OPTAMOS POR EL PROTAGONISMO DE LOS JÓVENES
Ser joven y vivir contradicciones es todo uno. Todo el mundo mira a la juventud, se estudian sus reacciones, se encuestan sus comportamientos, se comentan sus posiciones vitales. Pero, fundamentalmente, se le teme. De ahí que, fruto de ese temor, se le margina.
La sociedad no se fía de la juventud: puede ser una apuesta de cambio, de búsqueda, de otra forma de ver la vida. Por eso, la primera forma de marginación es la de separar a los jóvenes de los sitios donde se decide su futuro. Los partidos políticos, la asociaciones, han marginado a sus propios grupos juveniles. Molestan, plantean problemas, crean conflictos, cuestionan las formas adultas de vivir y de realizarse.
Otra forma de marginación es la manipulación, recurriendo para ello a la escuela, el consumo, droga, sexo, etc., incluido el paro. Al joven se le acusa de su no productividad, se le presentan modelos de vida atractivos superficialmente, se le convence de que lo que lleva en la cabeza son "pájaros pasajeros de juventud", que la vida es distinta...
En definitiva: hoy el joven no es protagonista de su propia vida. No tiene poder decisorio allí donde se mueve, o se trata de dirigir su vitalidad hacia otros caminos.
La Iglesia, por su parte, mira a la juventud como al propio futuro, pero recela. Ve en ella una posible fuerza de cambio, que a veces no se quiere o se le teme. Y así son los curas y los adultos los que deciden y quieren que nos sometamos y a veces nos domestican o tratan de hacerlo. ¡Cuántas veces los jóvenes salen de estampía de lugares eclesiales ante estas situaciones! Algunas veces se les dan responsabilidades pero dentro de un orden y en cosas sin importancia. Pero también hay que ser sinceros y reconocer que es en la Iglesia donde mayor juego se nos da.
Por eso los jóvenes de los grupos cristianos debemos exigir a nuestras comunidades, parroquias, etc., el derecho a ser nosotros mismos, a equivocarnos, a ser jóvenes, a ser protagonistas de nuestra experiencia de Iglesia. Esto puede concretarse en lo siguiente:
* Lograr que el animador sea eso: "animador", y no protagonista ni el que lo hace todo.
Y que los jóvenes no sean elementos pasivos, a la espera de lo que les den, ni sacristanes, ni brazo largo de los curas.
* Trabajar para que los jóvenes sean evangelizadores de los jóvenes, teniendo en cuenta muy especialmente su afinidad. No obstante, ellos no son los únicos evangelizadores de los jóvenes. Ello supone que:
. esté claro el papel de los jóvenes en la Iglesia,
. que se les reconozca este papel y protagonismo en pie de igualdad con el resto,
. que se les reconozca su tarea evangelizadora cuando están practicando la pastoral misionera.
* Elegir libremente nuestro ámbito de responsabilidad. Escuchando a todos pero optando nosotros. Si queremos trabajar en un ambiente determinado que no sean los adultos los que nos lo señalen decisoriamente o nos indiquen que allí no tenemos cabida. ¡Cuántas veces los jóvenes nos hallamos trabajando en algo que no hemos elegido!
* Poder decidir entre nosotros las formas concretas de realizar nuestra actividad. Aunque nos equivoquemos. Esto nos exigirá estudiar cómo la Iglesia ha realizado a lo largo de la historia esa actividad y aceptar asesoramiento de otros. Pero seremos nosotros los que decidamos y exijamos que respeten nuestras decisiones.
Tenemos derecho a ser nosotros los protagonistas de ir construyendo el Reino de Dios y la Iglesia como medio para llegar a él. Queremos una Iglesia que apueste por lo joven como un valor, sin miedos, menos instalada, más abierta al exterior y menos mirándose a sí misma, más democrática, menos segura de sí misma y más abierta a los valores del Reino. Una Iglesia más alegre, celebrativa, que incorpore los elementos juveniles de fiesta a su vida.
Pero este protagonismo debe ser aprendido:
a) por los jóvenes:
. acostumbrados cómodamente a que les hagan las cosas,
. deben asumir progresivamente responsabilidades,
. saber asumir las dificultades que esto lleva consigo;
b) por los adultos y animadores:
. tentados a la manipulación y paternalismo,
. tentados a considerarlos como meros receptores de un Mensaje que les transmite el adulto,
. tentados a fundar su propio Movimiento o Capilla,
. deben saber situarse en el mundo de los jóvenes:
.. no se trata de jugar a ser joven: lo necesitan adulto, referencia,
.. hay que confiar en ellos y escucharlos,
.. acompañamiento educativo: presente, crítico, solidario, que abre perspectivas.
Y, para corregir tanta falta de protagonismo, nosotros los jóvenes tenemos nuestra palabra que decir junto al resto del Pueblo de Dios, niños, adolescentes, adultos y ancianos.
Hacia una pedagogía que potencie el protagonismo juvenil
- El animador tiene que llevar un proceso de acompañamiento personal, que asume que el joven debe ser el verdadero protagonista de su propia evolución (ver Apéndice4: Acompañamiento).
- Potenciar la autonomía personal:
Éste es un objetivo fundamental en nuestro trabajo: lograr la autonomía del joven en todos sus aspectos. Pero no es posible ayudar al joven a desarrollar su autonomía personal si los mismos animadores no han recorrido antes idéntico camino. Por otra parte, el proceso del joven les podrá servir para revisar su propia autonomía personal como animadores.
- Pasar del absentismo vital a la responsabilidad personal.
Esto significa que el joven va pasando de la pasividad personal a la actitud de afrontar la realidad la cual le exige una respuesta, esto es, una "responsabilidad" que se va traduciendo en la asunción de responsabilidades concretas.
- De la protesta a la conciencia crítica que sabe discernir.
Hay muchos que adoptan posturas de crítica negativa indiscriminada contra todo. Por ello hemos de educarnos en analizar en profundidad, sabiendo discernir lo positivo de lo negativo, lo posible de lo imposible, etc.
- Potenciar la participación:
Un estilo de participación: el grupo constituye una especie de "empresa colectiva", común y compartida por animadores y jóvenes. Condiciones para la participación:
.. La creación de un clima de diálogo que implica el poder hablar y el deber de escuchar al otro. "El verdadero espíritu democrático no descansa tanto sobre el hecho de poder manifestarse como en el de ser oído y escuchado" (J. Durand-Dassier: "Psicoterapia sin psicoterapeuta", p. 85).
.. La creación de unas condiciones de libertad: en un ambiente donde todos se sientan con libertad para expresar sus propios sentimientos e ideas. Donde se sientan escuchados, aceptados y queridos.
.. La aceptación mutua en cuanto personas diferentes.