TIEMPO DE SIEMBRA

 

  El pasado 10 de noviembre presentamos  en el Centro Pignatelli  la  Asociación  “Wirberto Delso” (AWD)  con una mesa redonda, convocada al efecto, bajo el título de  “Memorias de la Transición”. El nombre lo toma  dicha asociación del cura de Fabara destituido por Cantero, arzobispo que fue de Zaragoza y Consejero del Reino. Wirberto  fue un caso y su destitución “El Caso”, pero hubo otros semejantes como gotas del mismo vaso. Entre los asistentes vimos a uno en la mesa, a Luis Bel, y en la sala a varios de aquellos sacerdotes que se solidarizaron con Wirberto: como Laureano, Ángel, o a José Guarc que llegó a punto del Brasil donde se ha movido unos meses libremente por las bases del movimiento campesino que apoya  Casaldáliga. En la mesa no podía faltar Pedro Carceller, presidente en funciones de la AWD, primer alcalde que fue de Fabara en la democracia, candidato de Unidad Socialista por el PSA, y vinculado también estrechamente como Luis al movimiento rural cristiano y al sindicato de la UAGA desde sus orígenes. Y a mi izquierda se sentaba Eloy Fernández Clemente, viejo compañero de ambos y extraído también de aguas más o menos templadas -o benditas- para bregar en las más agitadas de la izquierda. Caras y recuerdos, ausencias y presencias, testigos y testimonios, cargaron la atmósfera y creímos entrar por un momento en comunión con otros  compañeros de aquella década prodigiosa que va -que fue- del Concilio Vaticano II a la Transición, pasó por el Mayo del 68 y alcanzó la Luna sin llegar al mar bajo los adoquines. También se hizo presente la frustración, el desencanto y la realidad actual. Recordamos a  muchos que ya no están en el mundo: al P. Llanos, a  Joan García-Nieto, Alfonso Carlos Comín o a Xirinachs a quien tanto admiraba Wirberto..., y a muchos otros que siguen viviendo pero no están ya en el mundo de la política donde sobreviven los profesionales.

 

En aquel tiempo era distinto, se hablaba de compromiso y aún no se había inventado el argot de los “voluntarios” ni las ONGs. El Partido era el PCE, pero Carrillo declaraba ya que “las fuerzas de oposición al franquismo de más influencia en el movimiento obrero y universitario eran católicos y comunistas” (1967). E Ignacio Sotelo afirmaría más tarde que “en España sólo había encontrado una izquierda cabal y coherente en las llamadas comunidades de base”. Al recordar la Operación Moisés y a  Cristianos por el Socialismo, por no hablar de toda la “movida” –la de antes, claro, incluyendo la del mundo rural en la que tomó parte Wirberto y la urbana de la Vía Laietana por donde corrieron antes los jesuitas que el papamóvil, y excluyendo la madrileña- me pregunto de qué ha servido aquel éxodo, aquella transfusión y si no estaremos los que quedamos unos entre la espada y la pared -entre la iglesia y el partido- en una situación crítica, y otros en el fondo: bien trabajando en silencio -situación admirable y no admirada- o metidos en el agujero por donde se pierde toda la energía.

 

Al día siguiente de presentar la AWD cenamos en Casa Emilio lo que queda en Aragón de un grupo Cristianos Socialistas. Hablamos de muchas cosas y personas: amigos perdidos, sueños pendientes, pesadillas y pensadillas, consecuencias y propósitos, temas y problemas, de la nube informática y de la crisis, del sexo de los ángeles y por supuesto del Estado de bienestar, del estado de malestar y del estado de ánimo... También del individualismo furioso que parece el fin de la historia y el comienzo de las biografías. Porque si cada uno va a lo suyo y nadie a lo de todos, se acaba la historia de la humanidad. Y como el tema venía al caso, les informé de lo que me había propuesto informar a mis lectores en este artículo, de la AWD. Perdonen  que me haya ido por las ramas, o por las circunstancias. Les diré no obstante que la AWD, ubicada en Fabara (Zaragoza), está en periodo constituyente hasta la primera asamblea  y que los fines para los que ha nacido se resumen en dos: mantener viva la memoria del pasado para mejorar el futuro previsible en el mundo, y alimentar el gozo y la esperanza en el campo, en  los movimientos ciudadanos y en las comunidades de base. 

 

Muchos son los que van al grano y se lo comen todo, no dejan nada del pasado y se aprovechan de la historia, viven al día, los cuatro días de su vida y eso es todo. Otros guardan al menos la simiente. Pero solo los que siembran antes de que pase el tiempo hacen historia, aunque otros cosechen. ¿Ha llegado su hora?

 

José Bada (15.11.2010)

(por la AWD, e. mail asociación.wirbertodelso.com)