¿QUÉ HACER EN UNA IGLESIA DE LAICOS?

(Análisis de la Iglesia y del papel de los laicos)

(Conferencia pronunciada el 25 de marzo en Zaragoza)


Para analizar la Iglesia hay que partir de que vivimos una situación de cambio, incluso de cambio de paradigma. Algunos lo equiparan con el cambio del tiempo "eje", es decir, con el cambio que se produjo entre los años 800 y 200 antes de Jesucristo, época en que se sentaron las bases de la cultura que se ha venido desarrollando hasta nuestros días. Durante este período se produjo un proceso de maduración cultural y espuiritual que se originó casi simultáneamente en zonas tan diversas como China (Confucio y Laot-sé), India (Buda), Irán (Zaratustra), Palestina (los profetas) y, especialmente, Grecia (Homero, Parménides, Heráclito y Platón). Surge la filosofía y son puestos los cimientos de las religiones mundiales (religiones de salvación o liberación, frente a las anteriores que eran cósmicas), llegando a su fin la edad de los mitos. Se cultivan nuevos valores y se desarrolla una visión distinta del hombre con respecto a sus orígenes, su esencia y sus proyectos de vida, lo cual influye en las relaciones humanas y, por lo tanto, en la sociedad y sus organizaciones políticas.

Actualmente se están produciendo cambios muy importantes que avalan la hipótesis anterior del cambio de época. Citemos algunos de ellos:

. La globalización: la transformación del mundo en lo que se ha venido a llamar la "aldea global". La tierra se ha hecho más pequeña y todo se ha interrelacionado, de manera que lo que sucede en cualquier punto de la misma es conocido rápidamente y afecta al conjunto, aunque dependiendo de la importancia de la parte afectada.

. La nueva revolución que caracteriza el momento actual: la de los medios de comunicación y, más en concreto, la informática. Los medios audiovisuales se han convertido en los productos estrella del mercado, en los objetos más deseados.

. La situación de cambio permanente que está afectando a todo lo que nos rodea, consecuencia de la sociedad de consumo que necesita ir cambiando constantemente sus productos e irlos mejorando progresivamente gracias a los avances tecnológicos que se desarrollan en progresión geométrica. Todo ello conduce a relativizar cada producto, puesto que se sabe que al poco tiempo va a quedar anticuado. Y nos lleva a flexibilizar nuestra misma mente y a acostumbrarla a no absolutizar nada.

. El nuevo modelo de verdad, opuesta precisamente a todo tipo de dogmatismos y que ha rebajado considerablemente el argumento de autoridad. Esto afecta especialmente a una Iglesia, como la Católica, que se ha apoyado tradicionalmente en los dogmas de fe, definiciones, anatemas por no compartir las anteriores y que hace gala de mantener intacto el depósito de la fe, además de subrayar su verdad como universal, inmutable, eterna y absoluta, a pesar de que desde la Ilustración se viene poniendo en duda la existencia de leyes inmutables, tal como la llamada "ley natural", y que se insiste en que los humanos estamos ante un mundo lleno de posibilidades que nos invita a la creatividad y a la libertad. Por eso, muchas personas dentro de la Iglesia Católica experimentan una auténtica crisis y malestar al constatar el estilo dogmático y casi con pretensiones de infalibilidad de muchas intervenciones de nuestra jerarquía, elaboradas, además, por un reducido grupo de personas. El nuevo modelo de verdad no intenta excluir otras verdades sino dialogar y relacionarse con ellas para completarse y perfeccionarse. Se opta, por tanto, por una verdad más humilde y relacional, ya que hoy no se puede pretender tener la seguridad y la certeza absolutas, ningún punto de vista puede abarcar toda la realidad. Lo cual no quiere decir que haya que caer en el relativismo de considerar que todo da lo mismo, que todo es igual, pero sí en considerar "relativa" toda verdad, es decir, no absoluta, relacionada con otras verdades y necesitada de perfeccionamiento, especialmente si tenemos en cuenta la relatividad de nuestro lenguaje a través del cual las expresamos.

