¡QUÉ PENA, POR DIOS!

 

La publicación de mi último editorial (“¿Hacia dónde vamos como Iglesia?”) parece que no ha sentado bien a personas como el que me acaba de escribir y cuya carta ha sido la siguiente:

 

“Señor Nerin:

 

Acabo de leer su editorial "Pero, ¿Hacia donde vamo como Iglesia?". En primer lugar, decirle que soy un católico contento y orgulloso de serlo. No estoy en absoluto de acuerdo con lo que usted expresa. Pero yo me pregunto, si usted esta tan enfadado y a disgusto dentro de la Iglesia, ¿Por que no la abandona? ¿Por que no funda su propia Iglesia a su medida? A lo mejor es porque en la Iglesia catolica tiene un sueldo asegurado, o igual es porque serían muy pocos y mayores los seguidores que tendría en "su" iglesia. A lo mejor tendría usted que aspirar a obispo para solucionar los problemas de la Iglesia. Me gustaria saber, aunque no pretendo que me lo diga, que parte de su sueldo y de sus bienes dona usted a organizaciones caritativas. Seguro que atesora usted bastante mas que yo, a pesar de ser los dos mileuristas (bueno, yo ni eso).

 

Un saludo.”

 

Tal cual. Y firma con su nombre y apellidos, pero, claro, un nombre solo sin más circunstancias no aclara nada acerca de su procedencia. He considerado oportuno contestarle a vuelta de correo y lo he hecho de esta forma:

 

“Señor X (pongo su apellido): ¿De dónde se saca que yo estoy "tan enfadado y a disgusto dentro de la Iglesia"? Yo soy un católico contento y orgulloso de serlo y que deseo para la Iglesia lo mejor. ¡Faltaría más! ¿O es que usted tiene la "patente" de eso? Y lo mejor, pienso yo, es que la Iglesia se acerque cada vez más al estilo evangélico que caracterizaba a Jesús y a sus discípulos. ¿Es eso malo? Si me ha leído éste y otros artículos semejantes observará que señalo posibles defectos y que, al mismo tiempo, hago propuestas para solucionarlos. ¿Es malo eso? ¿No es más bien señal de que amo a mi Iglesia y procuro que cada día sea más evangélica? ¿O es mejor callarse y dejar que los defectos sigan ahí? Yo creo que es lo mismo que hace el Papa actual cuando apunta claramente un gravísimo defecto como el de la pederastia. ¿O debería callarse también el Papa? ¿O es que tampoco el Papa ama a la Iglesia?

 

¿Y por qué tengo que abandonar la Iglesia? ¡Qué manía tienen algunos que desean vernos desaparecer por el mero hecho de que no tenemos sus mismas ideas! ¿Qué es eso de que funde una Iglesia a mi medida? ¿Y por qué se dedica a hacer afirmaciones gratuitas como la de que tengo un sueldo asegurado, tendría pocos seguidores, o de que debería aspirar a obispo? Una característica de mi vida es que jamás he intentado hacer carrera eclesiástica, ya que si lo hubiera intentado me habría quedado calladito para no molestar a los que pudieran promocionarme. ¿A qué viene esa "boutade"? No tiene ni idea de mí pero se permite esas "gracietas". ¿Por qué supone gratuitamente que no dono parte de mi sueldo a organizaciones caritativas o que atesoro bastante más que usted? ¡Usted qué sabe! ¿Es que sería justo que yo, por ejemplo, afirmara que usted tiene intenciones torcidas en todo esto? ¡Qué fácil es vestir de malo a uno para luego despellejarle! ¿Es eso caridad cristiana? 

 

Un saludo, aunque no sé ciertamente quién es usted ya que no pone más datos. En cambio los míos están clarísimos a lo largo de mi página web. No soy precisamente un anónimo.

 

Pepe Nerín

 

¿Por qué me he molestado en transcribiros esta correspondencia? Porque es algo que se repite con frecuencia en nuestra Iglesia: personas que no están de acuerdo con lo que otros dicen o hacen y que, en lugar de tratar de rebatir tus argumentos, dicen simplemente que no están en absoluto de acuerdo y a continuación utilizan el argumento “ad hominem”, es decir, se dedican a ponerte verde, a atacarte como persona. Son cristianos que no pueden soportar la mínima crítica a las actuales estructuras o comportamientos eclesiales porque entonces creen que se les cae encima todo el edificio en el que se encuentran cómodos y al abrigo de los “enemigos” (los que no piensan como ellos, si es que piensan). Lo que quieren es que desaparezcas, que te vayas de la Iglesia, y se comportan como pequeños inquisidores de medio pelo, como si la Iglesia fuera su feudo. Piensan que somos unos amargados, “de la cáscara amarga” como se decía antes, unos frustrados por no haber llegado a obispos (con lo cual dejan traslucir su idea del obispo como “poder” o como carrera eclesiástica apetitosa) o que somos una minoría insignificante (un autoengaño para sentirse ellos seguros). Y, finalmente, te acusan de ser seguramente un aprovechado incoherente, que hablo de pobreza pero vivo en la abundancia como un usurero. En resumen: hacen una caricatura llena de mala uva contra ti y luego te despellejan, como si uno fuera tal y como ellos pretenden.

 

¡Qué pena, por Dios! Y qué pena dan también aquellos inmovilistas que les comen el coco para lanzarlos contra todo lo que se mueva.

 

Pepe Nerín

20.10.2011