EDITORIAL
Victimismo
La Iglesia se presenta como
víctima del anticlericalismo para legitimar su integrismo
El País 21/01/2008
La
jerarquía de la Iglesia
católica está propagando la idea de que el rechazo de la religión y el
anticlericalismo se están extendiendo en España por acción del Gobierno. Es una
idea falsa e interesada.
El
abandono de la moral católica ha sido un largo proceso en el que, más que los
gobiernos, han pesado factores como el desarrollo económico o la penetración de
los modos de vida seculares vigentes ya mucho antes en Europa. También el hecho
de que la historia de la
Iglesia esté asociada en España con los episodios más
oscurantistas del pasado, remoto e inmediato: desde la persecución de judíos,
moriscos y conversos hasta el apoyo al franquismo, sin que la jerarquía haya
tomado hasta hoy ninguna distancia. Confundir el desinterés social hacia la fe
con el anticlericalismo es presentar como víctima a la Iglesia, para no reconocer
la responsabilidad de una jerarquía incapaz de reflexionar sobre su mensaje
para atraer y conservar nuevos fieles.
El trato recibido por la Iglesia en España no sólo
no justifica las denuncias de persecución que regularmente repiten algunos
obispos, sino que, antes por el contrario, constituye un motivo de reproche al
Gobierno. El sistema de financiación pactado recientemente por el Estado ha
renunciado al principio de que la
Iglesia católica debe mantenerse por sí misma, consolidando
un privilegio de discutible constitucionalidad y de imposible generalización a
otras confesiones. Por otra parte, las repetidas visitas de miembros del
Ejecutivo al Vaticano durante esta legislatura han sido una deferencia
discutible, que ha podido interpretarse como debilidad. Sobre todo cuando, al
mismo tiempo que tenían lugar, una parte de la jerarquía española se enfrentaba
con el Gobierno recurriendo a medios políticos, no pastorales. O cuando el
propio Gobierno renunciaba a cumplir con algunas de sus promesas electorales,
como la aprobación de una ley de plazos para el aborto o la eutanasia.
La insistencia en airear una
persecución imaginaria no es inocente. Los obispos españoles que están detrás
de esta estrategia pretenden disfrazar como legítima defensa de la fe católica
lo que no es, en realidad, más que una meditada ofensiva, perpetrada desde su
modo ultramontano de entender esta fe, respecto a las relaciones de la Iglesia con el Estado. El
giro doctrinal que está introduciendo el papa Ratzinger
ha dado a los prelados españoles un espaldarazo que, entre otras cosas,
convierte en bizantina la discusión sobre si existen diferencias de posición
entre ellos y la curia romana.
Ratzinger
ha hecho saber que se propone la reconquista católica de los países del sur de
Europa, entre ellos España. Dentro del marco de la libertad religiosa
consagrada por la
Constitución, está en su derecho. Fuera de ese marco, el
proyecto de Ratzinger es una agresiva reformulación
del integrismo, un órdago anacrónico y gratuito del que la Iglesia será la ejecutora,
nunca la víctima.