SEMANA SANTA:

SÓLO OS PIDO QUE LE MIRÉIS”

 

Querido amigo/a/os:

 

Os envié hace ya unos días unas reflexiones sobre la Cuaresma. ¿Qué tal la has vivido? Sin duda quisiste situar tus pasos en el seguimiento de Jesús, el Maestro y Señor. Esos pasos nos han llevado a las puertas de la Semana Santa. Desearía ayudarte  y ayudarme a mí mismo, con estas líneas, a preparar la vida y la celebración de los últimos días de la vida de Jesús.

 

Lo primero que quiero compartir contigo es que deben ser unos días contemplativos, de “mirar” a Jesús. Es la petición que hace Santa Teresa en su “Camino de perfección”: “Mirad que no está aguardando otra cosa sino que le miréis” (42, 3). “Sólo os pido de que le miréis”, dice la santa. Mirar a Jesús, tratar de comprender sus gestos, acoger sus palabras en el corazón. Pero sin prisas. Siempre podremos encontrar momentos para la oración larga y serena, para la lectura reposada de los textos de la Cena o de la Pasión. Ningún cristiano debiéramos dejar de leer en estos días las palabras de Jesús en la despedida, tal como aparecen en Juan 13, 1 – 17, 26.

 

Son días también de priorizar las celebraciones litúrgicas en nuestras comunidades, de participar activamente en ellas, de comulgar el Jueves Santo con Cristo puesto a los pies y al servicio de los suyos, a quienes llama amigos y les dice que les ama y que se amen. Comulgar el Viernes con los despojos de uno que ha muerto en la Cruz, entregado, desnudo y abandonado. Comulgar en la mañana de Pascua con Cristo resucitado, acogido por el Padre en la muerte, glorificado y constituido Señor y Viviente que da la vida. Estos tres días debemos vivirlos en una íntima unidad, sin separar uno de otros. Amor, servicio, entrega, muerte y resurrección son el camino, la verdad y la vida de Cristo y también nuestros pasos, nuestra Pascua personal.

 

Son días de representaciones populares en mil puntos de nuestra geografía. Estas representaciones, realizadas con dignidad, con sentido cristiano, y enraizados en la vida y en la tradición de nuestros pueblos, hacen mucho bien a mucha gente.

 

Pero yo querría ahora orientar tu mirada y la mía hacia otro tipo de “representaciones de la Pasión de Cristo”, nada teatrales por cierto. Son aquellas en donde un ser humano sufre en su vida diaria y en su carne la pasión y la agonía de Cristo como consecuencia de las injusticias de nuestro mundo. Son “Cristo de nuevo crucificado”. Ante ellos debemos seguir preguntándonos: ¿Por qué murió Jesús? ¿Por qué siguen muriendo cada día tantas víctimas inocentes? ¿Podemos adorar a Cristo crucificado hace casi 2000 años sin liberar de la muerte a los crucificados de hoy?

 

Son los interrogantes de una conciencia cristiana bien formada que quiere ser fiel a su tiempo, a la humanidad que sufre y al Reino de Dios que debemos construir ya aquí.

Debemos servir y lavar los pies a aquéllos cuya dignidad es ensuciada por nuestra sociedad. Bajar de la cruz a los crucificados de nuestro tiempo.

Colaborar con el Dios de la vida en la resurrección de las víctimas. Su resurrección será también la nuestra. La vida triunfará entonces sobre la muerte, en ellos, en ti y en mí.

 

¡Feliz Pascua en Cristo entregado, muerto y resucitado!

 

Lucio Arauzo

14.3.2008