SEAMOS AUDACES,
ESPECIALMENTE EL NUEVO OBISPO
UN CONSEJO, CON PERDÓN
Me voy a permitir hoy dar un consejo, mucho es mi atrevimiento, a quien lo quiera recibir, pero especialmente a aquéllos investidos de autoridad en nuestra Iglesia, a aquéllos a quienes se les ha confiado la misión de dirigirla: sed audaces.
AUDACIA EN LAS PALABRAS
Tened libertad total para hablar, algo fundamental según aparece en el NT (ver Hch 2,29; 4,13; 4,31; 28,31; 2Cor 3,12; 7,4; Flm 8). No temáis decir algo claramente: no calléis por temor a las consecuencias tanto civiles como eclesiales. No habléis crípticamente con palabras que nadie entiende (señal de que a lo peor tampoco lo entendéis vosotros porque el que sabe y comprende bien algo sabe explicarlo con palabras sencillas). No dudéis en decirnos lo que desde la fe y desde vuestra responsabilidad tengáis que decirnos. Aplaudid siempre que podáis a quien merece ser aplaudido y denunciad, siempre que haga falta, a las personas y situaciones que dañan a las personas, aunque eso lleve consigo que seáis criticados o perdáis prestigios y ayudas entre los poderosos. Hablad con toda franqueza (ver las citas del NT anteriores), con el corazón en la mano.
Pero para hablar así es necesario primero saber escuchar, saber ver, saber captar, especialmente lo que les pasa a los pobres, a los sencillos, a los marginados, porque haciendo eso uno se va acercando humildemente, paso a paso, al Dios escondido en medio de ellos. Y todo eso desde un respeto inmenso hacia aquéllos sobre los que tenéis que "pastorear".
PERO TAMBIÉN EN LAS OBRAS
Tened audacia en las palabras pero también en las obras. Porque sin ellas vuestras palabras no valen nada. Que no sois "bustos parlantes", al modo de tantos locutores de TV, sino creyentes en acción y llenos de esperanza. Que no tenéis que "vendernos" nada, "comernos el coco" con muchos documentos, impartirnos "lecciones magistrales" como los únicos detentadores del saber divino. Sino más bien encarnar en vuestras vidas, obras y palabras, gestos y escuchas, el Evangelio de Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.
SINÓNIMOS DE AUDACIA
En un diccionario español de sinónimos he subrayado unos cuantos relacionados con la audacia y paso a glosarlos:
- Aplomo: actuad desde la serenidad, sin perder los nervios, desde la firme convicción.
- Arrestos, coraje, decisión: con firmeza apoyada en el aplomo, no seáis indecisos ni necesitéis estar siempre apoyándoos en las decisiones de vuestros "superiores" confiando vanamente en que quien se limita a obedecer nunca se equivoca (lo cual recuerda las excusas terribles de la "obediencia debida").
- Valentía, atrevimiento, intrepidez, insolencia, descaro, locura: rompiendo moldes convencionales, arriesgando, exponiéndoos a que "os partan la cara" porque "dais la cara", a que incluso os tachen de "locos" por saliros del marco en que os habéis u os han encerrado, quedándoos en "fuera de juego" cuando este juego tiene las reglas marcadas en favor de los poderosos.
- Resolución: ayudad a resolver problemas, no a crearlos artificialmente, no a "pastelear" sin definiros para no correr riesgos. Ayudad, especialmente, a resolver los problemas de los pobres, ya que son los problemas que interesan a Dios: el hambre de los pobres y no los excesos de peso de los ricos. Me temo que, para nuestra desgracia, somos muchos los que experimentamos que normalmente no nos servís de gran ayuda, que no nos ofrecéis soluciones válidas, e incluso, que a veces nos desconcertáis más que nos ayudáis, nos creáis problemas más que nos aliviáis de los nuestros. Y esto es terrible porque os necesitamos, no para que nos deis las soluciones hechas sino para que estéis con nosotros aportándonos aliento, comprensión y esperanza.
