publicar. Se trata, lógicamente, de ideas a debatir, sin pretensión de imponérselas a nadie, pero sí con la esperanza de que sean leídas, debatidas y tenidas en cuenta. Pensamos que todas ellas son razonables y posibles.

 

- La pastoral con los marginados debería ocupar un lugar predominante en los intereses y recursos de nuestra Iglesia Diocesana, reforzando los equipos que se dedican a las diversas marginaciones, eligiendo a los mejores para coordinar los mismos, facilitando sus actuaciones y difundiendo ampliamente las mismas.

 

- La Iglesia Aragonesa es lo suficientemente madura y mayor de edad como para que desde su seno surjan obispos aragoneses de origen o adopción que se encarguen de sus respectivas diócesis. Éstas, por su parte, no deberían estar vacantes en ningún momento, sincronizándose para ello los nombramientos.

- El obispo debería hacer el esfuerzo de visitar todas las parroquias y no en plan solemne sino como algo cotidiano. Tendría que liberarse de muchas horas dedicadas a recibir audiencias, de las cuales podría encargarse el Vicario General, para disponer de tiempo para relacionarse con la base en sus lugares de actuación y presencia.

- El obispo no debería vivir en un palacio sino en un piso normal o en una residencia, y enfrascarse, en la medida de lo posible, en las tareas en que se enfrasca cada vecino. Los palacios deberían ser incompatibles con el estilo evangélico.

- El obispo tendría que recuperar la costumbre que existió hace unos años de informar abiertamente, en reuniones abiertas a todo tipo de personas (incluida su difusión por el Boletín Oficial, la COPE, página web y la publicación Iglesia en Zaragoza), del contenido de las reuniones oficiales con otros obispos aragoneses o en la Conferencia Episcopal Española.

- Hay que recuperar el trabajo interdiocesano, el cual depende en gran medida de la actitud de cada uno de los obispos de no considar su diócesis como un feudo aparte.

- El Boletín Oficial de la Diócesis debería dar cabida a la información sobre las diversas iniciativas pastorales que se realizan calladamente en las parroquias, movimientos, colegios, etc., y perder su carácter excesivamente oficialista, episcopal y romano.

- La hoja Iglesia en Zaragoza no debería estar tan monopolizada por los escritos de los obispos como ha ocurrido en los últimos años. Por ejemplo, no es necesario que el comentario a las lecturas dominicales lo realice un prelado. Por otra parte, no deberían existir vetos como ha ocurrido en el pasado.

 

- Los diversos Consejos deberían servir para aconsejar (al obispo, a los párrocos), en lugar de espacio para aconsejar a los consejeros. Sus decisiones deberían ser vinculantes, salvando la objeción de conciencia del aconsejado.

- Sería interesante que en el Consejo Episcopal hubiera también seglares, tanto hombres como mujeres.

- El Consejo Pastoral debería ser el Consejo más importante, por encima del Consejo del Presbiterio. Sus reuniones deberían ser programadas y tener lugar una vez al mes. El contenido de las mismas debería hacerse público del mismo modo que el de las reuniones de los obispos antes mencionadas.

- Es necesaria una mayor trasparencia de las actividades y decisiones del Consejo Diocesano para Asuntos Económicos. La forma de hacerlas públicas puede ser similar a la expuesta anteriormente. No estaría de más que hubiera un debate público sobre los presupuestos y las cuentas de cada ejercicio anual, y que fueran aprobados por el Consejo de Pastoral presidido por el obispo.

- Hay que evitar la cooptación de cargos presidenciales en las Delegaciones Diocesanas, es decir, que el presidente saliente proponga al entrante, ya que con ese sistema se favorece la dominación de la Delegación por clanes cerrados.

- Los sacerdotes y cuantos ocupan cargos en la organización diocesana no deberían ser considerados como meros delegados “episcopales” sino como servidores del Pueblo de Dios y si son elegidos por los laicos o por otros sacerdotes son también sus representantes o delegados.

- Los actuales medios de comunicación hacen posible consultas por correo electrónico en plazos muy cortos. Hay que evitar que las comunicaciones se limiten a ir de arriba abajo como hasta ahora.

 

- Habría que potenciar la confraternidad diocesana de todos los agentes de pastoral, tanto seculares como religiosos, incluidos los miembros de las comunidades religiosas contemplativas, así como, por supuesto, los de las activas, salvando los carismas propios de cada cual. Evitar la “dualidad” secular-religiosa considerando a unos más diocesanos que otros y trabajar de igual a igual en la evangelización.

