TOMAR EL TESTIGO

 

            Como final del Tiempo Pascual vivimos dos fiestas cargadas de sentido para la vida de la Iglesia y de los creyentes, y pienso que para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que quieren pasar por la vida haciendo el bien: La Ascensión y Pentecostés.

 

            Los amigos sabéis que me gusta el atletismo. Cada carrera, salto o lanzamiento tiene su emoción y belleza. También las carreras de relevos, con su punto de dificultad: la entrega y recepción del Atestigo@. Así se llama, significativamente, ese objeto cilíndrico que se pasan unos a otros corredores. En la entrega, correcta o no, se han ganado y perdido muchas carreras.

 

                        Los creyentes podemos entender nuestra vida como la de Arelevistas@ de la Historia humana, que para nosotros es toda ella AHistoria de la Salvación@. Hemos recibido el Atestigo@ de la fe en Cristo  y de su mensaje, y lo hemos de entregar correctamente a otros. El que inició la carrera y la llevará a término es Cristo. Él encabeza la marcha de la humanidad hacia el encuentro definitivo con el Padre, meta de nuestra vida y de la historia. En esta carrera hay muchos momentos importantes. Y sería un sano ejercicio de creyentes y de bien nacidos detenernos unos instantes, tal vez hoy mismo, para ver qué personas aparecieron en la carrera de nuestra vida, entregándonos el “testigo”, ayudándonos en esa siempre inacabada ascensión hacia la realización personal. E incluso podríamos llamar por teléfono a alguna de ellas o, mejor aún, escribirle unas líneas dándole las gracias por el paso que nos ayudaron a dar en un instante concreto de nuestra vida. Aunque hayan pasado muchos años. Se alegrarían entonces juntos Ael que siembra y el que siega@.

 

            También podríamos hoy tratar de escapar del grupo de aquellos que dicen que en esta vida nada le deben a nadie, que todo se lo han hecho ellos por sus propios medios. O de esos otros que Apasan@ de todo esfuerzo personal o colectivo por dejar el futuro un poco mejor que como encontraron su presente. En concreto, escapemos de imitar a quienes, teniéndose por muy creyentes, dicen que no quieren saber nada de la política y de lo social, que Apasan@ de ese tema, como si nuestro tiempo no estuviese necesitando vocaciones honradas de la cosa pública, de personas, hombres y mujeres, decididas a intervenir activamente en aquellas opciones políticas donde se juega la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios, donde se toman decisiones que afectan a la construcción de un mundo más justo y fraterno. La Iglesia alaba estas vocaciones.

 

            Que las fiestas de la Ascensión y de Pentecostés nos animen a aspirar a lo más alto, a tirar del mundo y de nosotros hacia arriba, en esa ilusionada y a veces dura marcha de la humanidad hacia los cielos nuevos y la tierra nueva, en los que habite la justicia. El Espíritu de Dios sigue soplando. Corremos a favor del Viento.

 

Lucio Arauzo

18.5.2009