QUERIDO NUEVO OBISPO: SÉ UN REVULSIVO, POR FAVOR TE LO PIDO
Por eso mismo, yo te pido, nuevo Obispo, que no encajes en la actual situación estructural de nuestra Diócesis para no cambiar nada (aunque algunos, ante el cambio de prelado, ya recen pidiendo "Virgencica, que me quede como estoy o como estamos"), ni que supongas un freno y marcha atrás (como hay también a quienes les gustaría) sino que seas un revulsivo, un hombre carismático, que te atrevas a ello. Y no para ponerlo todo patas arriba, para aplicar como nuevo maestrillo tu librillo aprendido en otros contextos, sino para contribuir a nuestra evangelización, para que no nos agarremos sin más a lo que siempre hemos hecho o hemos sido, sino para que nos llenemos del Espíritu del Padre y del Hijo y afrontemos la realidad con nuevos ojos de fe, esperanza y caridad, abriéndonos a las nuevas perspectivas socio-culturales y personales.
VIVE JUNTO A LOS POBRES
Pero para ello es fundamental que vivas con audacia aquello de que el lugar especial de Dios son los pobres. Lo cual significa básicamente que cambies tu espacio social, el lugar en donde vivas y te mezcles físicamente con ellos: que no residas en un palacio sino en un barrio cualquiera; que no tengas "servidores" que te liberen de las preocupaciones domésticas sino que experimentes el "saber lo que vale un peine"; que tus contactos con la gente no se realicen a base de recibir audiencias en un ambiente "elegante y artístico" sino pateándote las calles y entrando en las casas; que no celebres tanto en la "catedral", en tu "cátedra", sino en las parroquias, concelebrando con los curas de barrios y pueblos y no tanto con los canónigos, descubriendo el Evangelio vivo entre la gente sencilla y no tanto perdiendo los ojos entre libros en tu despacho. Sin estos requisitos me temo que quedarás una vez más prisionero del aparato, de una estructura determinada, de la corte de personas que siempre suelen merodear en torno a los poderosos.
Y lo que para el obispo deseo lo deseo igualmente para cuantos detentan cargos, responsabilidades de "poder" en nuestra Iglesia. Porque tampoco un párroco, por poner un ejemplo, puede comportarse como un gobernador de su parroquia.
MÉZCLATE CON OTROS QUE NO SEAN LOS DE SIEMPRE
Es fundamental, a mi modo de entender, que como obispo "veas", captes, trates, reflexiones, etc., otras cosas, otros aspectos que no sean sólo los "oficiales", los "eclesiásticos". Que te juntes con personas que a su vez sean "audaces": que no te camuflen la realidad, que te informen verazmente, que te digan la verdad aunque sea dura (a ejemplo, me acuerdo ahora y en muchas ocasiones, del cardenal Tarancón que invitó a un cura para que fuera su "asesor", yéndose con él para que en todo momento le dijera la verdad). Claro que, para ello, estas personas deben estar a su vez en contacto estrecho con la realidad, especialmente, la de los pobres.
Que como Obispo tengas "amigos" y "amigas" (que no se me diga que el obispo, dada su especial responsabilidad, no puede tenerlos) con los que disfrutes, con los que dialogues "a calzón quitado", y mejor si entre ellos hay quienes opinan muy distinto a ti, incluso si son agnósticos o incluso ateos. Un obispo que no dialogue actualmente con el agnosticismo (con agnósticos) y con el ateísmo (con ateos) se invalida para el diálogo con el mundo (con los hombres y mujeres) de hoy.
Que leas no solamente lo que dice el Papa (por supuesto que también), o lo que dicen los teólogos considerados "ortodoxos" y sólidos por la jerarquía, sino lo que dicen los heterodoxos. ¡Ojalá todos prestáramos oído a quienes tienen opiniones totalmente contrarias a las nuestras! Y las tomáramos muy en serio, no para combatirlas sino para descubrir toda la verdad que sin duda existe en sus afirmaciones y propuestas.
ESCUCHA LAS MARAVILLAS DE DIOS Y NO A LOS CHISMOSOS
Que no escuches a quien te venga con chismes sino a quien te confiese sus alegrías, penas e ilusiones, o te cuente maravillas de otras personas para acudir también tú a maravillarte (y no como Herodes que, paladinamente, pretendía lo contrario). ¿No es bueno incluir en nuestras acciones de gracias a Dios el reconocimiento de que hoy sigue haciendo maravillas a través de personas concretas, incluso aunque no sean creyentes? Que tu oración sea de acción de gracias y no de rezos.
