SANTOS POLÉMICOS
La
reciente beatificación del papa Juan Pablo II ha suscitado polémicas acerca de
la conveniencia de la misma. Para unos,
¿Qué
decir de todo esto? En primer lugar habría que señalar que beatificar o
canonizar a alguien no es un acto de fe, no es la proclamación de un dogma. Es
decir, que no obliga a los creyentes a asumir el hecho ni las virtudes ni el
sitio en la gloria de la persona elevada a los altares. Es conocido el dicho
“no es santo de mi devoción”, algo que popularmente (de nuevo la palabra “pueblo”)
se ha dicho siempre. Por eso nos gustan más unos santos que otros, incluso
algunos llegan a repelernos un tanto por sus actitudes que en nuestra época
consideramos que están fuera de tono (santos que se autoflagelaban
sin compasión, que se pasaban toda su vida subidos a una columna, que trataban
de llevar la sotana bien pulcra como un valor importante, que hacían culto del
sufrimiento y del dolor, etc.). Tampoco la beatificación supone que esa persona
fue perfecta en todo lo que hizo (“hasta el santo peca al menos siete veces al
día”, también dice el pueblo), e incluso hay santos que llevaron una vida
disipada pero que al final dieron un paso decisivo, ofrecieron su vida por los
demás y fueron mártires. Evidentemente no nos vale su vida anterior sino tan
sólo la decisión final. Ni siquiera que fuera un modelo perfecto que sirva para
toda
Para llegar a la declaración oficial, se establece todo un tribunal, toda una investigación sobre su vida y milagros (nunca mejor dicho). Y aquí llega un punto clave: se exige que el “venerable siervo de Dios” realice un milagro para ser beatificado y dos más para ser santificado. Y, naturalmente, que sea comprobado por los técnicos “competentes”. ¿Hay alguien competente en milagros? Esto es como forzar al candidato a beato o incluso al mismo Dios a intervenir en las leyes de la naturaleza para así manifestar su voluntad. ¿Se puede forzar a Dios a hacer un milagro? ¿Y qué es un milagro? Porque en la práctica siempre se trata de algo físico (curaciones de enfermedades oficialmente declaradas incurables por los médicos). ¿Se puede comprobar esto? ¿Alguien puede decir que es un “milagro”? En el mejor de los casos, ¿no cabría decir que se trata de algo (una curación) que en el momento actual de la ciencia es inexplicable científicamente? ¿No podría ser que en el futuro se descubriera una explicación científicamente intachable? Y ¿por qué sólo basarse o exigir milagros “físicos”? ¿No hay otros, llamémosles “milagros”, de otro tipo? Ante determinados hechos, cambios de actitudes, eventos, solemos decir “esto ha sido un milagro”. Con todo, siempre se tratará de una evaluación, de un juicio de valor, de un dar a un hecho una trascendencia que para otros será considerada indebida.
Personalmente, estimo que estos procesos son bastante inconsistentes. Ya he hablado de la exigencia de milagros. Pero luego está la recogida de datos, siempre mediatizada, quiérase o no, por las actitudes o ideologías de los investigadores. Lo que yo considero mérito en una persona, no tiene por qué coincidir con lo que otro observador considera. Hay quienes están, por ejemplo, encantados, con la vida y obras del fundador del Opus Dei, y me parece muy bien. A mí, en cambio, no me convence en absoluto por sus, para mí, abundantes oscuridades. ¿Por qué ellos se han “llevado el gato al agua” y han conseguido su canonización mientras que otros protestamos en su momento contra ella y no conseguimos nada? Aquí entran ya otros factores consecuencia de la dinámica de estos procesos: tener influencia en el Vaticano, disponer de grandes sumas de dinero para gastarlas en estos procesos que suelen ser costosos, potenciar una determinada ideología que goza de las bendiciones de quienes mandan, disponer de medios de comunicación, propaganda, etc. para influir en los resultados, etc. ¿Hay igualdad de condiciones en la línea de salida? En absoluto. Está claro que logrará seguramente la canonización quien tenga detrás de sí una potente organización eclesial, mientras que otro simple mortal no tiene nada que hacer. No en vano la inmensa mayoría de los santos proclamados eran religiosos o fundadores de órdenes, congregaciones o movimientos. ¿Se está favoreciendo con este sistema a los que tienen más poder? Indudablemente.
La
ideología influye claramente tal como vemos en la práctica. ¿Por qué fue tan
rápido el proceso de Escribá o el de JPII, mientras
que otros como los anteriormente mencionados tienen que esperar y ya veremos si
lo consiguen? Pues porque los primeros eran profundamente conservadores, como
nuestros actuales dirigentes eclesiásticos, y los otros presentaron una
alternativa distinta en
Lo
siento, pero todos estos factores, y otros más que se podían enumerar, me
inclinan a ser profundamente escéptico ante estos procesos oficiales de
canonización. Confío en la bondad de ser humano, aunque soy muy consciente de
sus imperfecciones e incluso de sus faltas o pecados. Pero que no traten de
imponerme modelos que, personalmente, no consigo identificar en muchos de sus
aspectos con el Evangelio. Prefiero creer, como he dicho antes, en la infinita
misericordia y bondad de Dios. Y en estos casos estoy también a favor de los
humildes. Por eso pienso que mi hermana, que murió hace medio año de cáncer y
que vivió durante cuarenta años en un pueblo sin más, es tan santa como el que
más y está en la gloria del Padre, en donde no hay jerarquías ni grados, aunque
no pidamos su canonización ni tengamos medios para intentar siquiera comenzar
el proceso. ¿Es evangélico gastar muchísimos millones en estos procesos,
rodearse en su proclamación por los poderosos de la tierra, dar una imagen de
poder mundial incompatible con el Cristo marginado y asesinado fuera de la
ciudad santa? Admiro la santidad de muchas de las personas que me rodean, con
sus fallos y errores, pero con su amor manifiesto. Entiendo que muchos tengan o
tengamos a determinados “santos” como modelos a seguir en determinados de sus
aspectos, pero que no nos impongan (y a través de un proceso muy criticable)
modelos tan parciales como todos los demás. Porque modelos válidos para toda
Pepe Nerín
2.5.2011