 

- Habría que potenciar el acercamiento ecuménico, el encuentro de los miembros de las diferentes confesiones religiosas, y hacerlo ya desde la base sin esperar a las Jornadas Oficiales sobre este tema.

 

- Sería conveniente que se nos explicase el hecho de que en Zaragoza no existe sólo el Seminario Diocesano sino también otros “seminarios” en algunas parroquias, y el sentido que se le da a cada uno de ellos.

- Habría que conseguirse que los seminaristas de todas las diócesis aragonesas volvieran a estudiar juntos en el CRETA (Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón).

- Habría que reconsiderar la actual vía de acceso al sacerdocio, las condiciones exigibles en cuanto a sexo, edad, estancia prolongada en un centro de formación, acceso de adultos comprometidos sin abandonar su lugar pastoral de origen, etc. Proponemos que esta última sea la vía fundamental.

 

- Los párrocos no tendrían por qué ser los sacerdotes. Podrían desempeñar esta tarea laicos y laicas con madurez y recorrido pastoral.

- Debería consultarse al Consejo Parroquial tanto el nombramiento de párroco como el de cura.

- Tanto el despacho parroquial (dedicado a papeles y expedientes) como la economía de las parroquias son funciones que pueden desempeñar perfectamente los laicos, liberando a los curas para otras tareas.

- Habría que reconsiderar la actual división parroquial y los límites parroquiales, sobre todo en la ciudad de Zaragoza.

- Cabe pensar en analizar a fondo la posibilidad de especialización parroquial, al menos de unas cuantas, para que sirvan de foco que oriente y potencie determinados aspectos pastorales, litúrgicos, etc.

- Como fruto del concluido Año Sacerdotal podría realizarse una encuesta al clero para que éste expresara libremente sus inquietudes y esperanzas, sus problemas y aspiraciones, sus gozos y dolores, sus propuestas y demandas.

 

- Habría que reconsiderar la jubilación del clero, actualmente postergada oficiosamente a los 75 años y que ni siquiera se cumple en todos los casos. Mejor cuanto más se homologue con la de los ciudadanos.

 

- La COPE, como medio de comunicación de la Iglesia de la cual formamos parte cristianos de múltiples tendencias, tanto de derechas como de izquierdas, no puede estar abusivamente monopolizada, como lo está actualmente, por la derecha ideológica y política, e incluso por la más conservadora. En ella deberían estar presentes las diversas tendencias eclesiales y servir como plataforma de diálogo.

 

- Sería conveniente que la llamada “Casa de la Iglesia” recuperase su carácter de casa de todos en lugar del predominio clerical que parece haber obtenido tras su remodelación. Su salón de actos y salas anexas deberían servir para fomentar el conocimiento mutuo con la presentación de los diversos grupos y movimientos, el debate de sus propuestas, etc.

 

- No debería hacerse caso a ninguna denuncia anónima que se remita a la correspondiente autoridad, y reenviar a las personas denunciantes a que se presenten a las mismas personas objeto de su denuncia para que traten con ellas directamente.

 

Pepe Nerín

1.6.2010

 

- Trasladar la catequesis de niños (9-10 años) a una catequesis para adultos (padres y padrinos) antes del Bautismo de niños recién nacidos. Es decir, potenciar la catequesis familiar que en estos años ha sido impulsada desde la Delegación de Catequesis en el caso de las primeras comuniones.

 

- Intentar “salir” de los conventos y de los templos, en los que se viven experiencias de vida religiosa más relacionada con formas pasadas que con la gente que vive ambientes más seculares, para realizar experiencias de Vida Comunitaria (solteros, casados, célibes, jóvenes y adultos, etc.) en medio de las ciudades.

 

- Inventar y crear un Comedor Social en el que comenzaran a comer juntas varias personas, al menos de lunes a viernes, y así economizar tiempo (sólo guisaría una persona y otra realizaría la compra), superar el comer solos por los diferentes horarios y educar a los más pequeños a comer sólo lo que nuestro organismo necesita. Una mesa, una comida, una conversación sobre la vida y para la vida. En esa mesa se podrían sentar personas que lo estén pasando mal al disponer de pocos bienes materiales.

 

Álvaro Franch

1.6.2010