ATRÉVETE A IR MÁS ALLÁ DE LAS NORMAS
Que te atrevas a ir más allá, considerando las normas eclesiásticas actuales no tanto como barreras infranqueables, no tanto como límites a la creatividad, no tanto como acatamiento y sumisión, sino como ayudas mientras no existan otras mejores, las cuales, estas últimas, acabarán por surgir como fruto de la experiencia y de la vida de los creyentes. Porque se supone, digo yo, que también al Derecho Canónico le sucede lo que al resto de los Derechos: que siempre van por detrás de la vida. Privilegiemos, por tanto, la vida y la vida creyente, y no tanto la norma, la cual siempre debe estar al servicio de la gente y no al revés.
PONTE EN CUESTIÓN A TÍ MISMO
Tener audacia es, entre otras cosas, ponernos en cuestión, tanto lo que somos como lo que hacemos, y ponernos en cuestión ante Jesucristo y su Evangelio. Es ponernos en manos de Dios y no de los hombres, para que Él nos ponga en manos de los pobres y no de los poderosos. Es saber reirnos de nosotros mismos, reconociendo lo poco que somos y valemos, mirarnos al espejo con franqueza, reconocer que somos "siervos" (aunque yo creo que es más evangélico decir "amigos", "colaboradores") bastante inútiles, y que nuestras vidas pasan y otros vendrán después para hacerlo no como "Dios les dé a entender" sino como ellos sean capaces de "entender a Dios", seguramente bastante limitadamente como nosotros.
Que no te creas en posesión de la Verdad sino que salgas a buscarla, igual que todos necesitamos salir a la búsqueda de Dios a ver si Él reparte suerte. Si te nos presentas como alguien muy seguro de sí mismo, que tiene las cosas muy claras, con convicciones inamovibles y una decisión firme de hacer cosas caiga quien caiga, acabaremos mirándote como un extraterrestre, te consideraremos como un pobre diablo y nos alejaremos de tí para que no te derrumbes encima de nosotros cuando te pegues el tortazo.
ATRÉVETE CON LO NUEVO
Tener audacia, y se lo deseo al nuevo Obispo, pero, repito, también a los que "mandan", es atreverse con lo nuevo, y no me refiero tanto a las nuevas tecnologías sino a las nuevas necesidades personales y sociales, especialmente las de los pobres. Pero para conocer estas necesidades hay que estar cerca de la gente, hacerlas nuestras desde la experiencia, no hablar desde la teoría sino desde la práctica. Y atreverse con lo nuevo es potenciar una pastoral más creativa, especialmente en lo que se refiere a la pastoral misionera. Que muchos curas no sabemos qué hacer y lo mismo les pasa a los seglares. Que estamos atrapados por unas costumbres, unos horarios, unos servicios religiosos, unas dedicaciones, un estilo de que vengan más que el de ir al encuentro, etc. Yo pienso que el nuevo Obispo debe fomentar la creatividad, la audacia, la colaboración para encontrar caminos nuevos en pastoral. Y si se cometen excesos saber tratarlos con paciencia, sin nerviosismos. Aunque el mayor exceso es quedarse de brazos cruzados, repitiendo fórmulas que en el contexto actual son ineficaces e incluso a veces motivo de escándalo. El que más se equivoca es el que no se mueve y encima critica a los que intentan abrir caminos nuevos que sirvan para todos.
