TENDER PUENTES
Vivimos tiempos de especial enfrentamiento político entre los principales partidos españoles. Cada semana se da un paso más que ahonda la separación entre las dos grandes fuerzas que dirigen la política española desde hace bastantes años. Nada parece quedar fuera de esta tensión: la política antiterrorista, la carcelaria, la autonómica, la lucha contra la corrupción, etc. Lo normal son las descalificaciones, el insulto incluso, hasta las agresiones en ocasiones. Y aunque el intercambio de improperios nos hace recordar el "tú más" de los debates adolescentes, y aunque los portavoces parecen diseñados para morder más que para dialogar, recae sobre el PP la responsabilidad de ir al degüello, de hacer una oposición devastadora más que constructiva, de oponerse a todo, sea cual sea la materia, de envolverse demagógicamente en la bandera de España y acusar al rival (hay quienes ya lo califican de "enemigo") de ser la anti-España, mientras desde los medios de comunicación (prensa, radio, TV, Internet) que le son afines se desarrolla una campaña aún más devastadora y de tierra quemada, aferrándose a cualquier excusa para atizar al partido que tiene la "osadía" de ser actualmente el gobernante. Tampoco el PSOE queda libre de responsabilidad al no haber sabido mantener el equilibrio para no dejar fuera de juego al principal partido de la oposición, al querer afrontar de golpe tal vez demasiadas cuestiones políticas muy delicadas, al no saber evitar la confrontación o ir al trapo con que le tentaba y tienta su oponente, al sacar a relucir, por parte de algunos de sus dirigentes, su tradicional vena anticlerical.
En esta página web, sin embargo, nos interesa especialmente la actitud de la Iglesia española. Desgraciadamente entre sus principales representantes, los obispos, se escuchan con demasiada frecuencia voces e interpretaciones que, en mi opinión, no contribuyen a templar los ánimos sino más bien a echar leña al fuego. Raro es el día, por ejemplo, en el que no nos desayunamos con declaraciones del cardenal de Toledo poniendo verde al Gobierno, ya sea dando alas a la llamada "teoría de la conspiración", a propósito del 11-M, ya sea con sus diatribas contra el aborto, la eutanasia o a favor de la indisoluble unidad de la patria. Por nuestra tierra hemos asistido con perplejidad a la publicación de la carta pastoral del obispo de Huesca metiéndose directamente en la arena política en favor de posiciones de derecha, carta que ha sido contestada públicamente por un amplio colectivo de cristianos de a pie de nuestra Diócesis hermana.
Fue digna de alabanza la postura en general de los obispos españoles en los momentos de la transición de la dictadura a la democracia, postura oficializada por el cardenal Tarancón, a la sazón presidente de la Conferencia Episcopal. Cuatro años antes, una declaración, que, aunque no obtuvo los votos suficientes para ser aprobada en la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes españoles, sí fue mayoritariamente votada, pedía perdón por no haber sido la Iglesia española instrumento de reconciliación entre los españoles y haber así contribuido a evitar la cruenta Guerra Civil de 1936-1939.
¿No van a intentar en esta ocasión los obispos españoles ser instrumentos de reconciliación en lugar de aprovechar para aumentar sus exigencias y reivindicaciones? ¿No podrían hacer un esfuerzo en "desarmar" a la COPE para que no siga alimentando posturas cerradas y de enfrentamiento? ¿No podrían ejercer de verdad de "pontí-fices", es decir, de fabricantes de puentes que acerquen a quienes mantienen posturas enfrentadas? Se conocen los esfuerzos de la Iglesia vasca en este sentido, así como de los realizados por eclesiásticos en el Ulster, conflicto que parece solucionarse a fuerza de diálogo y de labor callada de tantos buenos intermediarios. ¿No nos merecemos también en España unos obispos que traten de tender puentes? Ésa sí que sería, además, una excelente campaña de imagen que dejaría atrás la extendida opinión de que los obispos españoles son los más conservadores de Europa así como la de que la Iglesia española no sabe moverse en una democracia y anhela tiempos pasados en que tuvo una presencia pública influyente como recompensa por los servicios prestados al dictador.
Pepe Nerín
27.3.2007