SAN AGUSTÍN Y SANTO TOMÁS SÓLO RECONOCEN
COMO HUMANO EL FETO A LOS 40 DÍAS
Frei
Betto (Adital)
Aunque soy contrario al
aborto, admito su discriminalización en ciertos
casos, como el de estupro, y no apoyo la postura del arzobispo de Olinda y
Recife al exigir que una niña de 9 años asuma una gravidez indeseada con el
grave riesgo de su supervivencia física (pues la síquica ya ha sido dañada) y
llegar a excomulgar a los que la ayuden a interrumpirla.
A lo largo de la
historia
San Agustín (s. 4º)
admite que sólo a partir del día 40 después de la fecundación se puede hablar
de persona. Santo Tomás de Aquino (s. 13) reafirma no reconocer como
humano el embrión que todavía no tiene 40 días, que es cuando le es infundida
el ‘alma racional’.
Esta posición se convirtió
en doctrina oficial de
En el siglo 20 se
introdujo la discusión entre aborto directo e indirecto. Roma pasó a admitir el
aborto indirecto en caso de embarazo tubárico o de
cáncer de útero. Pero no admite el aborto directo ni siquiera en caso de
estupro.
Bernhard
Haering, afamado moralista católico, admite el
aborto cuando se trata de preservar el útero para futuras gestaciones o si el
daño moral y psicológico causado por el estupro imposibilita el aceptar la
gravidez. Es lo que la teología moral denomina ignorancia invencible.
Roma está contra el aborto
por considerarlo la supresión voluntaria de una vida humana. Principio que
no siempre
Aunque
Para la genética,
el feto es humano a partir de la segmentación. Para la ginecología-obstetricia,
desde la anidación. Para la neurofisiología, sólo cuando se forma el cerebro. Y
para la psicosociología, cuando se da una relación
personalizada. O sea que la ciencia carece de consenso en cuanto al comienzo de
la vida humana.
Comparto la opinión de
que, ya desde la fecundación, hay vida con destino humano y por tanto
histórico. Desde la óptica cristiana la dignidad de un ser no deriva de lo
que es sino de lo que puede llegar a ser. Por eso el cristianismo defiende los
derechos inalienables de quienes están situados en el último peldaño de la
escala humana y social.
Pero el debate sobre si el
ser embrionario merece o no reconocimiento de su dignidad no debe inducir a
un moralismo intolerante, que ignora el drama de las mujeres que optan por
el aborto por razones que no son de mero egoísmo o conveniencia social, tal
como es el caso de la niña de Recife.
Si los moralistas
estuvieran sinceramente contra el aborto lucharían para que no se hiciese
necesario y todos pudieran nacer en condiciones sociales seguras. Ahora
bien, lo más cómodo es exigir que se mantenga la penalización del aborto. ¿Y
por qué no se penaliza el latifundio improductivo, y tantas otras causas que en
el Brasil llevan a la muerte cada año a casi 21 de cada 1000 niños que aún no
llegaron a los 12 meses de vida?
"En el plano de los
principios -declaró el obispo Duchène, entonces
presidente de
El caso de Recife exige un
análisis profundo acerca de los derechos del embrión y de la gestante, el
castigo severo de los estupros y de la violencia sexual en el seno de la
familia, y de los casos de pedofilia en el interior
de
(18.3.2009)