Vuelve la contestación
JOSÉ Bada, El Periódico de Aragón
14/08/2011
Los Curas de Madrid
, los del foro así llamado, se oponen al dispendio que se prevé para el evento
de la Jornada Mundial
de la Juventud
y al peculiar modo de financiarlo mediante una fundación promovida a tales
efectos por el cardenal Rouco bajo el nombre de Madrid Vivo y la
presidencia efectiva --la de honor está reservada como es lógico a su
Eminencia-- de Íñigo Oriol (Iberdrola),
dicha fundación reúne a personalidades como Díaz Ferrán
(CEOE), Emilio Botín (Banco Santander), Francisco González (BBVA),
César Alierta (Telefónica) y Alfonso Coronel
de Palma (COPE). En un documento titulado Los Mecenas de Rouco
denuncian estos curas un pacto de la
Iglesia con los ricos "que refuerza su imagen como
institución privilegiada y cercana al poder", lo que es un escándalo
especialmente grave "en el contexto de la actual crisis económica".
Se recuerda a la Iglesia
que "nadie puede servir a Dios y al dinero", como dijo Jesús. Y a
todo ese Madrid de la fundación de Rouco los valores que proclama sin vergüenza
alguna al dirigir su invitación "a creyentes y no creyentes que compartan
el interés por ampliar los límites de la dignidad humana más allá del
materialismo economicista".
No es el cinismo de unos
lo que me asombra, que ellos van a lo suyo y el negocio es el negocio. Ni el
uso del dinero público, que la política es la política y, por los mismas
razones que van a misa, todos los gobiernos subvencionan otros eventos menos
lucrativos sin que nadie se rasgue las vestiduras. Lo que me saca de quicio
--aunque tampoco me asombra-- son las tragaderas de los otros. Pase que en la Iglesia, que no es el
Reino de Dios, haya santos y pecadores; pero que se arrepientan, ¡demonios!, y
no se les absuelva si antes no se confiesan con dolor de sus pecados, propósito
de la enmienda y compromiso de cumplir la penitencia --y en su caso, bajo
control, como piden que se haga con los concejales de Bildu
en la política-- y mientras tanto que los presuntos no presuman ni se reciba de
ellos un céntimo de limosna: con su pan se lo coman, no con el pan eucarístico.
Fuera, es una cuestión de dignidad en la Iglesia de Cristo.
¿Saben ustedes que
durante siglos se condenaba la usura y no se admitía la ofrenda de los usureros
públicos en misa? Pues eso, los tiempos han cambiado. Tanto que hace ya
demasiado tiempo, inmemorial, que nadie se extraña al ver que los ricos y los
banqueros, claro, se sientan en los primeros bancos de las iglesias para participar
en solemnidades que todavía molan. Los obispos lo celebran, muchos fieles lo
toleran y solo algunos lo contestan. Eso es lo que más cabrea. Y lo único que
nos alienta, lo que edifica todavía por la base y nos renueva, es ver el cabreo
de la juventud y la contestación que vuelve. Y más que las palabras, los
hechos. Que obras son amores, y donde haya ortopraxis
que se quite la ortodoxia.
No quisiera equivocarme
si les digo que en la Iglesia
de base hay aún mucha fuerza moral. Y ojalá me
equivoque cuando veo que en la otra, en la cúpula de la institución, es oro
todo lo que reluce: ya se trate del patrimonio histórico artístico, de la
cultura cristiana o del turismo religioso. Pero lo que no tiene precio y vale
más aunque no se cotice, es la fe de los que siguen a Jesús con papeles o sin
papeles que acrediten que son cristianos con denominación de origen. El óbolo
de la viuda del Evangelio, amigos, vale más que el "óbolo de San
Pedro" que se recauda para el Papa. Y la colecta, la ofrenda en cualquier
iglesia de barrio infinitamente más que el dinero sucio que acepta la Iglesia venga de donde
venga. Lo que es un motivo suficiente para la contestación.
En el Manifiesto del
Mayo Francés del 68, los estudiantes proclamaban que la Universidad debe ser
el centro de contestación permanente de la sociedad. Esa palabra, en ese
contexto, adquirió una carga emocional y un significado bien preciso: contestar
será en adelante denunciar el autoritarismo y la incoherencia de quienes
representan una institución, argumentando solo con la palabra contra los hechos
y apelando a los mismos principios que ellos oficialmente proclaman. Después
del Vaticano II, en aquella situación propicia, surgió el movimiento de los curas
contestatarios. Al referirnos hoy a los Curas de Madrid podríamos
llamarlos indignados, para que me entiendan los contestatarios de ogaño
que denuncian lo que "llaman democracia y no lo es". Pero no hace
falta, que los nietos siempre se han entendido con sus abuelos y de aquellos
brotes --si no de aquellos curas contestatarios, aunque también-- vienen los
retoños de la última primavera. Filósofo