UN ARZOBISPO DECISORIO
(6.7.5)
El nuevo Arzobispo de Zaragoza ha ido manteniendo reuniones con los curas de las diferentes Vicarías para tomarles el pulso y presentarles sus primeras iniciativas como máximo responsable de la Diócesis. El pasado miércoles, día 6, nos reunimos con él los sacerdotes de la Vicaría III, en un número claramente superior al habitual y con algunas caras no vistas a lo largo del curso. La presencia del Prelado tiene, de momento, bastante tirón, ya que se intenta atisbar por dónde van a ir los tiros. Los tonos de la ropa de algunos de los presentes se habían oscurecido algo más de lo habitual.
El Vicario Carlos Salazar realizó una primera exposición sobre las características de la zona y pasó a desarrollarle el contenido de las reuniones de Vicaría que se han venido celebrando en los últimos años. A continuación tuvo lugar una "ronda" de presentación de todos los que nos hallábamos en la sala, indicando nuestros nombres y parroquias a las que pertenecemos. Él ya nos indicó que de cada reunión lo normal era que se acordara tan sólo de unos 10 nombres, por lo cual había quien podía estar nervioso temiendo que el suyo no fuera uno de ellos. Todo eran bromas por lo bajinis en cuanto algún nombre ya le sonaba al Prelado. Éste se armó un lío, no obstante, a propósito de las diversas ramas de franciscanos, de si estaban o no en Murcia, de si eran los auténticos o los derivados del tronco, debido a lo cual uno de ellos aprovechó para ilustrarnos desarrollándonos toda la historia de los mismos mientras se consumía el minutaje.
El Arzobispo intervenía constantemente apostillando cada una de las afirmaciones del Vicario, muchas veces en plan jocoso y campechano, otras en plan teológico. Demostraba una gran vitalidad y no se le cayeron los anillos por agarrar él mismo las mesas de la presidencia y disponerlas cerca de los sacerdotes, ya que, explicó, no le gustaba subirse a la tarima del fondo dispuesta ad hoc. En la pared colgaba un retrato de Benedicto XVI pero faltaba el del nuevo obispo valenciano de Zaragoza.
A las doce y media bajamos al comedor para un corto refrigerio de pastas, galletas y refrescos. Casi media hora más tarde reanudamos la sesión tomando la palabra el prelado como nos había anunciado. A partir de ese momento se dedicó a exponernos sus primeras intenciones y decisiones en la Diócesis, que no eran otras, según sus palabras, que "levantar la máquina" ya que estaba "caída" al cesar los cargos canónicamente con el cambio de Arzobispo. Pasó revista a los diferentes Consejos empezando por el Episcopal. Su intención es combinar continuidad con renovación, razón por la cual en el plazo de diez días pensaba anunciar lo siguiente: el Vicario General continúa siendo el mismo, aunque dejando de ser responsable de la Vicaría I, y eso que desde el principio le comunicó su deseo de jubilarse tras los 33 años que lleva en el cargo. También van a continuar los restantes Vicarios, a excepción del de Economía, el cual, debido a su avanzada edad, será sustituído por el actual Ecónomo Diocesano (solucionando con ello la anomalía de la época de Elías Yanes en que el Vicario Económico no era al mismo tiempo Ecónomo). Al quedar libres las zonas I y II (administrada esta última en los últimos meses por el de la III) habrá que nombrar a dos nuevos Vicarios, para ello nos pidió que cada uno le escribiera en un papel tres nombres de posibles candidatos. El Arzobispo recogió todas las papeletas, las introdujo en un sobre y nos dio las gracias por nuestra colaboración. No se trataba de una "elección" sino de un "sondeo" obligado por el hecho de que no conoce todavía a los curas de la Diócesis; el escrutinio de las mismas no será público. Anunció igualmente que los Vicarios serán nombrados para un espacio de tiempo de 3 años y que piensa estudiar con ellos la posibilidad de nombrar un Vicario de Pastoral que, entre otras cosas, coordine las diferentes Delegaciones Diocesanas.