. La recuperación de una serie de valores llamados "posmodernos": la imaginación, la creatividad, el antiracismo, el pacifismo, etc.

. La interculturalidad, provocada por las migraciones que han traído hasta nuestras sociedad a multitud de personas procedentes de otros ámbitos culturales.

. La conciencia de los derechos humanos.

. La valoración de la democracia, al menos como concepto e ideal al que aspirar y que legitima las estructuras políticas y sociales.

. La conciencia de la igualdad de sexos.

. Los importantísimos cambios geopolíticos que han modificado los mapas mundiales: hemos pasado de una división en dos grandes bloques al predominio de una sola superpotencia (Estados Unidos) amenazada, al menos económicamente, por el despertar de las llamadas "potencias emergentes" (China, India, Brasil, etc.). Disminuye el papel de Europa y sube considerablemente el de Asia (donde el Cristianismo es muy minoritario).


En el terreno más propiamente religioso los cambios no son de menor calado:

. La secularización, entendida como la pérdida de influencia política y social de las grandes Iglesias que tradicionalmente la habían detentado. No obstante, este proceso coexiste con la creciente importancia política del Islam.

. El pluralismo religioso que va destrozando el monolitismo existente hasta el momento. Y, junto a él, la aparición del ateísmo de masas, aunque muchas veces se disfrace de agnosticismo.

. El aumento de la religiosidad extra-eclesial, es decir, de la religiosidad practicada independientemente de las Iglesias, como "por libre". Han entrado en crisis las mediaciones y los mediadores tradicionales.

. La importancia creciente de la espiritualidad, entendida como la dimensión profunda del ser humano. Se tiende a hablar menos de religión y más de ella.

. El nuevo papel de Dios. Ya no se trata de una causa más, intramundana y en retroceso ante la ciencia, ni del dios a nuestra medida (como proyección de nuestras necesidades o sentimientos), sino de considerarlo como Misterio, como lo totalmente Otro, pero, al mismo tiempo, como lo más profundo de nuestro yo. Lo cual se viene produciendo simultáneamente con el cambio en la concepción de la historia religiosa de la humanidad: vamos dejando de considerar que al principio hubo una caída (el pecado original) que nos ha obligado a arrastrarnos por este valle de lágrimas y ha obligado al mismo Dios a enviar a su Hijo para reparar la "ofensa infinita", gracias a cuya muerte, si somos "buenos", podremos salvarnos del desastre, a considerar que a una humanidad imperfecta e inmadura desde el principio (desde los primeros humanos) Dios la viene acompañando y haciendo crecer, implicándose Él mismo en este proceso (encarnación) para llevarla a la maduración final.

. La insistencia en el acceso a Dios a través de la vida mediante la experiencia y la contemplación. Como dijo en su tiempo el maestro Eckhart: "Si alguien cree que los pensamientos, los anhelos y la gracia especial le acercarán más a Dios que la cocina, el rebaño o el establo, no hace sino envolver su cabeza en una capa y ocultarla bajo el banco. Quien busca a Dios por un camino especial, hallará el Camino pero se alejará del Dios que se halla oculto en él, pero quien lo busca sin seguir ningún Camino especial, lo descubrirá tal cual es... la Vida misma".


Qué duda cabe, por otra parte, de que estos cambios vienen provocando distintas reacciones. Unos los asumen sin más. Otros los reciben con sentido crítico, tratando de distinguir el trigo de la paja. Los hay que se oponen a ellos frontalmente y prefieren aferrarse a situaciones anteriores.


