QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS
DEL OPUS DEI
Comenta nuestro reciente Nóbel Vargas
Llosa en un artículo publicado el domingo día 8 en El País que el cardenal Cipriani, arzobispo de Lima, representa la peor tradición
de
Vargas Llosa no es ni mucho menos un izquierdista sino un liberal-conservador que fue él también candidato a la presidencia. Fue derrotado por Fujimori, cuya hija trata ahora de ganar las elecciones con la intención, se supone, de amnistiar a su padre. Pero no sólo se refiere nuestro autor al cardenal sino también a otra connotada fujimorista, también del Opus Dei, Marta Chávez, que ha amenazado públicamente al presidente del Poder Judicial, eminente jurista que condenó a 25 años de cárcel al expresidente por crímenes contra los derechos humanos.
De todo esto me preocupa
especialmente el papel activo de estos destacados miembros del Opus Dei. Desgraciadamente
miembros de una organización que, si bien representó en sus comienzos un
revulsivo renovador para
La ausencia entre sus miembros de
un pensamiento libre, por más que sus dirigentes hablen de la gran libertad
dentro del Opus, se manifiesta en que no disponen de autores de relevancia en
el campo teológico y pastoral, a diferencia de lo que sucede entre los jesuitas
o dominicos, por poner tan sólo dos ejemplos en el campo teológico, así como
entre los escolapios y salesianos en el campo educativo. En cambio se han
orientado decididamente hacia el derecho canónico, lo cual no debe
sorprendernos, ya que se trata de aprender muy bien las normas canónicas para
disponer de un material que les permita hacer carrera eclesiástica, moverse muy
bien y estar muy cerca del poder eclesial. Ya disponen de varios cardenales y
durante el pontificado de Juan Pablo II obtuvieron nada menos que la portavocía de
Me preocupa, queridos hermanos del Opus, vuestra actitud y vuestro papel. Y lo digo desde el respeto y también desde el cariño. En mi familia hay algunos de vuestros miembros y a mí siempre me habéis tratado con afabilidad en la distancia corta, incluso animándome cuando fui expulsado del Instituto de Aínsa por diferencias ideológicas con el Patronato del centro. En mis tiempos juveniles hubo algún discreto intento por conquistarme, seguramente porque yo sacaba buenas notas y me fui a estudiar al extranjero en donde obtuve dos licenciaturas; todos sabemos acerca de vuestro interés por las élites. Sé también que habéis estado y seguís estando muy atentos a las situaciones personales de los sacerdotes que pasan por momentos de crisis, procurando acercaros a los mismos. Pero también he podido comprobar que los “curas-curas” son los vuestros y que no aconsejáis precisamente sino todo lo contrario a vuestros miembros que vayan, por ejemplo, a confesarse con cualquier sacerdote (tiene que ser de los vuestros). Oficialmente defensores de la familia, caéis en la contradicción de que la familia que os importa verdaderamente es la familia del Opus Dei, por encima de la familia natural de cada uno de los vuestros. Hablo por experiencia. Por eso preocupan bastante los rumores acerca de que el arzobispo podría dejaros la dirección del Seminario, con todo lo que tiene de control sobre el futuro clero, así como la de la publicación oficial Iglesia en Zaragoza. Muchos tememos que os sentiríais muy inclinados a "tirar pa casa" primando vuestros intereses de grupo por encima de los generales diocesanos.
A los de mi generación (tan
denostada, por otra parte, en los medios conservadores eclesiásticos que nos
echan en cara haber aprendido teología discutible y sospechosa a base de
fotocopias), a mi generación, repito, nos marcó vuestra imagen de apoyo al régimen
de la dictadura franquista y, especialmente, el que movierais vuestras
influencias romanas para dejar en nada las conclusiones de
¿Por qué, hermanos, por qué? Por más que releo los Evangelios no logro descubrir los fundamentos para vuestras actitudes tan cerradas. Veo a un Jesús volcado con los pobres y muy crítico con los poderosos, lo cual no observo precisamente en vosotros sino más bien todo lo contrario. Veo a un Jesús fraterno y servidor, amigo de la fiesta y solidario con los marginados, amigo de las mujeres a las cuales daba la misma consideración que a los hombres y atacando sin rubor las conductas machistas (p.e. salvando a la mujer adúltera, hablando con la samaritana, dejándose besar y abrazar por las prostituídas por hombres, con una amistad profunda con Marta y María llena de sentimiento, etc.), a un Jesús que se saltaba con decisión las normas si era para ayudar a quien lo necesitaba y que criticaba duramente la hipocresía de tanta contradicción entre lo que se dice y lo que se hace, lo que se practica en lo privado y lo que se proclama en lo oficial.
Creo que sois gente preparada y de hecho a los candidatos al sacerdocio les hacéis que estudien igualmente una carrera civil. Pero esa preparación queda luego como truncada al no permitir la libertad de pensamiento en el terreno eclesial o teológico, aunque luego puedan pensar como quieran en el terreno científico y algunos, sólo algunos, lo hayan podido hacer en el terreno político en el que claramente os situáis a la derecha y bien derecha. No conozco actualmente a ninguno de los vuestros con ideas izquierdistas. Esa falta de libertad se os nota hasta en vuestra vestimenta, que, por cierto, cuidáis con tanto esmero y evitando las arrugas.
Me preocupa que el control de vuestros miembros se convierta luego en muerte civil cuando algunos (me dicen que cada vez más) tratan de abandonar la “obra”. Rompéis totalmente vuestro trato con ellos, los dejáis salir con una mano delante y otra detrás, sin más recursos, y prescribís el silencio sobre ellos, como si nunca hubiera existido o pertenecido al Opus. Sus testimonios resultan estremecedores, como resulta clarividente en este terreno la total ausencia de autocrítica entre vosotros.
¿Por qué, hermanos, por qué? No
intento convenceros de que otra Iglesia es posible, lo que sí os digo es que
creo que muchos la intentamos vivir de otra manera, no tan jurídica sino
pastoral, atentos a las necesidades de la gente “normal” y priorizándolas
frente a las campañas jerárquicas, menos jerárquicos y más fraternos, menos autoritarios
y más demócratas, menos sumisos y más críticos, más de Jesús, del Padre y de su
Espíritu, que del propio movimiento o movida. Os deseo lo mejor porque formáis
parte de
Pepe Nerín
10.5.2011