Pasó después revista al Consejo Presbiteral (el de los curas). Justificó su existencia por la sencilla razón de que obispo y sacerdotes participamos de un mismo sacerdocio "ontológico y constituyente" (remarcó mucho esta última palabra), aunque en grados distintos; de ahí la necesidad de trabajar y reunirnos con él para ayudarle, como pastores, en el gobierno de la Diócesis. Insistió especialmente en que el sacerdocio "real" de los "fieles" (término que utilizó frecuentemente) es diferente del "constituyente" de los presbíteros, marcando claramente las distancias entre estos dos tipos de miembros de la Iglesia. En septiembre habrá elecciones para este Consejo, mostrándose de acuerdo en que los elegidos sean nombrados por él arciprestes, siguiendo la costumbre establecida por su predecesor que tiene la ventaja de evitar que el mencionado Consejo tenga excesivo número de miembros.
De este Consejo elegirá él a los nuevos miembros del Colegio de Consultores unos días después. Este Colegio, comentó, está puesto en el Código de Derecho Canónico como freno del obispo, ya que éste no puede actuar como un monarca absoluto; y es que, explicó, la Iglesia no es una monarquía ni una democracia, sino que tiene elementos de ambas. Todo parte de Jesucristo, de arriba abajo, desde la jerarquía al pueblo. La relación de la jerarquía con los fieles es como la de Cristo con su Iglesia. Las funciones de este Colegio las realizaba anteriormente el Cabildo Catedralicio, pero el nuevo Código se las quitó porque representaba sólo a un grupo de sacerdotes y no al conjunto, como es el caso del Consejo Presbiteral, matriz del Colegio.
El siguiente Consejo analizado fue el de Asuntos Económicos. Destacó la importancia que deben tener en el mismo los seglares; unos seglares que sean expertos en la materia (economistas, abogados, etc.) para evitar que la Iglesia sea utilizada por los poderes económicos si sus miembros son unos pardillos. Necesitamos empresarios católicos, economistas católicos. Comentó entonces el Arzobispo la finalidad a la que tiene que servir la economía en una Diócesis: 1º) para dar a Dios el culto que se merece, 2º) para el adecuado mantenimiento del clero, que es quien dirige el culto, y 3º) para los pobres lo que quede. "La economía es muy importante. Os lo digo yo que soy fenicio", sugirió con ironía.
El último Consejo al que se refirió, ya poco antes de finalizar la reunión, fue el de Pastoral. Es el Consejo donde el papel de los seglares es más manifiesto. Destacó que no es intrínsecamente necesario pero sí útil, y lo es porque los seglares están en el mundo y lo conocen mejor que los curas. La misión de éstos, sin embargo, no es decir "qué" es lo que hay que hacer, porque para eso estamos los curas que somos los "pastores" y ejercemos el gobierno, sino dar ideas de "cómo" hay que hacerlo, ideas que pueden ser muy útiles a la jerarquía. La lista de los miembros de este Consejo puede estar completada a finales de año.
El nuevo Arzobispo se mostró en todo momento como alguien jovial y al mismo tiempo muy seguro en sus convicciones, con algún ramalazo contra los actuales gobernantes a los que dedicó algún calificativo no especialmente generoso. Daba la impresión de que presentaba una Iglesia como "sociedad perfecta", con claras reminiscencias de otros tiempos. Para él, la Iglesia no está en peligro de nada, puesto que no es como los imperios que llega un momento en que caen, decaen y desaparecen. Así que no hay por qué preocuparse acerca de su futuro. En realidad, tampoco se le presentaron peligros ni problemas, ausentes del todo en la única exposición que hubo, que fue la del Vicario. No quedó tiempo para que el resto de los presentes le pusiéramos al corriente acerca de los problemas pastorales que nos aquejan, de nuestras ilusiones y nuestras dudas. Tampoco el Arzobispo dedicó tiempo para comentar con nosotros las líneas pastorales que se supone que está interesado en subrayar.
A las dos nos invitó a todos en el comedor de la residencia en que nos encontrábamos. Pudimos apreciar que es un fumador convulsivo, encendiendo un cigarrillo con el siguiente a lo largo de toda la comida. Se levantó varias veces, una de ellas para brindar por el Vicario, para que permanezca siempre como tal, y para felicitar los 75 años de uno de los curas presentes. En todo momento dio la impresión de sentirse a gusto y más lo estará, como nos indicó, cuando no tenga que ir todas las semanas de Zaragoza a Murcia y viceversa. Hubo quien comentó por los pasillos que se daba un aire con el Arzobispo Pedro Cantero a propósito de su talante, tan alejado de lo que hemos estado acostumbrados en estos últimos años. Parece que viene dispuesto a coger el toro por los cuernos y a lidiarlo sin más tardanza a partir de la vuelta de vacaciones. Hay que estar preparados, pues.
Pepe Nerín