TODOS SOMOS IGUALES
Si algo queda claro de los movimientos populares de los países árabes que se vienen sucediendo desde finales del año pasado es el deseo de las poblaciones de regirse a sí mismas, de derrocar a los dictadores que se arrogan derechos absolutos frente al resto de la población. Están más que justificados ya que desde Marruecos hasta Irán nos encontramos con regímenes autócratas que han hecho de su capa un sayo y gobiernan estos países como si fueran su finca particular esquilmando sus recursos para enriquecerse hasta límites insoportables. La gente está harta y tiene razón. Y no cabe ya el recurso a la ignorancia, al desconocimiento de la realidad al que recurre siempre este tipo de Gobiernos, ni al miedo a movimientos extremistas (cuando ellos precisamente son los más extremistas, paradójicamente). El personal maneja los actuales medios de comunicación (TV, Internet, redes sociales…) y cada vez está mejor informado y consciente de que esto es una tremenda injusticia y un intolerable abuso, la sociedad se puede organizar de otra manera, los sistemas de Gobierno no se reducen a las autarquías, los derechos humanos están para ser ejercidos y otras sociedades, especialmente las europeas, presentan ejemplos muy claros y concretos de que otro sistema político mucho más humano y respetuoso con el pueblo es posible.
Por eso, y por suerte para todos, una oleada imparable se ha extendido por el flanco sur del Mediterráneo hasta el Océano Índico. Una oleada que ya ha ido produciendo frutos en los primeros países que la iniciaron (Túnez, Egipto), incluso intentos de reformas en otros (Marruecos, Jordania, Yemen). Una oleada que podrá ser detenida momentáneamente pero que está cargada de futuro porque el ansia de libertad es imparable y las justificaciones de la dictadura son cada días más insoportables.
Y es que resulta increíble que un individuo se arrogue por su cuenta el derecho a decidir por otros, así como que éstos tengan que prestarle obediencia total como si de un dios abusador se tratara. ¿En virtud de qué? Pues en virtud de la justificación de su comportamiento, de sus poderes, de su carisma, de su aura o santidad, de la tradición, del derecho natural, de la historia, de las esencias patrias, de la paz, del orden natural o sobrenatural (llegan incluso a hablar de “derecho divino”) o de lo que haga falta. Todo vale para legitimar al dictador, para sacralizar su supuesto derecho a mandar y a ser obedecido incondicionalmente. Y todo se vuelve una gran mentira, un aberrante abuso, un atentado gravísimo a la tan recurrida “ley natural”.
Porque
si de algo podemos estar seguros es que la condición humana nos iguala a todos.
Así lo afirma con rotundidad
Por
eso considero antinatural, es decir, antihumano, el poder absoluto, tanto en la
sociedad como en
En el terreno religioso nos ha hecho mucho daño la idea de la “omnipotencia”. El dios omnipotente es la transferencia a Dios de un abuso humano. Hacemos a Dios a nuestra imagen y semejanza en lugar de lo contrario, que es lo que hay que hacer. Le llenamos de poder, de superioridad, de dominación, de abuso, de lo peor de nosotros mismos. Pero Dios no es así. Al menos el Dios de Jesucristo. Es un Dios Padre bueno, solícito y amante, justo y compasivo, reconciliador y volcado a favor de los pobres, de los que no tienen poder. Por eso no tenemos ningún derecho a cubrirlo de poder, a cubrirnos de poder o a cubrir a alguien de poder. Un Dios cuyo Hijo está para servir y no para ser servido. Un Hijo que aconseja (no ordena, nunca lo hace) colocarse en los últimos puestos, que da su vida, que se identifica con los pequeños.
Hoy
he estado viendo por
Somos
muchos los que queremos un papa (o un obispo, o un párroco, o cualquiera que
disponga de poder en
Pepe Nerín
1.5.2011