VIAJE AL CENTRO DE TU
VIDA
Me dices que no tienes ganas de empezar el curso otra vez, que
estás hasta las trancas de la ESO
y que, justo cuando te estabas acostumbrando al verano, hay que volver al
Centro Escolar y empezar un nuevo curso.
Me dices que los pocos libros que tienes que comprar son caros y
que ya podrían regalarlos todos. Comentas que hay pocas fiestas y que la
física, o las mates, o no se qué asignatura no te mola nada. También dices con
un poco de chulería que, digan lo que digan los profes,
tú llevarás el móvil a clase porque si a tu madre se le ocurre llamarte tiene
todo el derecho del mundo a que su hijo del alma querida esté al otro lado del
teléfono. Me cuentas que no sabes qué compañeros tendrás en tu clase, pero que
esperas no ver en tu aula el careto de aquel tío al que no puedes ver. Repasas
a tus profesores y, aunque no me hablas mal de ellos, me comentas sonriente que
hay alguno que no se entera de nada, que le grabáis con el móvil y colgáis sus
lecciones en un faceboock, o twiter
o como se llame.
Y entre todas esas cosas, que sé que no las acabas de sentir de
verdad y que las dices para impresionarme, me preguntas si tengo ganas yo de
empezar el curso y de ponerme delante de un grupo de alumnos para volver a dar
clase y pelear con los tuyos para enseñar alguna cosa.
Pues mira, déjame que te cuente.
En 1864 Julio Verne escribió una novela de aventuras fantásticas,
una más, que causó un revuelo fenomenal. Se titulaba “Viaje al centro de la Tierra”. En ella contaba
que un científico iluminado reúne a un grupo de aventureros dispuestos
a llegar hasta el mismísimo centro de la tierra. El grupo entra por un volcán
hacia el interior del globo terráqueo, en donde vivirán innumerables
peripecias, incluyendo el asombroso descubrimiento de un mar interior y un
mundo mesozoico completamente enterrado en las profundidades así como la
existencia de iluminación eléctrica.
Al final, el grupo acaba
saliendo por otro volcán distinto del que les había servido para entrar. Vuelven a sus casas y toman conciencia de
que, más importante que el viaje al centro de la tierra, ha sido la experiencia
de amistad y de búsqueda que han vivido en medio de tantas peripecias.
Pues mira, aventurero de la
ESO, creo que un nuevo curso puede ser una aventura al centro
de ti mismo. Porque eso de conocerse a uno mismo no es nada fácil, ¿sabes? La
tarea es chunga y lleva años de experiencia y de esfuerzo. Uno va buscando
descubrirse y descubrir quién es para estar en paz consigo mismo y para ser
feliz.
Porque en el fondo se trata de eso, de aprender a ser feliz. Para
eso sirve la Escuela,
amigo del alma, para enseñar a ser feliz. Y es que ser feliz no es tener de
todo y ser tan guay como los que salen en la tele y venden estilos. Ser feliz
es mucho más. Es estar a bien con uno mismo, reconociendo los límites y las
grandezas y ver cómo tantas y tantas personas han dejado una herencia en la
historia a través de la cultura que nos ayuda a ser más humanos y libres. Ser
feliz es, además, tener la satisfacción de que tu vida esté haciendo más feliz
a otros.
Las ciencias, las mates, la lengua, la informática, la religión,
la filosofía, la historia, los idiomas, la educación física, la plástica y
todas esas cosas que llevas en tu mochila, lejos de ser enemigos a los que
batir, son instrumentos para descubrir el mundo y para descubrirte a ti mismo,
son, créeme, instrumentos para ayudarte a ser feliz. Viajar al centro de tu
vida es más complicado que viajar al centro de la tierra, pero es un viaje
fantástico, necesario. Nadie lo puede hacer por ti.
Así que, venga, agradece la posibilidad de ir a la Escuela. Piensa
que tus profesores quieren lo mejor para ti, piensa que les importas y van a
ser guías en el camino hacia el centro de ti mismo. Piensa que tus compañeros y
compañeras van a caminar contigo en la misma y apasionante misión; les
necesitas y te necesitan. Madrugar, estudiar, investigar, hacer trabajos,
atender, dialogar, leer y esforzarse no es algo de pelotas. Y, aunque te digan
que ser malo es chulo, no te lo creas. Ser malo es un coñazo, lo más aburrido
del mundo. Acabas solo sin que nadie te quiera y siendo el hazmerreír de toda
la peña. Ser buena persona es mucho más divertido, se disfruta y se ríe mucho
más. Se saborea la vida y se celebra el logro conseguido con el esfuerzo. El
pringado es el que se para, el que no quiere esforzarse, el que tira la toalla
creyendo que ya habrá otros que le solucionarán la vida. Ese no llegará a
ningún lado. Andará perdido y zombi sin entender lo que hay alrededor y cualquiera
podrá engañarle.
Así que no te hagas el remolón. Coge la mochila, llénala de tus
cosas y parte hacia la Escuela
a vivir la extraordinaria aventura de un viaje al centro de tu vida. Los
paisajes que descubrirás dentro de ti mismo son mucho más apasionantes y
fantásticos que los que describía el mismísimo Julio
Verne.
Vas a alucinar.
José Antonio Montull
6.9.2010