NO SE TRATA SÓLO
DE VOTAR A LA EXTREMA DERECHA
Leía
yo tranquilamente la prensa el otro día por Internet cuando me sorprendió una
noticia: el Arzobispo de Pamplona se declara favorable al voto a partidos de
extrema derecha como la Falange. Mi
primera sensación fue la de que no podía ser y acudí rápidamente a la fuente, a
la página web de dicha Diócesis, y allí obtuve la
confirmación de tan nefasta noticia, ya que en el apartado 8 del capítulo III de
un documento que contenía la intervención de D. Fernando Sebastián en una
conferencia en León se expresaba de esta forma: “Hoy en España hay algunos partidos
políticos que quieren ser fieles a la doctrina social de la Iglesia en su totalidad,
como p.e. Comunión Tradicionalista Católica,
Alternativa Española, Tercio Católico de Acción Política, Falange Española de
las JONS. Todos ellos son partidos poco tenidos en consideración. Tienen un
valor testimonial que puede justificar un voto. No tienen muchas probabilidades
de influir de manera efectiva en la vida política, aunque sí podrían llegar a
entrar en alianzas importantes si consiguiesen el apoyo suficiente de los
ciudadanos católicos. Por eso no pueden ser considerados como obligatorios pero
sí son dignos de consideración y de apoyo. Los grandes partidos, los que rigen
la vida social y política son todos ellos aconfesionales, algunos radicalmente
laicos y claramente laicistas”. Subrayemos
la frase: esos partidos de extrema derecha “no pueden ser considerados como
obligatorios” (¡hombre, hasta ahí podíamos llegar!) “pero sí son dignos de
consideración y de apoyo” (¿qué significa lo de “apoyo”?, porque en esa palabra
puede entrar lo de hacer propaganda a favor de ellos, el votarlos, etc.). Al
día siguiente escuché una rectificación del Arzobispo que no me aclaró nada; y
ayer leí que había declarado que él nunca votaría por un partido no
democrático. Pero el documento sigue ahí, colgado de la página web del Arzobispado.
Las reacciones no se han hecho
esperar y han provocado un serio escándalo político, con el peligro de
simplificación que conlleva el llegar a concluir que la Iglesia Católica
se alía con la extrema derecha. Pero lo cierto es que la última frase citada da
todavía más argumentos: mientras esos partidos se declaran “confesionales”, es
decir, “católicos, y, además, “quieren ser fieles a la doctrina social de la Iglesia en su totalidad”,
los grandes partidos “son todos ellos aconfesionales, algunos radicalmente
laicos y claramente laicistas” (estableciendo una confusión en torno a las
palabras laico y laicismo). Se reabre, si es que no estaba reabierto ya pese a
que fue cerrado en la época de la transición, el debate sobre si debe haber
partidos confesionales, partidos que representen y defiendan los supuestos
intereses de la Iglesia Católica.
Todo esto no está afirmado por un
cualquiera sino por un Arzobispo y ¡qué Arzobispo! Nada menos que quien fue durante
seis años secretario general de la Conferencia Episcopal
y que durante los últimos decenios ha sido referente intelectual entre los
obispos españoles, con gran influencia sobre ellos. ¿Cómo es posible que haya
llegado Sebastián a tales extremos, teniendo en cuenta su brillante carrera
intelectual que le llevó incluso a ocupar durante ocho fructíferos años el
cargo de rector de la Universidad Pontifica
de Salamanca? Decidí, por tanto, leer el documento completo para intentar
comprender mejor la cuestión. Y descubrí que el texto va mucho más allá de la
“anécdota” (si es que la podemos considerar así) del voto a la ultraderecha. En
realidad el Arzobispo se dedica a realizar un análisis de la actual situación
sociopolítica española, reflexiona sobre el pasado eclesial y da pautas de cara
al futuro. Es, por consiguiente, dada la importancia de su autor, un documento
a tener muy en cuenta porque supongo que refleja lo que muchos obispos piensan
sobre el tema y explica sus comportamientos.
A mi modo de ver, al Arzobispo de
Pamplona le preocupa especialmente lo que él define como “laicismo” que observa
en la sociedad española actual. Un laicismo impulsado desde el poder del PSOE
en el Gobierno, con su presidente Zapatero a la cabeza. Éste, afirma, cuestiona
los pactos constitucionales que se establecieron entre los partidos a finales
de la década de los 70 y “pretende cerrar el camino del poder a la derecha”.
Como argumento de gran importancia cita el Borrador de Manifiesto Socialista de
1998, elaborado por el PSOE a los veinte años de la Constitución y
resume sus tres puntos clave, en opinión del Arzobispo: 1) las religiones
monoteístas (como la católica) son incompatibles con la democracia, 2) la moral
sólo puede ser consensuada y contingente (no habría, por tanto, una ley natural
fijada para siempre), 3) la asignatura “Educación para la ciudadanía” sería el medio
adecuado para implantar esta moral. Al Arzobispo no parece importarle la
“minucia” de que este Borrador no fuera aprobado por el partido ya que
considera que ésta es la mentalidad dominante en el PSOE que nos gobierna. A
todo lo cual le añade que el antifranquismo rígido se
ha convertido en la ideología de este partido y que su principal referente es la II República.
