UN OBISPO SE VA Y OTRO VIENE
(De nuestra hoja parroquial, en el día de S. Valero)
Dentro de dieciocho días el Arzobispo Elías cumplirá 75 años y tendrá que presentar obligatoriamente ante el Papa la renuncia a su cargo. Está, pues, en las "últimas", aunque es posible que el Papa le prorrogue su estancia en Zaragoza por algún tiempo, seguramente hasta final de curso, hasta el verano.
¿Quién será el nuevo "San Valero" que asuma la responsabilidad de "pastorear" la Iglesia Diocesana? Hay rumores de todo tipo, desde los que piensan en algún obispo aragonés de los actualmente existentes (Juan José, Alfonso, Antonio) a los que esperan que nos nombren a algún obispo de los que parece que tienen dificultades en su Diócesis, o a quien quieran promover por sus especiales méritos. Como al pueblo no se nos consulta, como sería lo natural y lo que se practicaba en los primeros siglos en los que incluso el pueblo "nombraba" o "elegía" a sus obispos, lo que circulan son rumores. Lo cierto es que nos gustaría que fuese aragonés, pero más nos gustaría que fuera bueno, que se desviviera por su pueblo, que ejerciera en serio la corresponsabilidad y que nos quisiera con todas sus fuerzas visitándonos con frecuencia y comiendo en nuestras casas como un amigo y hermano más.
Que tengas una jubilación feliz, amigo Elías, y bienvenido, seas quien seas, nuevo Arzobispo de Zaragoza y, esperamos, amigo de todos, especialmente de los empobrecidos.
AVISOS
Que el Arzobispo se jubila porque ya es muy mayor y tiene derecho a ello. Que son ya muchos los años que lleva en el cargo y eso agota al más pintado.
Que tras el Arzobispo se jubilarán, se supone, sus más directos colaboradores durante estos últimos 25 años. Y que también tienen derecho a ello, pues ya son muy mayores y tienen que dejar paso a savia nueva.
Que el Papa tiene ya 82 años y apenas se tiene en pie, aunque su mente siga, dicen, tan tenaz como siempre. Y que también, faltaría más, tiene bien ganado su derecho al descanso, porque los Papas también son humanos aunque parezca que nos los santifiquen en vida ("santo padre") y nos los pongan casi más en el cielo que pisando tierra.
Que tenemos que prepararnos para el nuevo Arzobispo y que la mejor preparación es reflexionar muy en serio sobre los graves problemas de nuestro tiempo y de nuestra Iglesia para afrontarlos con decisión y sin ser esclavos de las soluciones que se han ido dando hasta ahora.
Para esta tarea contamos, ¡cómo no!, con la ayuda de San Valero, un buen y santo obispo para tiempos nada fáciles, los de entonces y los de ahora.