Padre
Ferdinando Sudati, teólogo y escritor 28.06.09 ![]()
Para mí
el Año sacerdotal se ha clausurado ya a las vísperas de su apertura, cuando fue
dada a conocer
En la
susodicha Carta se retoma un florilegio de citas de la predicación de Juan M.
Vianney, para ofrecerlo a los curas de hoy, con la voluntad hasta demasiado
evidente de volver a la teología y espiritualidad de hace dos siglos, en
lugar de hacer un diagnóstico, aunque sea a grandes rasgos, del estado actual
de los clérigos y ofrecer ayuda para hoy día y el futuro.
Aparte
de una fugaz referencia a "situaciones, nunca bastante deploradas, en las
que
En
realidad el papa emplea palabras más explícitas en la homilía de la liturgia de
apertura del Año sacerdotal: "Nada hace sufrir más
Se ve
claramente el intento de señalar y zaherir a los teólogos que tratan de
traducir su fe en categorías comprensibles al hombre de hoy. Se cree una vez
más tener soluciones pre-confeccionadas - que se traducen
sustancialmente en una vuelta a la tradición, es decir al pasado -, sin el
ánimo y la cordura de afrontar los problemas de raíz.
Oyendo,
en primer lugar, a los interesados: una verdadera escucha, libre y capilar,
de los sacerdotes de todo el mundo. Hoy en día existen instrumentos que
permitirían hacer todo esto en tiempos rápidos y con costes hartos contenidos.
¿Por qué debería el Vaticano decir cómo tienen que ser y cómo tienen que actuar
hoy los presbíteros, apoyándose en el estilo de vida y en las piadosas
sugerencias de un cura de casi hace dos siglos?
He oído
un obispo hacer el panegírico de las palabras del cura de Ars mencionadas por
el Papa en su Carta. Respeto su convicción, pero no puedo hacerla mía. Esas
citas me parecen totalmente inadmisibles, tanto desde el punto de vista
teológico como litúrgico y espiritual, en el contexto de hoy. Por si existen
dudas, voy a transcribir aquí algunas, para que se vea la impresión que pueden
provocar en un cristiano que ha experimentado el proceso conciliar:
“El
Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”.
“¡Oh,
qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece:
pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se
encierra en una pequeña hostia…”
“¡Después
de Dios, el sacerdote lo es todo!”
“Sin el
sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El
sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra… ¿De qué nos
serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta?
El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la
puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes…”
“Todas
las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de
“¡Qué
grande es el amor de nuestro Dios que le lleva incluso a olvidar
voluntariamente el futuro, con tal de perdonarnos!”
“Le diré
cuál es mi receta: doy a los pecadores una penitencia pequeña y el resto lo
hago yo por ellos”.
También
su castidad era la que se pide a un sacerdote para su ministerio. Se
puede decir que era la castidad que conviene a quien debe tocar habitualmente
con sus manos
“Jesucristo,
cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más
precioso que tenía, es decir de su Santa Madre”.
Si
éstos son los patrones del Año sacerdotal, si éste es el sesgo que nuestra
jerarquía ha querido otorgarle, entonces para mí ya está acabado y cerrado. ¡Y
tampoco echaré de menos las indulgencias plenarias anexas! Otra enormidad, en
la que el Vaticano insiste para reconducir