Dada la influencia cultural que, en
su opinión, ejerce este partido y sus medios afines, el Arzobispo le dedica a
nuestra sociedad críticas mucho más negativas que positivas. Y llega incluso a
resumir el núcleo fundamental del problema: la lucha del ateísmo contra el
deísmo. Es decir, atención, católicos, que está en juego nuestra supervivencia,
la supervivencia de la Iglesia
Católica que se ve seriamente acosada (no utiliza, sin
embargo, la expresión “perseguida”). Por ello, no son de extrañar las
afirmaciones sobre el voto a quienes “defiendan” a la Iglesia. En esta situación de
grave riesgo se aceptan los apoyos, sean los que sean: los de la extrema
derecha o los de las “estrellas” de la
COPE (aunque sean ateos o protestantes, aunque insulten o
tergiversen). Todo nos viene bien. Es lo de siempre, lo que decía el presidente
de los Estados Unidos a propósito de Somoza: “es un
h. p. pero es nuestro h. p.”. O lo que me dijo mi obispo cuando el
Patronato del Colegio de Aínsa me echó del centro: aunque
tu expulsión no sea justa “al menos quienes te han expulsado se consideran
católicos, mientras que los que te apoyan son comunistas”. Al final, por tanto,
a quien hay que defender es a la
Iglesia y sus “intereses”, mientras no parece importar tanto
lo de anunciar el Reino de Dios y su justicia. Y si hay que alinearse con la
derecha (a la que puede criticarse por su “tibieza” o laicismo moderado) o
incluso con la extrema derecha (a la que no se critica sino que se proclama
defensora de la Doctrina Social
de la Iglesia),
pues se hace y en paz. La izquierda es la mala, el problema, el ateísmo
militante. Vade retro. Ya lo sabíamos, por desgracia, pero entristece aún más
el leerlo tan claro en un documento episcopal.
Pero hay más. El texto del arzobispo
refleja una visión de la
Historia de la
Iglesia de los últimos 45 años totalmente en línea con la
ideología de la derecha. El Concilio Vaticano II produjo muchas ilusiones (incluídas las de Sebastián) pero el posconcilio
fue un desastre. ¿Por qué? Y aquí se mete de lleno la ideología: por culpa
sobre todo de grupos y movimientos de izquierda como Somos Iglesia, Cristianos
por el Socialismo o la
Teología de la
Liberación. No dice, por ejemplo, que la
jerarquía se echó atrás y puso en la nevera el espíritu renovador del Concilio;
no dice, por ejemplo, que los del Opus Dei lograron que Roma frenara las conclusiones renovadoras
de la Asamblea Conjunta
de Obispos y Sacerdotes de 1971, provocando el desencanto que llevó a la
secularización a bastantes; no dice que la minoría conciliar, a la que
pertenecía el futuro papa Juan Pablo II, dio una interpretación conservadora al
Concilio e impuso un repliegue de la
Iglesia sobre sí misma alejándola de las inquietudes de la
sociedad; no dice, por ejemplo, que con este predominio conservador hemos
llegado a lo que hemos llegado: envejecimiento, desprestigio social manifestado
claramente en las encuestas, nulas vocaciones, carencia de sacerdotes,
religiosos, etc. No, no: la culpa la tienen los cristianos de izquierda. Pues
vamos bien, si los que no hemos tenido ninguna posibilidad de influencia somos
los culpables de todo. Los “progres”, como
despectivamente se nos llama.
¿Cuál es, pues, el futuro que nos
aguarda? ¿Qué hay que hacer, en opinión del Arzobispo? Pues que los políticos
busquen, ante todo, el bien común (lo cual está muy bien). Que haya libertad
religiosa (de acuerdo, también). Que se respete la ley natural o la “ley moral
socialmente vigente” (con lo cual no sabemos si la una es igual a la otra, si
la ley natural es la que determina o define la Iglesia Católica
o si la ley moral vigente es la nuestra y se acabó, la de los católicos y no
hay más que hablar). Digo esto último porque en un momento dado llega a afirmar
que la única familia verdadera que queda es la católica.
¿Y qué hacer los católicos? Pues fortalecer
la fe (muy de acuerdo), clarificar sus contenidos (que define a su manera) y
adecuar los comportamientos a todo ello. Y se pregunta Sebastián: ¿quiénes son
hoy los verdaderos católicos? La contestación es rápida y tajante: los que
tienen una comunión eclesial espiritual (no queda clara su esencia) y asisten a
misa los domingos. No se subraya que la dimensión social de éstos se centre en
la opción por los pobres (no se les cita a éstos ni una sola vez) sino en que
se evite el repliegue católico en la sociedad y en la política, evitando apoyar
a partidos que legitimen la violencia, el aborto, la eutanasia, etc. Por cierto
que, como ya es costumbre en la derecha, se mezcla todo lo “nefando”, hasta la
fecundación in Vitro.
Éstas
son las tareas, según el Arzobispo, que tiene que emprender una Iglesia
actualmente muy debilitada, colonizada por el ambiente laicista y en la que a
los curas y religiosos nos describe con una “amabilidad” muy significativa: “Entre
los sacerdotes y religiosos hay bastante disentimiento, poca adhesión, mucha
dispersión, no estamos dando respuesta a la dureza ni a las exigencias de la
situación”. Por supuesto, ni pizca de autocrítica episcopal. Los culpables
siempre somos otros.
Bueno,
pues que quien quiera más que se lo lea entero en la citada página web. El Arzobispo ha marcado una vez más la pauta a seguir
y el modo de interpretar la historia. No nos extrañemos si cunde el ejemplo en
este “camino de nada” en el que podemos encerrarnos.
Pepe Nerín
10.5.2007