RUMBO Y NORTE
Me llamo Juan Carlos, tengo 29 años y voy a contaros una pequeña historia tiene un inicio triste porque trata sobre la ludopatía, pero estoy acabando un final que espero feliz.
En mi opinión lo que puede empezar en un juego acaba convirtiéndose en un problema del que es muy difícil salir sin ayuda, es un juego en el que juegas solo y siempre pierde el mismo. En el juego no sólo pierde dinero, yo perdí trabajo, amigos, mi compañera, mi niña, hasta la libertad porque mi billete de jugador me conducía a la prisión. Voy a resumiros el trayecto de este viaje.
Comenzó a los 15 años. Yo estaba trabajando en un bar y las máquinas de juego llamaban mi atención de una forma extraña, supongo que de una forma parecida llamaban a Ulises las sirenas y yo no dudé en lanzarme de cabeza; a los 17 años ya me di cuenta de que no era una mala costumbre sino un verdadero problema que desorientaba mi futuro, aún así quise estar ciego y no darle la importancia que en realidad tenía, aunque yo la conocía sobre todo cuando robé el primer dinero, y sobre todo cuando no me importó que este dinero fuera de mi hermano, la persona que más quería y más oportunidades me ha dado.
Los problemas se estaban acumulando, mi carácter y mi enfermedad me empujaban a estar solo, a abandonar los trabajos dando gritos, a deambular mendigando por distintas ciudades y por distintas regiones, a sentirme cada vez más lejos de todos y más acosado que nunca. Pero no tiene importancia el nombre (una ciudad cualquiera), sí la tiene el hecho (estafa y robo), más el desenlace (un año de prisión), más la causa (fiebre por el juego) y sobre todo la desesperanza (entrega voluntaria).
Es aquí donde más tiempo tuve para reflexionar, para pensar, para plantearme un futuro lejos de los bombos llenos de números, de las melodías y las luces mecánicas de las máquinas de juego.
Después los sentimientos de rehabilitación, las ganas de recuperarme eran cada vez más urgentes, ya que la situación me había llevado a abandonar a mi compañera y a mi niña y a volver a tomar el camino, siempre cualquier camino, que esta vez me condujo a Zaragoza; fue aquí donde busqué el apoyo de CÁRITAS para iniciar una terapia que pusiera fin a este viaje de juego y soledad. Ahora me encuentro en una Escuela Granja Taller donde aprendo una profesión, la albañilería, y desde donde acudo a un centro, AZAJER, en el que yo y otras personas con el mismo problema intentamos encontrar un rumbo Norte.
Los estímulos son tantos: la estabilidad, la mujer, la niña, el trabajo, el futuro juntos, las ganas de ver pasar los años y vernos pasarlos juntos organizando la vida sin contar con el enemigo del juego. En este nuevo viaje me encuentro, he sacado un nuevo billete, destino: el futuro, los lugares por los que pasamos (parajes llenos de ilusión), los compañeros de trayecto mi compañera y mi niña.
De seguir en este viaje hay un premio seguro pero esta vez no es a base de jugar sino de trabajar y luchar.