S.I.C.: SINDICATO INDEPENDIENTE DE CURAS

 

Llevo tiempo dando vueltas a un tema que parece que no ve nadie más que yo. Tampoco mis amigos los “Clubenitos”, y, por supuesto, ninguno de mis compañeros curas con los que trato. La mayoría de ellos no dicen nada, pero no se ilusionan y algunos de los mas jóvenes lo ven fuera de sitio. Me refiero a la creación de un “sindicato de curas”, “sui géneris”, por supuesto.

 

Yo siempre me he rebelado porque haya clases entre el clero en cuanto a derechos. Todo el mundo dice que sí, que tenemos derecho a un mes de vacaciones, pero que cada uno se las “agobierne”. Que la casa parroquial tiene que estar en buenas condiciones, pero que cada uno se las “apañe”. Que hay que tener un día de descanso a la semana, pero que cada uno se “espabile”… Y aún en esto no se está de acuerdo.

 

¿Cuántos curas mayores no han podido disfrutar todavía de un mes de vacaciones? Ahora estamos poniendo de moda la Doctrina Social de la Iglesia y en ella se habla de los trabajadores fundamentalmente, también de otras muchas cosas que se han incorporado desde la Mater et Magistra hasta Cáritas in veritate. ¿Nosotros los sacerdotes somos trabajadores?

 

En este año sacerdotal, que por supuesto que hay un sacerdocio común desde nuestro bautismo, ¿alguien ha pensado sobre esto, ya no digo escrito?

 

En una etapa en la que he estado en el Consejo Presbiteral por ser arcipreste, en otra anterior dimití, saqué el tema de la atención a los sacerdotes, y no por mí pero algo influiría, desde entonces, tenemos derecho a un chequeo médico anual que muchos sacerdotes hacemos. Hasta entonces cada uno que se las apañara como pudiera.

 

Entre otras propuestas que yo he aportado para que se traten en el Consejo Presbiteral está la de una declaración de los “derechos y deberes” de los sacerdotes, también como trabajadores. Y si no lo somos, ¿por qué Benedicto XVI dijo al principio de su papado que él era un humilde trabajador de la viña del Señor? Lo de la viña puede ser una figura, pero lo de trabajador no.

 

“Los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la naturaleza de la persona y en su dignidad transcendente. (Y que yo sepa, los curas somos personas. Aunque a algunos les pesa más lo de curas que lo de personas y debe ser por eso que todo esto les suena a estrambótico). Derecho a una justa remuneración, el derecho al descanso, el derecho a ambientes de trabajo que no comporten perjuicio a su salud física y no dañen su integridad moral, el derecho a la salvaguarda de la propia personalidad sin que sea conculcada la propia conciencia o dignidad, el derecho a la pensión, así como a la seguridad social para la vejez, la enfermedad o accidentes, el derecho a reunirse o a asociarse.” Esta cita es del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, documento que se hizo a iniciativa del papa Juan Pablo II.

 

Bueno, y ¿ahora qué? Si hay alguien tan estúpido como yo que crea en estas cosas como justas, éste es mi correo: gonzalogonzalvo@yahoo.es

 

Gonzalo Gonzalvo 11.5.2010