¿TODOS SOMOS MARTA?

 

La desaparición y muerte violenta de una menor andaluza ha supuesto un impresionante revuelo mediático del que nos han ido informando pormenorizadamente desde el día en que ocurrió.

 

Una plataforma de gentes de buena voluntad empezó a recoger firmas para manifestar su solidaridad con la familia y urgir soluciones para que estas situaciones no vuelvan a ocurrir. La plataforma se llama Todos somos Marta, y a través de este lema intenta explicar que, ante el crimen de una adolescente, todos nos sentimos agredidos y somos víctimas.

 

Conforme las noticias nos daban detalles, nos sentíamos espeluznados. Una posible violación múltiple, mensajitos graciosos en Internet por parte de los detenidos incluso después de la desaparición de la chica, cambio de declaraciones en varias ocasiones que han llevado a alterar el ritmo de la investigación una y otra vez, y, tras de todo ello, un montaje impresionante de los medios de comunicación que han hecho un espectáculo morboso permanente con esta noticia.

 

Y llegados aquí yo no sé si somos todos Marta… porque creo que también somos todos Miguel, el supuesto asesino.

 

Ahora todo el mundo se rasga las vestiduras y grita contra unos asesinos que se nos antojan terribles. Hasta hay quien habla de cadena perpetua e incluso de pena de muerte… pero lo cierto es que Miguel, como sus amigos, como tantos y tantos chavales, son otras víctimas de una sociedad permisiva y blandengue que tolera lo intolerable y que es incapaz de transmitir valores que dan sentido a la vida. Esta sociedad nuestra, tan preocupada ahora por la crisis económica, es incapaz de de transmitir el respeto, la educación, la tolerancia, el sacrificio, el trabajo, la responsabilidad, el sentido trascendente.

 

La encuesta europea de valores del 2000 nos sitúa en el último lugar en la aplicación de estas actitudes. No tiene que extrañarnos; el dinero fácil, la violencia gratuita, la permisividad escolar, las rupturas en tantas familias, el culto a la diversión desmedida, la impunidad de los foros de Internet, la ausencia de límites, los juegos informáticos que exaltan la violencia y la brutalidad, el éxito sin esfuerzo, el sexo sin ternura, la crisis de muchas familias, los guaperas famosos que cobran una burrada, la falta de referencias éticas, la normalización de las drogas en la diversión… hacen que muchos chavales sean gente sin norte, acostumbrada a hacer lo que en ese momento les apetece, incapaces de afrontar la frustración; capaces, cuando se les contraría, de hacer cualquier barbaridad sin tener conciencia de la gravedad de sus actos.

 

Una sociedad como la nuestra es capaz de hacer espectáculo de la muerte. Así, pronto vimos a Miguel ser conducido a prisión. Luego fueron familiares y amigos. Se supo que la familia del chaval era muy desestructurada. También se supo que ahora estaba viviendo con una novia de 14 años a la que, al parecer, ha dejado embarazada. La novia en cuestión y su madre se pasearon por las televisiones lanzando mentiras y convirtiéndose en penosas estrellas mediáticas. La carnaza de los programas del corazón estaba más que servida. Por otra parte se ha pedido que la menor que mintió en los medios reciba 100.000 € de indemnización cuando tenga la mayoría de edad porque se ha usado su imagen.

 

Mientras “Todos somos Marta”, nadie se acuerda de tantas menores que en nuestro país están ejerciendo la prostitución enriqueciendo a mafias y viviendo el abuso de muchos adultos. Tampoco recordamos a tantos niños y niñas que en nuestras calles andan con la soledad por bandera porque en su casa nadie les quiere. Ni nos encontramos en los medios referencias a plataformas solidarias con niños del Tercer Mundo.

 

Si Todos somos Marta… también Todos somos Miguel. Producimos verdugos monstruosos y producimos víctimas inocentes. A ver quién es el que se atreve a decir que no tiene nada que ver con sucesos de esta calaña. Esta barbaridad televisada nos acusa a todos y manifiesta el fracaso moral de una sociedad en la que el dinero es más importante que las personas.

 

No puedo por menos recordar a Jesús de Nazaret que decía El que esté libre de pecado que tire la primera piedra y que viendo a las multitudes sentía compasión porque iban como oveja sin pastor.

 

JOSAN MONTULL