TRADUCCIONES
DE DICIEMBRE
La aparición de un sofisticado sistema de traducción
simultánea en el Senado para que las lenguas que se hablan en el estado Español
sean traducidas ha llevado a comentarios diversos. Por una parte, unos ven un
reconocimiento a la dignidad de cada una de las lenguas; por otra, hay quien lo
ve como una chulería innecesaria y cara, inútil cuando todos los senadores
hablan el español.
Así las cosas me parece a mí que si el invento, por
caro que sea, sirve para que sus señorías vayan al curro del diálogo y el
debate, bienvenida sea la traducción porque, convendrán ustedes conmigo, que no
hay nada tan desalentador que ver los estrados vacíos de tantos políticos que
deciden no ir al Senado, al Congreso o donde tengan que cumplir con una
responsabilidad parlamentaria. Los escaños vacíos le hielan a uno la sangre y
hacen que el personal mire con desconfianza el alargado morro de los
representantes votados por el pueblo que deciden hacer campana y no acudir al
tajo ese día.
Y bienvenida sea la traducción simultánea si ésta
hace que sus señorías recapaciten sobre la dimensión de sus palabras y la
trascendencia que éstas tienen. Bienvenido todo lo que estimule y proteja a las
palabras, cuando éstas son constructivas y sirven a la verdad.
Y es que hablar, desde calma, sin aspavientos, con
sinceridad, es una cualidad específica del ser humano que bien debe cultivarse
y para lo cual hay que dedicar esfuerzo. Y creo sinceramente que de este hablar
desde el respeto nuestros políticos tienen bastante que aprender.
Varias perlas literarias pronunciadas en público por
algunos representantes del pueblo en el pasado mes de Diciembre me han hecho
reflexionar al respecto y me inclinan a mirar con simpatía lo que sirva para
valorar la palabra.
Recién comenzado el mes, Isabel Pérez Espinosa,
concejala de Oviedo por el PP y posible candidata al gobierno de Asturias,
dirigiéndose en el Salón de Plenos a los periodistas les espetó “A ver si
acaban ya estos hijos de puta”. El careto de los fotógrafos semejaba a la
esfinge de Nefertiti, casi no podían ni pestañear y no daban crédito a la
salida de tono de la edil.
Días antes había sido Joan Ridao
quien en otro foro político gritó (también literalmente) “
Pero la perla de las perlas la tuvo días después la
ministra de Sanidad. Una senadora le preguntó a doña Leire Pajín
sobre la idoneidad de Nuria Espí de Navas para el
cargo de directora general de Plan Nacional sobre las drogas. Al parecer, la
señora Espí tiene únicamente la titulación de
Auxiliar Administrativa. Muy solemne, la señora Pajín
le respondió literalmente “La ministra puede nombrar a quien le salga de los
cojones”.
Un servidor, que ignora cómo se dice “hijo de puta”
en gallego, “cojones” en vasco o “garrapata” en catalán, hubiera tenido un
cierto interés en la traducción simultánea si hubiera estado presente en el
lugar y el momento en el que se dijeron estas lindezas. Tal vez dicha
traducción simultánea hubiera servido, al menos, para dar a conocer la falta de
educación, de respeto y tolerancia que esgrimen algunos de nuestros
representantes públicos.
Y es que desde la autoridad política no se puede
insultar a los periodistas; entre ellos hay brillantes profesionales; no son
todos como los escudriñadores de braguetas que conducen los programas del
corazón bendecidos por administraciones de todos los signos. No se puede, como
el señor Ridao, hablar de ese modo de una institución como
Si la traducción simultánea sirve para frenar las
incontinencias verbales de nuestros mandatarios, bienvenida sea. Ojalá que el ver cómo sus frases son amplificadas a varias
lenguas les ayude a descubrir que la palabra, lejos de convertirse en un arma
arrojadiza, zafia y mal educada, puede ser un instrumento extraordinario que
nos ayude a ser más libres.
Josan Montull
20.1.2011