ATRÉVETE CON LOS CURAS
Tener audacia es lo contrario de enrocarse, de agarrarse a fórmulas ya superadas. Atrévete a afrontar la situación de los curas. Somos cada vez menos y más viejos, cada vez con menos fuerzas para servir de revulsivo y contribuir a una revitalización. Va en aumento nuestro escepticismo frente a toda posibilidad de mejora. Estamos la mayoría para que nos jubilen, pero se insiste en que debemos permanecer en nuestros puestos hasta que nos muramos o no podamos físicamente más. Para mí esto no es bueno. Yo creo que cuando uno llega a la edad de jubilación civil (65 años) debe aceptarse su jubilación del cargo y asegurarle unos ingresos económicos al menos como los que perciben los activos (¡que ya es decir!). Ya sabemos que seremos siempre "curas" y seguiremos ejerciendo como tales, pero eso no significa seguir como párrocos, como vicarios, como Delegados, etc. Hacer que permanezcan en sus cargos es autoengañarnos, bloquear revitalizaciones, negar derechos como los que tienen todos los demás ciudadanos, inmovilizar a la Iglesia, mostrar desconfianza hacia otros sacerdotes y hacia los seglares. Y encima se les humilla actualmente haciéndoles firmar un documento mediante el que se comprometen a seguir trabajando en lo que les manden sus superiores.
Acércate a los curas no para controlar nuestra ortodoxia sino para interesarte por nuestra vida, por nuestros sentimientos, por nuestros problemas, ilusiones, penas. Que antes que curas somos personas, hombres de carne y hueso, con nuestro corazoncito y todo. No sabes lo importante que son los detalles, las llamadas gratuitas, las visitas improvisadas sin necesidad de recurrir a la agenda. Hasta podríamos ir al cine juntos (y con otros seglares, por supuesto, porque ir sólo curas no es lo más entretenido), a ver una exposición o a disfrutar con un partido de fútbol. Sé humano, por favor. Si no sabes siquiera divertirte con otros es que nos vas a aburrir hasta al relacionarnos con Dios.
Ayúdanos a redescubrir nuestro papel como curas en medio de los seglares y no separados de ellos como hay quienes lo pretenden. Pero hazlo como quien acompaña, como quien busca junto a nosotros, como quien se atreve a encontrar caminos nuevos en una sociedad nueva, no como quien vuelve la vista atrás o cumple órdenes para no crearse problemas. ¡Ojalá te crees problemas por ponerte al servicio de la gente! Ponte entre nosotros como quien sirve, no como quien manda, como quien muestra a Jesucristo, no como quien se muestra a sí mismo ocultándole a Él.
Mima a los curas pero quítales el poder. Contribuye a que desaparezca el estamento clerical para que pueda surgir el ministerio presbiteral: que pasemos de la clave del poder a la del servicio. Por eso te recomiendo que para tomar tus decisiones no te apoyes exclusivamente en el grupo de Vicarios, todos ellos hombres ascendidos por escalafón, ni siquiera en el Consejo Presbiteral, sino que le des toda la cancha a un Consejo Pastoral ampliamente representativo y mayoritariamente seglar no designado a dedo por ti.
AFRONTA LA CUESTIÓN DEL SEMINARIO
Tener audacia es también atreverse con el Seminario. La caída del número de seminaristas es drástica y las perspectivas no parecen ser en absoluto mejores. ¿Vamos a esperar a que no quede ninguno para plantearnos cambios estructurales? No se trata de buscar culpables sino soluciones, y de nuevo soluciones audaces, no vueltas atrás, volviendo a un modelo de seminario que pudo resultar válido en un contexto de "cristiandad" que no tiene nada que ver con el actual. Volver a ello sería de nuevo enrocarse, esterilizarse, autoengañarse, provocar nuevos sufrimientos. Y no solucionar nada.
NO TE ENFEUDES EN LA DERECHA
Tener audacia es igualmente no situarse como institución en la derecha del espectro político. Hace poco me preguntaba un amigo joven que por qué no leía yo el ABC como él suponía que hacemos los curas, en lugar de otros periódicos menos a la derecha. ¿Por qué se nos identifica con la derecha conservadora? Porque, claro está, solemos dar más muestras de tender en esa dirección que en otras. Se nos identifica como conservadores, precisamente lo contrario de cómo identificaban en su tiempo a Jesucristo. ¿Es que tenemos que votar a la derecha, al PP? ¿Por qué razón? Que cada uno vote como quiera y que se acepte a todo el mundo, no considerando a los que votamos otras perspectivas, especialmente si somos curas, como personas más bien extravagantes o incluso sospechosas y, por supuesto, sin que ello afecte a nuestro "curriculum". En bastantes ocasiones he estado en reuniones oficiales en las que los que hablaban (siempre de un nivel jerárquico, por encima de la media) soltaban andanadas contra las izquierdas en general o contra personajes de izquierda, como si allí todos pensáramos lo mismo por el hecho de ser eclesiásticos. Pues no, no todos pensamos lo mismo, gracias a Dios, y eso es enriquecedor; y sería más enriquecedor si este pluralismo se diera también entre los Obispos y no se ocultara sino que se aceptara con gozo por todos.
