UNA LECCIÓN DE
HUMANIDAD
Lo de la mina San José del desierto de Atacama ha sido algo
serio. El pasado 5 de Agosto la mina, que no tenía los mínimos de seguridad
exigidos, se derrumbó sepultando a 33 mineros a los que dieron por muertos a
los pocos días.
La tenacidad y el esfuerzo de todos hizo
estallar la esperanza el 22 de Julio. A través de la sonda que perforaba la
tierra buscando cualquier resquicio de vida llegó a la superficie un papelito
que decía “Estamos bien los 33 en el refugio”. Inmediatamente llegó el júbilo
al campamento que estaba instalado en la superficie y a todos los rincones de
Chile, donde se cantaba el himno nacional y se daban gracias a Dios por la vida
de aquellos hombres sepultados. Al cabo de una hora, una cámara de vídeo
llegaba hasta el refugio situado a
Inmediatamente otra sonda comenzó a perforar la tierra para
llegar hasta el refugio. Los familiares y amigos formaron en la superficie una
colonia unida en la que compartían lo que tenían,
alimentaban la esperanza, rezaban y apostaban por la vida.
Y llegaron hombres y máquinas. Llegaron científicos y
técnicos; sabios y obreros. La ciencia se puso al servicio de la vida. Los
técnicos se afanaron en ir montando un sistema de de sondas que perforara la
tierra y llegara al corazón palpitante de la tierra. Eran hombres y mujeres de
distintos países, credos, convicciones e ideologías luchando juntos para hacer
parir aquel inmenso útero de piedra que albergaba la vida de 33 seres humanos.
El
mundo seguía paso a paso lo que ocurría en Atacama. Y por fin el día 13 de
Octubre a las 00.10 hora local llegó a la superficie el primer minero
rescatado, Florencio Avalos. Apareció en la
superficie en una cápsula que ascendió su trayecto en 16 minutos. A las 21.55
hora local es rescatado el último de los 33 mineros, Luis Urzúa poniendo fin a
una exitosa e histórica operación de rescate.
Atrás quedaban 70 días de incertidumbre y de esperanza. Los
mineros dieron una extraordinaria lección de humanidad y solidaridad; no debe
ser nada fácil compartir la precariedad en un agujero a
También en la superficie hubo una hermosa lección de
cooperación y lucha por la vida. La técnica, tantas veces puesta al servicio de
las guerras y de la muerte, hermanaba a personas que luchaban a contrarreloj
por salvar 33 vidas.
El día del rescate todos se abrazaban…, los mineros a sus
familias y los técnicos entre sí. Es inmensa la satisfacción que se puede
experimentar cuando se lucha por la vida. Todos ganamos con esos gestos…, nos
sentimos más humanos; más frágiles…, pero más grandes; más débiles…, pero más
unidos; más necesitados…, pero más hermanos.
Al día siguiente mineros, rescatadores y familias celebraban una
eucaristía de acción de gracias en la superficie de la mina, junto a las
máquinas y los camiones que habían perforado la tierra.
A los mineros y a sus rescatadores les debemos una. Ellos
nos han dado una lección hermosísima de que, por encima de credos, ideologías,
razas y procedencias, por encima de todo, somos humanos, hermosamente humanos.
Daban gracias a Dios los mineros cuando salían a la
superficie y abrazaban a sus seres queridos. Yo, como creyente, me uno a esa
acción de gracias. Y doy gracias a Dios por la ciencia y la fraternidad; cuando
éstas se unen, no cabe duda, estalla la vida y el mundo puede convertirse en un
paraíso.
JOSAN MONTULL
27.10.2010