ALGUNOS DATOS SOBRE LA IGLESIA


Dentro de este contexto es donde conviene situar y tratar de comprender la situación de nuestra Iglesia. Veamos a continuación algunos indicadores de la compleja realidad actual:

- Se han producido cambios recientes en la cúspide: tanto en la Iglesia universal (Benedicto XVI) como en la española (Blázquez) e incluso en la aragonesa (Ureña y obispos de las otras diócesis), lo cual hace que en estos momentos no estén todavía claras (aunque se intuyan) las líneas-fuerza de nuestra jerarquía.

- Hay una evidente pérdida de peso del Catolicismo en Europa (y en concreto en España) frente a la "pujanza" (al menos numérica) de las "periferias" (América, África).

- Distinta orientación hacia fuera (en los aspectos sociales, opción por los pobres, posicionamiento ante conflictos bélicos, etc.) que hacia dentro de la misma Iglesia (conservadora).

- Inflación de declaraciones jerárquicas que contrasta con el silencio de los fieles.

- Junto a ello existe todavía una importante capacidad de movilización de masas y de opinión pública.


Refiriéndonos más directamente a España, podemos afirmar lo siguiente:

- La Iglesia continúa teniendo en nuestro país una fuerte implantación territorial y social, lo cual lleva a muchos a afirmar que España sigue siendo una nación católica.

- Nuestra jerarquía, acostumbrada en el pasado a mandar, a determinar la conducta de los demás en todos los terrenos, tiene que desenvolverse en una sociedad democrática en la que ya no es el principal "intelectual orgánico" (la voz más atendida) sino que coexiste con otros (prensa, televisión, partidos, diversidad de movimientos, etc.). Su autoridad moral está en entredicho, sobre todo a propósito de diversos escándalos que se han ido conociendo (económicos, sexuales, etc.).

- Una Iglesia fundamentalmente de mujeres.

- Envejecimiento de curas y laicos.

- Inclinación oficial (pero no sólo oficial) hacia la derecha política, algo que es patente en la inmensa mayoría de sus medios de comunicación.

- Descenso constante de la práctica religiosa, especialmente relacionada con la edad y que se constata en la asistencia a los actos religiosos, sobre todo a la misa. Algunos sacramentos, como el de la penitencia, son ya casi del todo irrelevantes.

- Este descenso se interrumpe en los llamados sacramentos de "paso" (bautizos, primeras comuniones, bodas, entierros) y en los actos de religiosidad popular (procesiones, romerías, devociones que piden la intercesión de determinados santos). Con todo, se ven envueltos en una auténtica parafernalia social que hace difícil distinguir lo religioso de lo costumbrista o meramente social.

- Relevante papel de la Iglesia en su labor caritativa y social, que se realiza a través de Cáritas, de las diversas organizaciones religiosas, "oenegés", etc., y que incide en gran medida sobre los conocidos como "últimos", excluídos y marginados.

- Reacción negativa de la jerarquía ante los pasos que se dan en sexualidad y bioética.

- Disminución del número de efectivos, especialmente de los llamados "agentes" de evangelización o vocaciones especiales (sacerdotes, religiosos/as, etc.). La Iglesia lleva ya tiempo, aunque todavía tímidamente, importando curas y monjas de otros países a los que ella misma ha exportado tradicionalmente misioneros.

- En el campo de la enseñanza, la Iglesia sigue siendo una potencia. Pero es precisamente aquí donde se está librando una de las principales batallas, precisamente a propósito del carácter de la misma (laica o confesional).

- En el mundo asociativo, la Iglesia Católica también cuenta con una presencia importante, dentro del reducido asociacionismo que caracteriza a nuestro país.


¿QUÉ HABRÍA QUE HACER?


He dicho antes que el cambio en las cúspides de nuestras jerarquías ha provocado una situación de "impasse", de espera para ver por dónde se dirigen sus líneas de actuación. Si atendemos a los parámetros de la sociedad civil, ya hace tiempo que han concluído los cien días de gracia concedidos a todos los Gobiernos. Cunde, por consiguiente, una sensación de que hay que recordarles que hace falta que se aclaren y nos aclaren cuanto antes sus líneas-fuerza de actuación. Para ayudarles en esta tarea, especialmente, a la jerarquía que tenemos más cercana (la diocesana), aporto aquí algunas ideas. Tenemos que:

- Afrontar la necesidad de un cristianismo experiencial: una fe que sepa de lo que habla por experiencia propia. Potenciar una profunda experiencia interior de Dios.