ATRÉVETE A GESTOS AUDACES
Tener audacia lleva a realizar gestos audaces. No me refiero a gestos espectaculares (de espectáculo, "teatrales", demagógicos) sino a gestos que se salgan de lo normal y que vayan en la dirección del compromiso evangelizador con los más pobres. Pasar de un palacio a un piso en un barrio es, por ejemplo, uno de ellos: no es lo normal y apunta a situarse no en el centro sino en la periferia, no junto al poder sino junto a los pobres, no en la excepcionalidad sino en la normalidad, no esperar a que vengan a mí sino ir yo a ellos, como hacía Jesucristo. ¡Si es que no tenemos otro modelo más válido! Necesitamos de vez en cuando gestos que nos sirvan de aldabonazos para hacer pensar, rectificar nuestros desvaríos y hacernos cambiar actitudes. Y siempre los gestos audaces pasan por ir allí donde están los problemas para intentar aportar soluciones o buscarlas entre todos. No necesitamos ni obispos lejanos ni obispos simplemente campechanos: necesitamos obispos testigos vivientes de un estilo de vida evangélico en medio de la gente, como Jesucristo.
Tener audacia es meterse de lleno en el mundo ya que no se puede evangelizar desde arriba, desde otro mundo. Recuerdo una cita de Simone Weil: "No es el modo como una persona habla de Dios lo que me permite saber si ha morado en el fuego del amor divino..., sino el modo como habla de las cosas terrenas". Hablar no desde lo abstracto sino desde lo concreto, desde la realidad de los pobres. Pero para ello hay que vivir esa realidad desde una solidaridad real y no teórica.
DESMÁRCATE DE QUIENES VAN A INTENTAR MARCARTE
Tener audacia es saberse desmarcar de quienes intentan "marcarnos". Hay grupos y personas en la Iglesia que pretenden no el servicio sino el poder, que se sitúan para tener influencia e influencias, que se han ido adueñando, al parecer, de posiciones bastante claves en la Iglesia. Se te van a acercar como nuevo Obispo, van a mostrarte su "cercanía", su "disponibilidad" para lo que quieras, pero también, más o menos finamente, su peso específico, te van a recordar con palabras sutiles que dicen sin decir que pueden controlarte apelando a instancias superiores si te atreves a alguna "locura" o desvío por pequeño que sea. Por favor: no te inclines hacia ellos sino hacia los que no tienen poder, hacia los marginados.
FOMENTA LA PARTICIPACIÓN Y LA CORRESPONSABILIDAD
La necesitamos como el comer. Siempre se critica a los políticos porque dicen que van a fomentar esto pero luego siempre resulta que no lo hacen porque no les interesa, porque eso les va a quitar margen de autonomía para actuar a su antojo. Que no se pueda decir esto de tí. No fomentes, por favor, la centralización sino la descentralización, el inmovilismo en los cargos sino todo lo contrario. No te reserves para tí solo las decisiones sino pide ayuda (que la vas a necesitar) para tomar las decisiones más evangélicas posibles. Y no pidas ayuda a unos pocos sino a todos. Fomenta el papel de los seglares ante todo sin convertirlos en meros ayudantes o monaguillos de los curas, como si fueran menores de edad. Pero para eso tienes que fiarte de ellos, aunque no siempre coincidan contigo en sus opiniones y propuestas. Juega en serio a la corresponsabilidad. No les consultes tan sólo: hazles todo el caso que puedas. Recuerda que hasta a Jesucristo le dio una buena lección una "despreciada" mujer cananea. Nadie va a negarte tu responsabilidad especial, pero no niegues tú la responsabilidad y corresponsabilidad de los demás. Mira que juntos saben más que tú (y en bastantes ocasiones seguramente también por separado), tienen más experiencia pastoral y vital que tú, son más Cuerpo de Cristo que tú si te sitúas por encima o al margen de ellos.
