SOMBRAS QUE AVANZAN
Vivimos tiempos raros y preocupantes. En Roma, el nuevo Papa deja entrever detalles esperanzadores en la distancia corta, en sus diálogos con curas y seminaristas, incluso en apariciones y escritos públicos (recordemos especialmente su encíclica sobre el amor), pero todo ello no acaba de concretarse en medidas transformadoras concretas y no hay que olvidar que el tiempo juega en su contra ya que está a punto de cumplir los 80 años.
Aquí, entre nosotros, parece reaparecer la "caza de brujas" y nuestra experiencia en el Programa de Transeúntes de Cáritas (en el que los nuevos dirigentes de esta organización, recién llegados neocóns eclesiales de línea conocida, se nos cepillaron desde sus posiciones de jerarquismo que no admite discrepancias) se repite en otras instancias como es el caso de la Universidad de San Valero que, en la práctica parece irse convirtiendo cada vez más en la Universidad de otro santo más reciente y aragonés por más señas. Sus nuevos dirigentes, venidos de no se sabe muy bien dónde (o tal vez sí, como los citados de Cáritas), y con suculentos presupuestos millonarios tan distintos de los que se barajaban años atrás, y no digamos cuando se trataba tan sólo de una "escuela de aprendices" en una barriada popular (entonces seguramente no apetecía demasiado a algunos mezclarse en tan "poca cosa") se han dedicado a lanzar órdagos y arrinconar o prescindir de personas que han ido dando durante muchos años lo mejor de sí mismas movidas por su cariño hacia esta organización. Al mismo tiempo, se descubren por casualidad informes "secretos" elaborados hace unos años desde sectores clericales ultraconservadores, siempre los mismos, en los que se pone de chupa de dómine sin piedad ni misericordia al anterior Arzobispo y a una serie de curas con nombres y apellidos, haciéndonos temer que tal costumbre no se haya detenido y se siga practicando con quienes no caigamos bien a su santa ideología. Pero todo esto, claro está, no sale en los periódicos, no se comenta en los foros oficiales de consejo y discusión. Se hace en la sombra y con nocturnidad. Y las sombras se siguen moviendo y ocupando posiciones.
Ayer me paró en la calle un cura jubilado y viejo conocido. Desde su profundo amor a la Iglesia se lamentaba entrañablemente (le salía de las entrañas) de la escasa o nula reacción interna ante hechos de la vida eclesial, más bien clerical, que le parecían lamentables y de los que no veía que se escribiera apenas en los medios de comunicación. Y me citaba la necesidad de proceder a una reforma en profundidad de las condiciones de acceso al sacerdocio, del celibato ("y te lo digo yo que a mi edad el sexo sólo se tiene ya en el cerebro"), de los discursos de los dirigentes, de tantas normas morales carentes de sentido. "A un asesino terrorista -me informaba- se le condena como máximo a 30 años y pasa unos veinte en la cárcel, mientras que la Iglesia condena para toda la eternidad a quien, fuera del matrimonio, se ha atrevido a acostarse con otra persona". En nuestra Diócesis se acaba de aprobar un nuevo Plan Diocesano, seguía contándome con escepticismo, pero da la impresión al leerlo de que no se toman medidas eficaces para hacer frente a la crisis que venimos arrastrando ni parecen importar demasiado los problemas reales de la gente. Y lo de hacer campaña vocacional cara al sacerdocio entre niños le parecía demasiado.
Me imagino a mis dirigentes eclesiales, movidos por su mejor voluntad, devanarse los sesos para encontrar salidas oportunas a la situación actual. Muchos piensan y pensamos que, de momento, no están teniendo mucho éxito, mientras otros en niveles inferiores hacen de las suyas copando posiciones sin, al parecer, encontrar obstáculos. Allá la responsabilidad de cada uno por comisión o por omisión. ¡Que Dios les coja y nos coja confesados! Pero no podrán matar la esperanza en una Iglesia más evangélica, más libre y alegre, más de todos y no sólo de unos pocos, más al servicio de los pobres y no del poder de quienes sólo tienen ojos para él.
Pepe Nerín
28.2.2007