J. Mª Castillo, Religión Digital 15.05.10 | 08:59![]()
La crisis
mundial de la economía, que está golpeando con especial crueldad a los países
más débiles, y sobre todo a los más débiles en esos países, se está ensañando
con muchos de nosotros, sobre todo con los inmigrantes, los parados, las
personas dependientes... ¿Qué están haciendo las religiones en esta situación?
¿Qué está haciendo nuestra Iglesia?
No es
éste el momento de echarnos en cara culpas y responsabilidades. Es la hora de
buscar soluciones. Y mi propuesta es muy clara, aunque entiendo que no será
fácil de llevarla a la práctica, al menos de inmediato, a corto plazo. Pero,
aun a sabiendas de la dificultad que entraña, lo quiero decir con toda claridad
y con toda firmeza. ¿De qué se trata?
Tenemos
que buscar y poner en práctica un "modelo alternativo de religiosidad".
Lo he dicho ya muchas veces y no me canso de repetirlo. Nuestra Iglesia
padece una hipertrofia de prácticas religiosas y una atrofia de convicciones
evangélicas. En las parroquias, en las iglesias y conventos, por lo
general, se siguen cuidando con esmero las prácticas sacramentales, al tiempo
que no se cuidan con el mismo esmero las personas que peor lo están pasando en
esta dramática situación. Mi propuesta es que el centro de atención, de interés
y de desvelos, en cada diócesis, en cada parroquia, en cada convento..., sea la
atención, la acogida, el cuidado de las personas que más sufren, que se ven más
desamparadas, más desprotegidas, con un futuro más oscuro.
Mucha
gente no sabe que, si el cristianismo creció vertiginosamente durante los
siglos III y IV, eso se debió a que, en aquellos tiempos, el Imperio empezó a
vivir lo que con razón se ha denominado como "una época de angustia"
(E. R. Dodds). Las instituciones hacían agua, la
economía se hundía, las gentes estaban asustadas. Pues bien, estando así las
cosas, los cristianos tuvieron el acierto de organizarse por "comunidades
de acogida", que fueron un alivio para los más desgraciados de entonces.
Como bien nos ha explicado el citado Profesor Dodds
(Oxford), "los beneficios que acarreaba el ser cristiano no quedaban
confinados al otro mundo. Una congregación cristiana poseía un sentido
comunitario más fuerte que cualquier otro grupo (isiaco o mitriano)
equivalente. Sus miembros quedaban unidos no sólo por unos ritos comunes, sino
también por una forma común de vida...
Esto
escribió el Profesor E. R. Dodds, en 1963. Su punto
de vista tiene ahora seguramente más actualidad que cuando él lo dijo. Y más,
incluso, que en los lejanos tiempos, de los siglos III y IV, que con tanta
competencia analiza y describe. Esto supuesto, mi pregunta es: ¿no tendría
que ser ésta la tarea más urgente, y el culto religioso más necesario que
nuestras parroquias y nuestras iglesias tendrían que poner en práctica de
manera urgente y apremiante?
Todos
sabemos que esto no sería la solución a la crisis. Pero sí sería, sin duda
alguna, el alivio de muchos sufrimientos humanos que, de otra manera, no van a
tener ni solución, ni remedio. Por lo demás, nunca deberíamos olvidar que esta
"religiosidad alternativa" fue precisamente la forma de religiosidad
que estrenó Jesús. La religiosidad que marcó la originalidad del cristianismo.