Especialmente te pido que les hagas caso a las mujeres. Son en este momento (y creo que siempre ha sido así) nuestra mayor riqueza de efectivos y sensibilidad, la principal ayuda en nuestra Iglesia. Elévalas y no las rebajes. Encárgales responsabilidades igual que a los varones. Que no tengamos que sufrir el oprobio al ver cómo se nos critica, y con razón, por tratarlas tantas veces como creyentes de segunda categoría. Que ellas fueron las que no huyeron sino que estuvieron al pie de la cruz, los primeros testigos de la resurrección, las primeras creyentes como María, las que dan el callo en nuestra Iglesia más que nadie, las que se encargan de las tareas que menos "puntos" dan (limpieza, pastoral de la salud, catequesis de niños, etc.).
SÉ AUDAZ CULTURALMENTE
No te limites a "conservar" el actual patrimonio artístico, ya que eso es lo menos que puede pedírsete. Atrévete a entrar en contacto con las nuevas ideas, con las nuevas tendencias, con los nuevos escritores, pintores, pensadores, artistas. Que no se diga de tí que no se te ve nunca por ninguna exposición, que no lees nunca novelas actuales, que no te preocupan los nuevos descubrimientos en los diferentes campos. Preocúpate y potencia la cultura, la reflexión, el debate, la libertad creativa, el arte. Y que todo ello se refleje en los medios de comunicación de nuestra Iglesia: que no estén tan atentos a la voz y actividades de los obispos sino que dejen vía libre para expresar la movida del Espíritu a través de las realizaciones y creaciones de tantos grupos y personas que parecen no existir pero que están dando el callo.
TENGAN MÁS AUDACIA EN EL NOMBRAMIENTO DE OBISPOS
Finalmente, muchos pensamos que habría que tener más audacia en el nombramiento de los nuevos Obispos. Pensamos que sería mucho mejor, mucho más "tradicional" en el sentido de los primeros tiempos, que en la selección del Obispo tuviera una parte muy importante el conjunto de los cristianos de la Diócesis. No se ha hecho en este caso, pero creo que sería conveniente caminar en esa dirección. De todos modos, ya que se nos ha nombrado a uno desde "arriba", que en adelante se piense no únicamente en clérigos del "aparato", es decir, en sacerdotes que sean vicarios episcopales o secretarios episcopales, como suele ocurrir en la inmensa mayoría de los casos, por supuesto entre los nombrados en Aragón (y que son, por cierto, unas personas buenísimas y excelentes, qué duda cabe), sino que se abra el espectro pensando igualmente en otros tipos, en otros curriculums, incluidos sacerdotes no tan cercanos a la Curia y más metidos en evangelizaciones más punteras. Hay muchos que piensan que los obispos que se van nombrando son bastante clónicos.
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Perdona, nuevo Obispo, mi atrevimiento. Consejos doy que para mí no tengo. No soy nadie, ni represento a nadie, ni aspiro a ningún cargo. No soy un modelo de cura (ni espiritual, ni pastoralmente, ni comprometido con los pobres) ni de persona (he provocado innecesariamente la irritación de otros, he abusado de la ironía, me enciendo cada vez más en las discusiones, vivo como un burgués). Pero, por favor, no acabes con mi ya poca esperanza en la institución, como les ocurre a muchos otros; no apagues el pábilo vacilante de mis ilusiones en que otro modelo de proceder y de organización interna es posible; no acabes con mi deseo y proceder inasequible al desaliento de seguir haciendo proyectos y propuestas para actualizar la pastoral, empezando por la de mi actual parroquia. Quiero y queremos colaborar contigo, sin pedir recompensas por ello como no sea la de que se nos reconozca y valore en lo que tiene nuestra labor. Soñamos y creemos en tiempos mejores para la Iglesia y para ello hacemos lo posible para seguir siendo audaces, incluso exponiéndonos a recibir algún que otro "disgusto" por lo que hacemos, decimos o escribimos. Un fuerte abrazo.
Pepe Nerín Baselga