- Afrontar el estilo de vida cristiano basado en el amor, el perdón y las bienaventuranzas, como una alternativa que ofrecer a cuantos buscan un proyecto de vida distinto. Desde ahí afrontar las distintas vocaciones y maneras de concretar este estilo de vida.

- Afrontar el papel de la Iglesia en la actual sociedad democrática, laica y pluralista, para ofrecer nuestros servicios a la misma y aceptar todos los valores positivos que ella conlleva.

- Afrontar el pluralismo religioso, tanto al interior como al exterior de la misma Iglesia, practicando el diálogo entre las diversas opiniones y el ecumenismo.

- Afrontar las necesidades de los hombres y mujeres de hoy para intentar ayudarles en este terreno, tanto con nuestras obras sociales, Cáritas, acciones parroquiales, etc., como en colaboración con las administraciones públicas y con entidades privadas. Ofrecer ámbitos de comunidad, tan necesarios para tantas personas que se sienten solas.

- Potenciar los análisis de la realidad y nuestra función de contestación o crítica social y de concienciación social.

- Afrontar el futuro de una Iglesia cada vez más reducida numéricamente a causa de una pastoral conservadora que se suele limitar a atender a quienes vienen. Afrontar la Pastoral Misionera, el salir al encuentro de otros, no en plan proselitista sino de oferta y colaboración.

- Afrontar el envejecimiento general, especialmente el del clero, y la ausencia de jóvenes, es decir, la Pastoral Juvenil.

- Afrontar el problema del clero: cada vez menos numeroso, más envejecido y con más tareas a las que no puede llegar.

- Afrontar la opción por los pobres, como opción preferencial de la Iglesia, que lleva a poner nuestros recursos al servicio de su promoción y, por tanto, de su evangelización. Afrontar desde ahí la economía de la Iglesia, sus recursos materiales, la distribución de sus bienes.

- Afrontar la formación, especialmente la catequética, como un medio de profundizar en el misterio de Dios que se manifiesta en medio de la vida de la gente, entre sus realidades, alegrías y problemas, desde una pedagogía activa y transformadora. Afrontar la ausencia de un profundo diálogo entre la fe y la cultura de nuestro tiempo.

- Afrontar la democracia participativa en la Iglesia: el acceso de hombres y mujeres laicos a la toma de decisiones y a los cargos de responsabilidad. Conviene revisar en profundidad el funcionamiento de las estructuras de participación en la toma de decisiones: Consejos Diocesanos, Consejos Parroquiales, etc. Configurar una cultura del escuchar.

- Afrontar las celebraciones sacramentales, especialmente la eucarística, de manera que estén unidas a la vida, incidan sobre la misma y tengan un carácter "celebrativo", es decir, festivo así como participativo. Superar el sacramentalismo rutinario y acartonado, la sensación de repetición rutinaria de nuestros ritos. Afrontar nuestro estilo de oración al Padre.

- Afrontar la imagen de una Iglesia preocupada por sí misma y por sus derechos, así como obsesionada por la moral sexual y por poner freno a los avances de la bioética.

- Afrontar los medios de comunicación de la Iglesia para que sirvan a su finalidad de anunciar la Buena Noticia, informar y analizar los problemas desde la pluralidad religiosa y para que dejen de ser feudos conservadores. Favorecer y agradecer la crítica adulta. Realizar una profunda autocrítica de nuestros mensajes. Analizar el lenguaje y los gestos que utilizamos. Desarrollar un nuevo modo de hablar de Dios y de la "salvación".

