UN DIOS "RAZONABLE"
(7.9.2005)
"Creo en Dios, pero muy poco", decía hace poco una actriz en una entrevista televisada. Otros ya ni creen en Él. Hasta hace unos años aún se decía: "Creo en Dios, o en Jesucristo, pero no en la Iglesia". Tras poner en cuestión a esta última o rechazarla abiertamente, muchas personas han puesto ya en cuestión a Dios y empiezan a dudar de su misma existencia o la han rechazado ya claramente. El problema va pasando de la Iglesia a Dios. Estamos llegando al núcleo central. El punto clave de la fe, ese Dios núcleo "duro" está siendo discutido, rechazado no ya por bastantes personas sino por grandes masas. Cada vez son menos los que se declaran creyentes y aquéllos para quienes Dios significa algo o tiene influencia en su vida cotidiana.
¿Por qué ocurre esto? Qué duda cabe de que en ello ha influido determinantemente la cuestión del problema del mal. ¿Cómo creer en Dios después de Auschwitz? ¿Cómo creer en su existencia y que aparentemente no hiciera nada para impedir el holocausto? ¿Cómo creer en Él tras las grandes catástrofes de los últimos 70 años que han llevado a la muerte de manera atroz a tantos millones de personas? ¿Dónde estaba Dios cuando el terrible tsunami, cuando lo de las Torres Gemelas, cuando la matanza del 13-M, ahora en la inundación de Nueva Orleáns?
Muchas personas han practicado la oración de petición elevando a Dios sus plegarias para que los librara del mal. Y sus oraciones aparentemente no han sido escuchadas ya que el dolor y la muerte se han apoderado de ellas. ¿Para qué rezar a un Dios que no parece responder a tus peticiones?
También ha influido la cultura dominante en que nos movemos, una cultura que no necesita de Dios ya que los problemas te los puedes resolver de otro modo, recurriendo a la ciencia, por ejemplo. No se necesita rezar a Dios para que llueva puesto que sabemos las causas que la provocan y ya no creemos en los milagros ni en la magia que los acompañaba. Es mejor ponerte en manos del médico que confiar en una peregrinación a Lourdes. Dios se ha vuelto inútil en un mundo en el que la utilidad, el sentido práctico predominan y lo impregnan todo.
Y hemos influido, qué duda cabe también los creyentes. ¿Cómo hablar de Dios en un mundo que está harto de constatar que se ha utilizado tanto su Nombre en vano? Dios ha sido justificación de muchas cosas, amenaza de castigos, incluso opresión de personas. De Él hemos hecho en ocasiones incluso un buen negocio. Nuestras vidas no reflejan en tantas ocasiones el auténtico rostro del Dios a quien decimos que dirigimos nuestra fe.
Si la existencia de Dios es un enigma, su actuación, en caso de que exista, es un misterio. No parece responder a nuestras claves humanas. Pero ¿es válido recurrir a explicaciones que en definitiva llevan a exigirnos que nos fiemos sin más, que Él sabe lo que hace, que nos pongamos en sus manos y basta? ¿Es válido volver a lo de la "fe del carbonero"? ¿No necesita la gente de hoy en día algunas claves más convincentes? O ponemos más en concordancia la fe y la razón, o arrastraremos a la increencia a muchas personas porque no se puede prescindir de la razón. La idea de Dios tiene que ser "razonable", aunque no sea demostrable científicamente.
Hay que encontrar claves humanas a través de las cuales exponer el significado de Dios y la razón de su ser y actuación. Los últimos debates sobre si la evolución sigue un rumbo o es puro azar, sobre si Dios la guía o no hay que utilizar a Dios para explicarla, son un paso más en ese arrinconamiento del Ser Supremo por parte de las explicaciones científicas. Y la postura intelectual de la fe continúa en retirada hacia no se sabe dónde.
Por otra parte, aunque la ciencia no da respuestas para todo ni llega a solucionarlo todo, no podemos contentarnos con que Dios sirva de refugio a los que sustituyen la ciencia por la magia, como se ha hecho siempre, a aquéllos que no han logrado que la ciencia les resuelva su problema., porque estas personas tratan de utilizar a Dios en su provecho igual que trataron de servirse de la ciencia. No podemos entregar el concepto de Dios en manos de la superstición.
Tampoco puede ser Aquél a quien responsabilizamos de todas las catástrofes que se van produciendo. Ésta es una postura fácil para evadir responsabilidades. Cada desastre tiene unas causas muy concretas, muy naturales, muy de este mundo, y también unos responsables directos o indirectos. Pero también es verdad que de esta forma podemos acabar convirtiendo a Dios en un mero espectador de lo que ocurre, lo cual no engrandece precisamente su figura. Si es "Todopoderoso", como rezamos en el Credo, ¿por qué no ejerce su poder, por qué no interviene? No obstante estas preguntas revelan que aplicamos a Dios una idea del poder demasiado humana, no precisamente ennoblecedora sino abusiva.
Ni puede ser el Dios de los que tratan de conservar sus ideas, sus propiedades, sus egoísmos o sus miedos, para imponer su concepción de la vida a los demás. No puede ser el Dios de la guerra ni el de las paces injustas, el defensor de la propiedad privada o el freno a cualquier paso nuevo que da la humanidad o la ciencia.
No nos queda más remedio, una vez más, que recurrir a Jesucristo para constatar que su idea de Dios nada tiene que ver con muchas de sus actuales representaciones. Para Él es su Padre, más aún, su "papaíto", su padre cariñoso y cercano que está siempre ahí: viendo, escuchando y, sobre todo, animando por medio de su Espíritu. Es Aquél a quien se encomienda, es decir, se pone en sus manos sabiendo que está en buenas manos. Es Aquél que revela su ser no a los orgullosos, a los engreídos, sino a los humildes. Es Aquél con quien se siente en contacto permanente, a quien se dirige en todo momento, con quien se une en oración comprometida. Es el que va siempre por delante nuestro esperándonos en el futuro siempre por llegar. Es Aquél que resucita de la muerte.
Esta vivencia de Jesucristo es el modelo. Ojalá sea también nuestra vivencia. Ojalá la sepamos explicar para que se convierta en una vivencia "razonable".
Pepe Nerín