- Afrontar el arte, especialmente el religioso, como expresión de la situación humana actual y de las proyecciones de futuro. El papel de nuestro patrimonio cultural al servicio de la gente.


PAPEL DE LOS LAICOS EN TODO ESTO


Me preguntáis cuál debe ser el papel de los laicos en toda esta movida posible. Mi respuesta es bien sencilla: el papel de los laicos en un mundo cada vez con menos curas es el mismo papel de la Iglesia. Y debe desarrollarse dentro del esquema no de "curas-laicos" sino de comunidad-ministerios (una comunidad en la que hay una serie de personas que la sirven a través de tareas especiales a ellas encomendadas, las llamadas "diaconías"). Asumir todas las "diaconías", empezando por lo administrativo. La referencia nos la proporciona la elección de los diáconos en la primera comunidad: "Nosotros -dicen los Apóstoles- nos dedicaremos a la oración y al anuncio de la Palabra". Habría que reducir al clero a su papel de "consiliario o animador de la fe", "coordinador de comunidades", "celebrante". Esto ya lo vienen realizando desde hace muchos años los Movimientos de Acción Católica y su eficacia está más que probada.

Para ello, los laicos necesitáis un talante más o menos así:

- pasar del papel pasivo, receptivo y obediente/sumiso al activo, corresponsable y creativo;

- ser laicos no clericalizados y estar acompañados por curas "seculares", es decir, igualmente no clericalizados;

- oponeros al autoritarismo clerical y al cura orquesta;

- con una espiritualidad no monástica sino "mundana" (para andar por la vida, no para estar en un convento o encerrados);

- con un campo de actuación que sea no sólo el mundo sino también la Iglesia.


Vuestro papel tiene que ser activo en los diferentes ámbitos:

- en la organización / gobierno / administración de la Iglesia;

- en la espiritualidad / oración / celebración;

- en la formación / moral (formación de su conciencia);

- en la creación de comunidad;

- en el terreno de la acción social con los pobres;

- en la pastoral misionera, es decir, en medio de la gente de nuestra sociedad para dar testimonio del Dios que quiere su felicidad;

- en el terreno de la comunicación (ser emisores de comunicaciones y no sólo receptores).


Nuestro Arzobispo emérito, Elías Yanes, en la publicación "Iglesia en Zaragoza" de fecha 26.3.2006, aporta a este respecto los siguientes matices:

- laicado consciente de su vocación y misión en la Iglesia y en la sociedad;

- laicado formado ("fiel a la doctrina de la Iglesia");

- laicado en plena comunión eclesial ("fiel a las enseñanzas y orientaciones del Papa y de los Obispos");

- laicado organizado ("que vivan una espiritualidad de comunión");

- laicado que cultive seriamente su vida espiritual;

- laicado que asuma sus responsabilidades en las distintas áreas de la vida social.

Como puede apreciarse, insiste el prelado en la comunión y fidelidad al Papa y a los Obispos, lo cual le da un cierto aire de querer tener "controlado" al pueblo fiel para que de alguna manera no se desmande.


No quiero concretar propuestas para desarrollar todo lo anterior. Pero en esa dirección habrá que ir trabajando. Con todo, quiero subrayar que creo que ha llegado el momento de que la Iglesia se plantee el nombramiento de seglares como párrocos, ejerciendo los pocos sacerdotes que vayan a ir quedando su papel de consiliarios, coordinadores de comunidades, celebrantes, etc.

Soy muy consciente de que estos cambios van a encontrar (y están encontrando) fuertes resistencias. Hay muchos que dicen "es que no nos van a dejar". Lógico. Hay que contar con eso. Pero no hay que detenerse ahí. Hay que insistir e insistir, hacer propuestas y más propuestas, dar pasos y más pasos, ejercer derechos, saltar barreras. Jesucristo tuvo que hacerlo y eran muchos los que se le opusieron. Que Dios nos ayude.


Pepe Nerín